Jesús J. Castañeda Nevárez
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Al síndrome del “castillo de naipes” se le conoce como “la suma de decisiones políticas, económicas o administrativas, tomadas, sin base científica y sin criterio técnico, orientadas desde la perspectiva comunicacional, con la finalidad de presentar algo de modo majestuoso para sorprender a terceros”.
Aunque de modo literal se refiera a la construcción de un castillo de naipes, acomodando las cartas sobre sus bordes en forma triangular hasta conseguir una figura bonita, simétrica, ordenada y con ello lograr impresionar a quienes la observan. Pero, al ser una figura delicada y frágil, de forma lógica y razonable, el constructor sabe que esa pirámide no es eterna y más pronto que tarde caerá irremediablemente.
Muchos personajes de la política son expertos en construir castillos de naipes, porque para eso no se necesita ninguna formación académica que obligue a la aplicación de conocimientos en ingeniería; sólo basta tener habilidad lingüística y manejo de las circunstancias, repitiendo los patrones de espejismos y realidades imaginarias que históricamente han funcionado, proyectar ideas y conceptos que capturan la mente de los que observan para conseguir un resultado de ilusión momentánea, aunque después el castillo se caiga.
El armador del castillo de naipes tiene un público fascinado que admira su obra y le aplaude, porque están convencidos de que ese castillo es indestructible, aunque él mismo puede estar consciente que lo que está haciendo no sirve, pero le es útil para sus fines perversos y ocultos.
Resulta inútil que haya algún observador que sabe que en cualquier momento se caerá y que lo quiera anticipar, porque los demás no quieren escucharlo y seguramente lo rechazarán por el mal augurio.
De todas formas, aunque no se diga ni se asegure, todo apunta que caerá, poco a poco, carta por carta o de manera abrupta y definitiva.
Y así sucederá con todo lo que se hace de manera fantasiosa y sin planeación, basados en el engaño, el deseo de venganza, la ambición, el corazón lleno de amargura y odio. Aunque se logre convencer a muchos otros resentidos y frustrados que fácilmente se dejan conquistar con la ilusión de un castillo de naipes, que pasado el momento, un fuerte viento lo tirará.
Ya está soplando fuerte en Nuevo León, pronto en Veracruz llegará un “nortazo” veracruzano como sucederá en todo el territorio nacional y poco a poco, el castillo caerá y no pasará del 24.
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