Xalapa, Ver. 19de Abril2018
 
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ENTRE PARÉNTESIS / David Martín Del Campo
COMED TODOS DE ÉL
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Actualizado: 2018-04-10 A+  a-
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Tres son las maneras que tienen los mamíferos para sobrevivir; están los herbívoros, los carnívoros y en medio nosotros, los omnívoros, que lo mismo le entramos al huauxontle que a los tacos de suadero. Comemos de todo y así ha sido desde que inventamos la agricultura y optamos, finalmente, por el sedentarismo.

La semana pasada fue aprehendido Luis Alfredo González, acusado de matar y comerse al finquero (no se ha proporcionado su nombre) que administraba una parcela en las afueras de Barlovento, Venezuela. Luego de la confesión y las indagatorias del caso, la policía ha decidido llamarlo “el artista antropófago”, porque al buen caníbal, encima, se le dan las artes plásticas.

La información, aparecida en las páginas del diario El País, nos previene que el caso corresponde a una persona de evidentes trastornos mentales y posiblemente sirva para esclarecer la cadena de una serie crímenes seriales. Ya lo sabremos.

Eso de comerse al prójimo aflora una y otra vez. Al bebé asomando en la cuna se lo decimos, “te quiero comer”, a la pretendida novia también, “estás para comerte viva”, y al enemigo de toda la vida, lo mismo, “es que no lo trago”. ¿Comerse o no comerse al otro?, uno de los dilemas del hombre en civilización.

Algunos antropólogos cifran en la afición carnívora el rápido desarrollo de nuestras capacidades. Aseguran que durante un buen rato fuimos carroñeros, disputando con los buitres el sustento, de modo que al devorar la médula de los huesos tuvimos suficiente fósforo para el despliegue cerebral del que hoy nos preciamos. Luego, al inventar las primeras armas, dejamos la carroñería para ir en pos de la carne fresca. Y aquí estamos.

Por ello requerimos (contra la opinión de los veganos) de la carne como alimento esencial que nos aporta más directamente las proteínas que nos dan sustento. Y en esa búsqueda sanguinaria, según algunos vestigios, ha habido los que optan por comerse al prójimo. Recuérdense aquellas caricaturas de antaño donde los negritos cocinaban en la olla al despistado explorador. Imagen que hoy, con la corrección política, es del todo anacrónica.

La novela de Fannie Flag, “Tomates verdes fritos”, la de Cormac McCarthy, “En la carretera”, incluso de serie televisiva “The walking dead” hablan todas de eso: el regodeo antropofágico que asoma a la menor provocación. Y sin ir más lejos, ¿qué afirman los sacerdotes en el altar a la hora de la consagración?, “tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo…”

Pensemos un poco en la esencia de nuestra clase –los mamíferos– que se diferencia precisamente por nutrirse a partir de sus madres, o ¿no es el verbo que nos distingue de los otros vertebrados, mamar, una manera un tanto peculiar de “comernos” a nuestra madre? No se incomoden, así ha sido desde los tiempos primigenios, sólo que ahora la función se la endosamos a las felices vacas del tetrapack.

En su primer viaje a estas tierras Cristóbal Colón observó algo que apuntó en sus cartas. Los naturales de acá, decía, que se hacen llamar “caribes” o “caníbales” (la descripción es confusa) mostraban trazas de practicar la antropofagia, de modo que de ahí proviene el sustantivo. Caníbal es el que se come al otro… y en políticos en campaña devorar al enemigo, asimilarlo, robustecernos con su sangre y sus iniciativas.

El ritual más sublime, quizá, fue el ocurrido en aquel famoso accidente ocurrido en 1972 cuando un avión de la fuerza aérea uruguaya se estrelló en la cordillera limítrofe entre Argentina y Chile, dando lugar a los famosos “sobrevivientes de los Andes”. Los deportistas que lograron subsistir, en aquel medio inhóspito, fue alimentándose de los 27 cadáveres de sus compañeros.

Así que no nos sorprendamos demasiado con este excéntrico Luis Alfredo, que usó la sangre de su víctima para pintar un par de lienzos, digamos de inspiración estrambótica, ya que la pulsión que llevamos bajo la piel asoma con demasiada facilidad. Sobre todo en tiempos electorales, y las mordidas y las mordeduras están a orden del día. Cuídense.


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