Xalapa, Ver. 22de Agosto2017
 
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CRÓNICA DE LA CRÓNICA / Roberto Fuentes Vivar
¡¡Hueso!!
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Actualizado: 2017-03-07 A+  a-
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David Martín del Campo llegó tarde. Con los ojos rojos y la nariz mocosa. La lluvia lo sorprendió saliendo del metro. Ya Óscar Palacios había hablado de la crónica como un género periodístico-literario, en un salón Filomeno Mata (del Palacio de Minería, en la 38 Edición de la Feria Internacional del Libro), repleto de fantasmas.
¿Cómo hacer una crónica de la crónica? Ese género olvidado en los medios, vilipendiado, crucificado, sometido, rebelde, crónico, satírico, coloreado, arrinconado en páginas interiores, salvado a veces por palabras exigentes. Ninguneado, pues, por quienes toman las decisiones mediáticas.
Es el viernes tres de marzo de 2017 y afuera del Palacio de Minería llueve. Afuera del salón Filomeno Mata el periodismo es el sujeto, el verbo y el complemento, mientras se abre la puerta del aula. Armando Rojas Arévalo –de las huestes chiapanecas que homenajean a Marco Aurelio Carballo y del gremio periodístico que se rinde homenaje a sí mismo a través del autor de Crónicas Súbitas- comenta que Carlos Ferreyra estuvo en sus clase de la Facultad de Ciencias Políticas hace unos días. Su mano derecha termina en un azul cielo de la portada de su libro La Condesa de Livaldi. Judith Álamo habla de la trascendencia de la publicación que subió a Facebook Carlos Ferreyra sobre el “chayote”, ese ser mítico, pero real que circulaba por las salas de prensa o por la entrada de los baños. El notario Pensamiento, de Chiapas, nada más escucha, mientras que Paty Zama arroja a todos saludos de Feldespato recargado.
Abren las puertas y encontramos lugar. ¿En dónde? “Aquí porque si no, no escucho. Ya soy sordo”. Llega Chalo Álvarez del Villar, con su sonrisa eterna y su solidaridad unomasunesca para quien fue durante la fundación, el jefe de información de UnomásUno, MCA, nada menos que el autor de libro póstumo de crónicas que se presenta
Hay presentaciones y currículos. David Martín del Campo, como si tuviera las rojas carreteras en la nariz que le escurre, saca sus cuartillas y comienza a leer la crónica de la crónica. ¡Qué buena crónica!, dice Roberto Vizcaino.
-Hueso-, grita David Martín del Campo, como parte de la lectura de su texto de presentación del libro “Crónicas Súbitas”, de Marco Aurelio Carballo.
Su voz suena a la de MAC, cuando hace 40 años (noviembre de 1977) hacía latir los escritorios de Miguel Ángel 94, de un piso del cual quiero acordarme pero no puedo.
-Hueso- gritaba MAC e inmediatamente salía un joven a su vista.
-Hueso- era la palabra que estaba destinada a los auxiliares de redacción para que acudieran a recoger una nota terminada por los reporteros, o una nota corregida por los correctores, o una nota para rehacerse, según el criterio de los secretarios de redacción.
-Hueso- fue una palabra que nunca pude gritar, porque la sentía despectiva. Prefería pararme y llevar directamente las cuartillas al jefe de información, a MAC, cuya voz gritando “Hueso” se escucha en el salón Filomeno Mata del Palacio de Minería en la noche del viernes húmedo tres de marzo de 2017.
Miró al estrado y ahí está MAC esbozando una sonrisa. Miro a mi lado y está un fantasma, quizá el de René Arteaga (con su frase lapidaria a flor de labio). O el Óscar Hinojosa (con su sempiterna bonhomía), O el de Hugo L. Del Río (con su lenta parsimonia que pareció inocencia), O el de Fausto Fernández Ponte (con su capacidad de síntesis periodística). O el de Arnulfo Uzeta (con su mano abierta). O el de Toño Andrade (a quien, según el libro, Don Julio Scherer confundió algún día con MAC).
Quizá el asiento junto a mí es tan grande que no existe y por eso está sentado ahí Don Julio (tantas veces mencionado en la crónicas que recuerdo aquel abrazo que nos dimos cuando salió de Excélsior Regino Díaz Redondo), o Manuel Becerra Acosta (que estaría haciendo un Bajo la Rueda de la ocasión), o Don José Pagés Llergo (con su herencia que resuena), o Vicente Leñero (¿Por qué te has alejado de la literatura? me preguntó la última vez que lo vi). Quizá también esté la ranita Freyre haciendo una caricatura o Abel Quezada, retratando a un periodista. A lo mejor el asiento está reservado para Luis Spota que se relaja haciendo periodismo cuando no crea literatura.
-Hueso- grita David, pero no hay nadie que vaya por las cuartillas que ya terminó y que se van quedar inéditas, sólo escuchadas por los que estamos en el pequeño salón Filomeno Mata y no son otra cosa, sino una crónica de la crónica.
Se habla de un libro que recrea muchos nombres, los cuales rondan como fantasmas en el aula: tres premios de literatura: Nobel José Saramago, Gabriel García Márquez y Octavio Paz. De Carlos Fuentes. De Sergio Pitol. De Monsi. De Juan Rulfo. De Sergio Galindo. De escritores que sangraron como Elena Garro. De algunos que ya se fueron como Laco Zepeda, Rafael Ramírez Heredia, René Avilés Fabila, la China Mendoza o Emanuel Carballo. De otros más como Hernán Lara Zavala, Manolo, Edmundo, Gerardo De la Torre. Muchos escritores fantasmas en las páginas del libro: Hemingway, Pio Baroja, Nabokov. Un libro de literatura que menciona a Sealtiel, a Joaquín Díez Canedo,
Un libro de periodismo que llena de anécdotas las páginas. Vivencias con Fernando Macías (cuando Woody Allen le dijo Quiubo), con Abelardo Martín (un viaje literario en tren), con Rafael Cardona (tantas veces, compadre), con Froylán López Narvaez (aquel Bar León que se parecía al África, que frecuentábamos con MAC en aquellos momentos fundacionales del UnomásUno), con Miguel Reyes Razo (su risa), con Gutiérrez Vivó, con Sergio Von Nowafen, con Mario Santoscoy, con Chava-Chava, con Humberto Musacchio, con Hermann Belinhausen. Con foto-reporteros como el gran Armando Salgado y Joaquín Álvarez.
-Hueso-, grita David Martín del Campo oliendo a feldespato del calor del metro y el frío de la lluvia. Se escapan algunas sonrisas entre nerviosas y nostálgicas, por esa palabra de añejas condiciones. Casi nadie viste traje. Sólo Gilberto Meza (compañero de aventuras fundacionales de UnomásUno y La Jornada) y los asistentes de Fernando Macías (compañeros de algunas farras de hoy). Yo no traje traje.
Es un libro de periodismo y literatura y de amor, en donde la Petunia del Feldespato está presente siempre de los siempres.
¿Por qué nunca pude gritar ¡Hueso!?
No lo sé.
-Buena crónica, le digo a David repitiendo las palabras de mi tocayo Vizcaíno.
-¿Cuál de las dos?- me pregunta.
-La segunda, le digo. La primera fue sólo de una gripa incipiente. La segunda fue la crónica de la crónica.
Total ¿Para qué escribir crónica si es un género ninguneado? No lo sé, lo único cierto es que nunca pude gritar, como lo hacía MAC:
-¡¡Hueso!!
Perdí la oportunidad, ya no hay huesos en las redacciones. Es más, ya no hay redacciones.


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