Alfredo Bielma Villanueva
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Está claro que el dirigente nacional del PAN, Marko Cortés, no es un actor político a la altura de las circunstancias por las que actualmente atraviesa el país, su más reciente desliz exhibiendo con singular cachaza el convenio político suscrito por su partido y el gobernador de Coahuila lo demuestra tal cual es, y no parecería nada grave si no estuviéramos en el umbral de un proceso electoral por el que se decidirá el futuro inmediato del país, pero Cortés está al frente del Partido Acción Nacional y tal circunstancia es motivo de preocupación, no solo en su partido, también en el PRI, en el PRD y en las organizaciones civiles que actúan en la sinergia opositora para competir contra MORENA, sus partidos adláteres y los gobiernos oficialistas. “Ya éramos muchos y parió la abuela”, es refrán adecuado para aplicarse a este inoportuno entuerto político aprovechado cabalmente, aunque violando toda regla del deber ser, por el presidente López Obrador, quien se dio vuelo en la mañanera del jueves calificando de “reparto de botín” lo revelado por Cortés; aficionado como es al beisbol a López Obrador le tiraron una “bobita” y la bateó para un jonrón. Colateralmente, ese desacierto ha servido para un intento de distraer a la opinión pública la de la acusación de Sanjuana Martínez respecto a la extorsión de que afirma haber sido víctima, también desvía la atención del asunto que puso en la mira a uno de los hijos del presidente, a quien presentan como un cabildero de la obra pública gubernamental, pero, además, pega con fuerza a la precampaña de Xóchitl Gálvez, a quien obliga a distraerse de su agenda para precisar su desacuerdo con el aludido mal paso de Cortés.
Spoils System, dice Wikipedia, “describe una práctica por la cual los partidos políticos del gobierno distribuyen entre sus propios militantes y simpatizantes cargos institucionales y posiciones de poder…”. Ese procedimiento estuvo en vigor por muchas décadas en los Estados Unidos, y en nuestro país fue práctica común en los gobiernos posrevolucionarios, aunque también en los del PAN, del PRD y ahora en Morena, es decir, el partido vencedor en una elección reparte puestos privilegiando a su militancia. Lo criticable del error en que incurrió Marko Cortés no radica en los acuerdos entre partidos que formulan una Coalición sino en hacerlo público, porque, matices de por medio, igual lo hace Morena con el Verde y el PT, la negativa pecaría de pueril. Además, un gobierno no es eficiente ni eficaz solo porque sus nóminas registren personal identificado con el partido o coalición ganadora, sino por la sapiencia del gobernante para reclutar para el servicio público elementos que a la vocación de servicio incorporen capacidad, experiencia y conocimiento para el buen desempeño de sus labores. De otra manera, ya sabemos a qué nos exponemos.
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