Omar Zúñiga
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La semana pasada, el 1 de octubre en Centla, Tabasco, se desplomó un helicóptero de la Secretaría de Marina. El saldo fue de tres marinos muertos y dos más resultaron con lesiones.
Los accidentes en las máquinas son normales, pues son eso: máquinas, son falibles y mucho más porque son operadas por humanos, instruidos ciertamente con disciplina militar, con otros estándares, con parámetros mucho más rigurosos, pero al final seres humanos y por añadidura: falibles.
En todos los sexenios se han registrado accidentes de aeronaves en la Secretaría Marina, sin embargo con el del sábado, suman nueve en lo que va de este sexenio, que ha sido controvertido per sé, y con esto se convierte en el sexenio con más accidentes de helicópteros y aeronaves de Marina accidentados.
El registro completo de datos obtenidos De Primera Mano es el siguiente:
Los números no mienten (quien miente es otro), y nos dicen que de estos nueve accidentes, cinco han ocurridos este año, es decir, más del 50 por ciento y el que más causó sospechosismo, fue el ocurrido el 15 de julio en Los Mochis; por tratarse de un Black Hawk (lo recordará en la película Black Hawk Down, en la guerra de Somalia), pues es una aeronave de guerra con tecnología suficiente que lo hacen “casi” infalible y también por que fue uno de los que participó en el operativo de aprehensión (o reaprehensión) del capo Rafael Caro Quintero y finalmente por el número de muertos: 14 personas.
Mal por todos lados.
Recibí una explicación de autoridades competentes, que revela que estos accidentes son multifactoriales, pero quizá el más importante es el factor humano y se explica tan simple como la falta de personal capacitado.
Así es, las teorías conspiracionistas se van por tierra con esta explicación, pues resulta que cuando la Marina recibe más encomiendas (puertos, aeropuertos, por ejemplo), a esos puestos administrativos de mando envían al personal más capacitado, con más experiencia, pues el Presidente necesita resultados, con lo que dejan al personal operativo, al de campo, con menos experiencia, en vuelo en este caso, con la consecuente falta de criterio al recibir una orden directa de su superior inmediato y aunado a ello, la falta de presupuesto y de personal, pues –como es del dominio público- todo el dinero federal ha ido a parar al Ejército y a la Guardia Nacional.
Es decir, las tareas aumentan exponencialmente y el personal sigue siendo el mismo.
En el caso específico del Black Hawk del 15 de julio en Los Mochis, el piloto se retrasó y ya era el último en regresar; los comandantes nerviosos exigían que llegara a su puesto de mando y el piloto se encontró en la disyuntiva de descender a repostar combustible con el riesgo de encontrarse con “hostilidades” y además ser reprendido, o seguir su vuelo, confiando en sus cálculos; el resultado ya lo conocemos.
En todos lados se cuecen habas, pero en estos niveles, estas decisiones, malas decisiones, cuestan vidas.
Los hechos ahí están. Solidaridad con ellos, que al final ofrendan su vida por la patria y no tienen ni el reconocimiento ni el respaldo. Uuuufff.
¡Qué barbaridad!
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