Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Este maldito y desgraciado reino que nos ha tocado sufrir y soportar, cada día nos da muestras de sus principios estructurales y fundacionales, que lo conforman, y no tienen ningún pudor en disimular, pues su gallardía quijotesca les hace ser prepotentes.
Y esa prepotencia hace siglos que la soportamos, y sus cimientos sangrientos y de violencia extrema fueron tanto la guerra de aniquilación y conquista de 1714, por parte del primer rey Borbón, Felipe V, como la incivil guerra del asesino Franco, avalador, después, de la restauración borbónica en la triste figura de Juan Carlos I, padre del actual Felipe VI ‘el preparaO’; y, como es sabido, Catalunya fue de las últimas zonas que defendieron el gobierno legal republicano, y eso nos lo siguen haciendo pagar los insurrectos y traidores vencedores.
Y así seguimos, con ejemplos a diario de muestras de vileza, corrupción en todos los ámbitos (judicial, policial, militar, político, mediático, económico, etc.), e intento de genocidio cultural, en especial de la lengua catalana, etc.
Según una anécdota no contrastada, Juan Carlos I, en una consulta con el doctor en urología, Antoni Puigvert Gorro (1905 – 1990), le comentó que estaba pensando en el nombre de su hijo, si era varón, y el doctor, según se dice, le comentó que cualquier nombre estaría bien, excepto el de Felipe, por el mal recuerdo de su antecesor de ese nombre. No sé si es verídica esa anécdota, pero muestra perfectamente la chulería y prepotencia de los monarcas, ¿sino qué otro argumento tenía el rey para poner a su hijo ese nombre, que no se había utilizado desde entonces?
Ayer se hizo viral un vídeo de una enfermera descerebrada, que ya comenté en mi escrito; y eso no es más que una nueva muestra de la prepotencia de los españoles, ‘muy españoles’ (como dijo el infumable M. Rajoy). Ese vídeo, a pesar de los agravios por mostrar una nula empatía, refleja la incultura voluntaria, el desprecio a todo lo que entienden que rompe su pretendida homogeneidad, su ‘café para todos’ de Adolfo Suárez (1932 – 2014).
Y claro, siempre salen los talibanes de turno, defendiendo a su ‘heroína’, la descerebrada, que ahora dice ‘que teme salir a la calle y ser agredida’; demostrando su mala fe e ignorancia una vez más, pues somos un pueblo pacífico, como es sabido. Y este ‘conflicto’ es gasolina pura para los pirómanos del PP, Ciudadanos y Vox, especialmente ahora que estamos ya en precampaña electoral para las elecciones municipales del próximo mes de mayo.
Efectivamente y como es lógico, en contraposición, en las redes y medios también ha habido múltiples reacciones en contra del vídeo de esa enfermera.
Todos sabemos que en el funcionariado hay muchos castellanoparlantes, especialmente en la judicatura, en la policía, etc.; y hemos tenido infinidad de ejemplos de respuestas ‘en español (nunca lo llaman castellano, como establece el artículo 3 de su constitución), que somos españoles’, ‘¿qué pone en tu DNI?’, y otras ‘lindezas’, en línea con el ‘habla en cristiano’ de la época franquista.
Y en parte, es debido a esa nefasta constitución, ya que en el citado artículo 3.1, dice: ‘el castellano es la lengua española oficial del estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla’; mientras que, respecto a las otras lenguas, en los puntos 3.2 dice: ‘las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas, de acuerdo con sus estatutos. Y en el 3.3: la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.
Es decir, las otras lenguas, como el catalán, el gallego y el euskera, son ‘modalidades lingüísticas’, ‘patrimonio cultural’, ‘objeto de respeto y protección’, pero sin el deber de conocerlas. Y mientras no se cambie este articulado, que no se cambiará nunca, pues en estas últimas décadas estamos en plena involución, no habrá nada que hacer.
Y claro, el ejemplo de esta enfermera es uno más, pues lo hemos visto en los juzgados y también en policías de todo tipo: nacionales, guardias civiles y, más penoso e inconcebible todavía, en policías municipales y ‘mossos d’esquadra’ (la policía autonómica catalana). Hemos conocido casos, como el reciente de un funcionario mallorquín que pudo grabar la conversación, mostrando que la chulería y prepotencia siempre se manifiestan. Y, si ellos quieren y la denuncia va a los juzgados, su ‘palabra es ley’, vergonzantemente; otra prueba palmaria de que no todos somos iguales ante esa su maldita ley constitucional.
