Bernardo Gutiérrez Parra
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Hasta los más viejos de la comarca aseguran que hacía años, pero años, que no se celebraran unas fiestas de Todos Santos como las de este 2021 en Xalapa. Dicen y dicen bien, que la celebración había caído en la monotonía y la pandemia estuvo en un tris de sepultarla.
El año anterior estos días fueron de a tiro lúgubres porque (aparte de que el coronavirus caía como aguacero) se cerraron los cementerios y los vendedores de flores regresaron a sus comunidades sin haber vendido su producto. Si hubo desfile de catrinas pocos se asomaron a verlo. Los altares carecieron del colorido de otros tiempos y aquello estuvo más triste que un sepelio.
Pero este año los cementerios volvieron a la vida, válgase la expresión. Miles de personas los atiborraron para limpiar tumbas y llevar flores, música y comida a sus difuntos.
Los altares volvieron a lucir su enigmática magia en los hogares, edificios públicos, parques y explanadas. Las catrinas volvieron a pasear su donaire por las calles xalapeñas y las catrinas monumentales fueron noticia que traspasó nuestras fronteras.
Aunque no faltó la piedrita en el arroz.
A las autoridades municipales se les olvidó poner a punto el antiguo cementerio de Xalapa, ubicado en la esquina de 5 de febrero y 20 de noviembre, a poco más de un kilómetro en línea recta del centro de la ciudad.
Nombrado Monumento Histórico por Miguel de la Madrid el 11 de diciembre de 1988 y lugar donde descansan entre otros personajes el maestro Enrique C. Rébsamen, los ex gobernadores Juan de la Luz Enríquez y Sebastián Camacho (que lo inauguró en 1831), además de doña Luz Barrios de Rodríguez, que a mediados del siglo XIX construyó la Iglesia de la Piedad, al antiguo cementerio lo tiraron al olvido.
La barda que da a 20 de noviembre fue encalada al trancazo, se dibujaron alegorías propias de estas festividades y eso fue todo. Pero faltó cortar el pasto, detalle que evidentemente pasó por alto la regiduría encargada de esos menesteres. El cementerio está lleno yerba, monte y abrojo; luce abandonado y descuidado cuando antes de la 4T recibía visitas guiadas.
Conociendo la pichicatería y desidia del alcalde Hipólito Rodríguez que es incapaz de contratar unos buenos jornaleros, es ahí donde debería entrar la Brigada Estatal de Chapeadores encabezada por el gobernador Cuitláhuac García y el secretario de Gobierno, Eric Cisneros, que han chapeado terrenos baldíos hasta en el puerto de Veracruz.
Digo, si es para lo único que sirven, por qué no pedirles de favor que hagan gala del arte de mover el machete y la podadora para que dejen ese cementerio como Dios manda.
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