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PROSPECTIVA / Jaime Ríos Otero
Los veracruzanos enloquecieron
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Actualizado: 2015-06-23 A+  a-
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El mensaje del gobernador Javier Duarte de Ochoa de este lunes viene, por fin, a poner un alto a tanta rumorología e infamias que se han vertido por todos lados para dañar la imagen de su gobierno. El ejecutivo tuvo que tomar al toro por las astas y propinar varios mentises rotundos a tanta barbaridad que circula por los cafés, las plazas, las calles, las redes sociales y las propias oficinas de gobierno.
Explicó el gobernador que, desde abril, el gobierno que encabeza fue objeto de toda clase de ataques. Los malquerientes hablaron de denuncias presuntamente presentadas por la Auditoría Superior de la Federación contra funcionarios y ex funcionarios del régimen duartista, se les achacaron delitos de peculado, sustracción de recursos, uso indebido para financiar campañas, impunidad y se ventilaron otras infamias que involucraban a probos servidores de los veracruzanos, qué digo servidores ¡sirvientes!
En el colmo de la desvergüenza, personajes siniestros enderezaron ataques mediáticos para generar ventajas a favor de algunas corrientes políticas y en específico de alguna candidatura, y hasta se puntualizaba de manera cínica y falaz que los recursos supuestamente desviados provenían de instrumentos como el Fondo de Educación Básica y Normal y de la Secretaría de Salud.
Para fortuna de los gobernados jarochos todo eso fue falso. La colaborativa y amigable PGR turnó las averiguaciones previas a la Fiscalía General del Estado para que, dada su confiabilidad, imparcialidad y ética, ésta le aportara elementos de convicción. Ahí quedó demostrado que los recursos del FAEB fueron escrupulosamente aplicados, lo mismo que los del Seguro Popular, y que por tanto, ni hay delitos que perseguir, ni hay órdenes de aprehensión, ni hay raterías de ningún tipo.
Bueno, hay que reconocer algo. En realidad sí hubo errores. Estos consistieron en que funcionarios estatales, lo que no hicieron fue presentar o enviar a la Federación los comprobantes de todos los dineros satisfactoriamente aplicados en beneficio del pueblo. Ahí estuvo el error. Coloquialmente digamos que “les ganó la güevonería” y en vez de quedarse algún fin de semana a acomodar los paquetes de comprobación y llevarlos el lunes a la estafeta, prefirieron omitirlo e irse a la playa, quizá pensando que el gobernador no se daría cuenta de su pequeña travesura.
Por fortuna hubo cambio de contralor y éste detectó de inmediato dónde estaba el desatino, claro, previa creación de una Dirección General que se encargó de clarificar todo lo relacionado con los fondos federales.
Pero bueno, lo importante es que la situación está bien en el Estado, que la cosa va a quedar sólo en algunos procedimientos administrativos a cuatro funcionarios o ex funcionarios estatales, responsables de haber provocado que el mandatario y su equipo se soplaran dos o tres meses de agresiones, insultos, descalificaciones e injustificadas adjudicaciones de delitos inexistentes y soflameros.
Es decir, la temática ha quedado en puro mitote, y en realidad no deberíamos ser tan duros con los omisos (algún día, cuando nuestras mamás nos enviaban a mandados, todos nos distrajimos o nos fuimos un rato de pinta; o trajimos cilantro en vez de apio –Héctor Esaú Santorino-).
Es más, propongo que, para abreviar este asunto, debería dejarse a esos funcionarios holgazanes sin postre toda la semana para que escarmienten.
Y ya, con esto, que cesen también sus quejas los mitoteros viejitos del IPE que aseguran no recibir sus pensiones; los constructores, que dicen tener años cobrando la obra que han financiado; los músicos que a cada rato hacen baile en la Plaza Lerdo-Regina exigiendo pagos de campañas; los agricultores y ganaderos, que inventan no recibir apoyos; los enfermos de cáncer o de cualquier enfermedad, que sólo se quejan para llamar la atención; los profesores que se hacen llamar estafados con Intermercado; los magistrados, que andan pidiendo salas de juicios orales, y todos los demás, gente conflictiva a la que alguien tiene que poner en paz.
Y ya de paso, los periodistas, que son los peores, y que toman de pretexto 13 fallecimientos de colegas, que en realidad murieron de muerte natural.
Basta ya.

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