Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Estamos a punto de sufrir una nueva campaña electoral, ahora para el parlamento europeo, y he dicho ‘sufrir’, pues viendo la inercia de todos los partidos, parece que busquen la abstención, ya que el tipo de mensajes, el enfoque, las rivalidades, etc., no motivan en absoluto, como explico en este escrito.
Estoy convencido de que, en general, predomina el sentimiento proeuropeo, y que los antieuropeos son una minoría (que va en aumento). Pero vemos que los partidos ya han empezado la campaña de vuelo gallináceo, discutiendo sobre sus minucias, sobre sus problemas caseros, con su agria forma habitual, y eso ni es pedagógico ni motivador.
En el Ara de hoy, 22 de mayo, hay un artículo de Sara Berbel, titulado ‘Las elecciones de la identidad’, que me parece interesante, ya que señala diferentes puntos muy clarificadores, por obvios que nos puedan parecer:
Así, vemos que esos partidos no defienden un programa sobre los valores y déficits europeos, y sus retos futuros; siguen con su vuelo gallináceo, como he dicho.
Los independentistas sabemos que la actual política europea tiene que cambiar mucho, especialmente en su democratización, para contemplar la independencia de regiones europeas, como Catalunya; y reducir su perfil meramente mercader. Y sobre todo esto debería ir también la campaña electoral.
Y que Pedro Sánchez quiera potenciar su perfil de gran estadista mundial, reconociendo el estado palestino, pero no rompa relaciones con Israel, ni con Rusia (por la invasión de Ucrania), pero sí, que las rompa con Argentina, por una afrenta a su esposa, refleja, de forma muy clara el nulo rigor ideológico de Sánchez, pues su único móvil son sus propios intereses personales.
Y también es vergonzoso que esta mañana, en el congreso, Sánchez haya criticado a Feijóo (PP), ‘por querer ganar por la puerta de detrás, lo que no consiguieron ganar democráticamente’. Y que esto lo diga uno de los que apoyaron la aplicación del 155, por el que encarcelaron a nuestros líderes democráticamente elegidos, y apoyan la represión que todavía dura, confirma que ‘hace de la necesidad virtud’, es decir, que cambia de criterio cuando le conviene y le da la gana.
También es vergonzoso ver que, tras el fallecimiento en accidente de helicóptero, el pasado 19, de Ebrahim Raisi (presidente iraní y probable sucesor del líder supremo de la república islámica), accidente en el que también fallecieron Hossein Amir-Abdollahian, ministro de exteriores, y otras seis personas; y, como digo, es vergonzoso ver las señales de duelo de muchos gobiernos y organismos internacionales, olvidando la represión, la tortura y los asesinatos que se producen en ese país.
Y la ciudadanía española y catalana, en general, ni se plantea ni replantea nada, pues, tristemente, no solo nos despersonalizamos consciente o inconscientemente, al identificarnos y categorizarnos en un grupo, como señala Sara Berbel, si no que, además, los partidos buscan despersonalizarnos, categorizarnos, como votantes secuestrados, acríticos, domesticados hasta el extremo que no nos planteemos y critiquemos todas esas vergüenzas mencionadas.
De ese modo, potencian la simplificación competitiva entre nosotros y los otros, nuestro endogrupo (el ‘bueno’) contra los exogrupos (los ‘malos’)
Igualmente, a esta simplificación también juegan los partidos independentistas y, como no, también nos muestran su vuelo gallináceo, un ‘jipido’, una forma de desplazarse para reclamar la atención de los gallos, pues sus eufemismos también son de bajo nivel.
Por todo eso, de cada vez estoy más convencido de que todos los partidos quieren convertirnos en ‘Tancredos’, el torero que ejecuta una suerte consistente en esperar inmóvil al toro, subido en un pedestal’ (diccionario RAE), es decir, que nos conformemos con la suerte de don Tancredo.
‘El don Tancredo, o la suerte de don Tancredo, era un lance taurino con cierta afición en la primera mitad del siglo XX.
(…)
El individuo que hacía el don Tancredo, esperaba al toro a la salida de chiqueros, subido sobre un pedestal situado en mitad del coso taurino. El ejecutante iba vestido con ropas generalmente de época y cómicas, y pintado íntegramente de blanco. El mérito consistía en quedarse quieto, ya que el saber de la tauromaquia afirmaba que, al quedarse inmóvil, el toro creía que la figura blanca era mármol y no la embestía, convencido de su dureza’.
(Wikipedia)
Y la consecuencia de esas campañas grisáceas y mediocres, es convertir a una gran mayoría de ciudadanos en pasotas, que todo nos de igual, que todo nos sea indiferente, que no veamos ningún tipo de alegría, y que justifiquemos nuestro pasotismo diciendo que no pensamos en nada y que, a la vez, pensamos en todo.
Como dice un refrán, en ese estado de pasotismo, ‘estamos como la tabla del uno, todo da igual’.
Es verdad que muchos pueden haber llegado a ese estado, por estar saturados de decepciones; pero la consecuencia es la misma, pues la elevada abstención en las pasadas elecciones catalanas permitirán que Salvador ISLA (Illa) llegue a ser president de la Generalitat, en segunda vuelta, con el apoyo de los Comunes (Sumar) y el PP, y la abstención de Vox, es decir, haciendo un nuevo Collboni (para alcanzar el ayuntamiento de Barcelona).
Illa (PSC/PSOE) no sorprenderá, pues, el 8 de octubre del 2017, ya se manifestó con Societat Civil Catalana, el PP y Vox. Es decir, los unionistas españoles son coherentes, y respecto a los temas que consideran fundamentales, nunca fallan. Los que han traicionado a sus ideales, y a los de muchos independentistas, son los que se abstuvieron, su pasividad, pues ‘el que calla otorga’, y así, otorgaran la presidencia al gris y mediocre Salvador Illa.
Estos abstencionistas fueron los primeros convertidos al dontancredismo, que, según el diccionario de la RAE, es una: ‘actitud imperturbable de quien parece no darse cuenta de la amenaza de un peligro grande’.
Y si no cambia la campaña electoral, el vencedor será el partido de don Tancredo, de los abstencionistas. Pero eso no quita, también, la gran presencia de Tancredos votantes acríticos y secuestrados.
En definitiva, deberíamos seguir siendo críticos, por más que esa actitud nos genere frustraciones y preocupaciones.
Está claro que es tan ridículo hacerse el don Tancredo, como creer que el toro piense que la figura pintada de blanco es de duro mármol, y por eso no arremeterá contra ella.
Por eso no debemos asentir y comulgar con las piedras de molino que nos planteen los diferentes partidos, deberíamos exigirles más nivel.
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