Así el escenario, observamos dos corrientes diametralmente opuestas: la de Morena, empeñada en su propósito reformador, y el FAM esforzándose por detener esa vorágine de cambios que considera desaforados y sin destino asegurado para la población mexicana. En medio de esas fuerzas se localiza Movimiento Ciudadano, que se muestra ajeno a esa disputa, centrado principalmente en su objetivo, que no es otro sino aumentar su número de diputados para situarse como el gozne de las negociaciones, porque evidentemente está lejos de ser competitivo para ganar la presidencia; esta última condición también impulsa a engrosar sus filas en el Congreso. Por otro lado, el relevo de pruebas relativo a su participación como esquirol electoral lo demuestra su insuficiencia en candidato presidencial con arrastre ciudadano, ni modo que Samuel García (“que sabe ganar elecciones”, como sarcásticamente expresó Enrique Alfaro), consiga la atención de quienes militan en Morena y partidos adscritos, o de priistas y panistas, ni que decir perredistas. Con estas circunstancias de sustento es factible deducir que el pragmatismo político de la dirigencia de MC nada tiene que ver con el destino inmediato del país, lo suyo es posicionarse como fuerza política en el Congreso federal. Ser “fuerza disruptiva”, eso dicen.
_________________________