Todo eso son muestras que siembran y abonan la putrefacción del reino, pues estos días seguimos con casos de corrupción, como el caso ‘Mediador’ del PSOE, el trapicheo entre el ministerio de interior del exministro Jorge Fernández Díaz (PP) y el poder judicial para atacar a los independentistas y, también, tapar sus propias corrupciones por el caso ‘Kitchen’ del PP; pero todo es igual, pues ayer, después de hacerse públicas las conversaciones con el poder judicial, para conocer información secreta, el infame M. Rajoy se atrevió a telefonear a su exministro y amigo, interesándose por su estado de ánimo. Igual que hizo, en su momento, con su tesorero Luis Bárcenas, diciéndole ‘ánimo, Luís, sé fuerte’.
Efectivamente, no hay un palmo limpio en el estado español. Y no soy ingenuo, sé que, en todos los estados, en todos los gobiernos, en todos los poderes, hay puntos negros, lados oscuros. Y en el gobierno catalán, también. Pero quiero creer que el nivel de democracia de la mayoría de países occidentales, pone más cortapisas y controles y, claro, evidentemente, la base cultural, de cultura democrática, también es superior. Por eso, fuera de España, el verbo ‘dimitir’ no se refiere a un nombre ruso, como se entiende por este reino a modo de chiste.
En definitiva, que este maldito reino impuesto, no hay por donde cogerlo; y, por eso, es inconcebible que Pedro Sánchez vaya paseándose por el mundo poniendo este estado como modélico, y él claro, como el salvador de la galaxia.
Por todo esto, me parece muy apropiado recordar las ideas del filósofo Jacques Derrida (1930 – 2004), que desarrolló la escuela de pensamiento del ‘desconstruccionismo’, que se fundamenta en la desconstrucción de las ideas previas.
Y nosotros, los catalanes, tenemos que ‘desconstruir’ todo lo que nos han impuesto durante tantos años, y basarnos, exclusivamente, en los elementos observables y constatables. Estamos muy cansados de falsas historias de España, tergiversando los hechos objetivos contrastados por todos los historiadores de prestigio reconocido.
Queremos desprendernos de sus Reyes Católicos, de su Cid Campeador, etc., siempre manipulados, pues no reconocen que Isabel y Fernando fueron reyes absolutistas y conquistadores movidos por la avaricia; y que Rodrigo Díaz de Vivar (1048 – 1099), no dejó de ser un noble castellano mercenario, que según el ‘Cantar del Mío Cid’ (anónimo del año 1200 aprox.), dijo ‘Dios, que buen vasallo, si tuviese buen señor’, tras tener la osadía de hacer jurar al rey Alfonso VI, antes de servirle como nuevo monarca de Castilla, que no había tenido nada que ver con el asesinato de su hermano Sancho II de Castilla (ese es la esencia castellana, la conspiración y la traición sin freno); por lo que fue desterrado, y se puso al servicio de reyes musulmanes.
Y, claro, ni que decir que queremos quitarnos todos los vestigios franquistas, de todos los poderes estatales. Y el rey Felipe VI es su cabecilla cabecilla, hijo de Juan Carlos I ‘investido e impuesto’ por Franco.
Sólo independizándonos podremos salir del desconcierto que nos comporta el reino español; un desconcierto que, según la primera acepción del diccionario de la RAE, también hace referencia ‘a la descomposición de las partes de un cuerpo o de una máquina’, es decir, de todos los poderes que componen y sustentan dicho reino.
Por todo eso, sólo tenemos un camino, independizarnos, por las buenas (acordado) o por las menos buenas (forzando el acuerdo mediante presiones pacíficas en las calles)
En caso contrario, si preferimos quedarnos en el sofá de casa, hasta esperar una nueva situación mágica como la del 2017, seguiremos en el estado español por los siglos de los siglos. Y si los habitantes de la provincia de Lleida dicen que sólo tienen dos estaciones ‘el infierno y el invierno’, con España sólo tenemos y tendremos el infierno.
Y no podemos contentarnos ni ‘conllevar’ esa situación de dependencia y subordinación, debemos hacer como el prisionero del cuento ‘El pozo y el péndulo’ (1842), de Edgar Allan Poe (1809 – 1849). En esta narración, el prisionero está en una oscura celda de la Inquisición española, donde hay un péndulo con una guadaña, que va acercándose cada vez más, hasta que al final lo descuartice. Como está atado e inmóvil, no puede acceder al pozo de agua que está al centro. Tras muchas elucubraciones, utiliza un trozo de su carne, para atraer a las ratas, y que le roan también las cuerdas. Pero, entonces, la celda empieza a elevar su temperatura y, cuando parece que va a morir, le salva el general francés Lassalle, de las tropas napoleónicas.
Pero, claro, nosotros todavía lo tenemos peor, ya que no tenemos a ningún Lassalle que nos salve, pues el gobierno francés está totalmente alineado con la UE, y es uno de los principales y más influyentes socios de ese club de negociantes, que sólo sirve para defenderse entre ellos y defender sus negocios.
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