Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Realmente, este final de campaña electoral está resultando decepcionante, desmotivadora, y gran parte de la culpa la tienen los ‘líderes’ del PSOE y PP (Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo) que han centrado los mensajes de los debates en la cocina interna española, como si fuera una segunda vuelta de las elecciones generales del año pasado (o una tercera, considerando las recientes elecciones catalanas); y, obviamente, eso cansa y aburre hasta a las ovejas, como explico en este escrito.
Es vergonzoso que Pedro Sánchez haya diseñado y determinado una campaña centrada en la confrontación con la derecha extrema y la extrema derecha, pero limitándose a un par de frases jocosas, y presentándose como el ‘demócrata’ que los frenará. Y, en ese sentido, ha utilizado la imputación de su esposa María Begoña Gómez Fernández (efectuada por el juez de instrucción 41 de Madrid, por presunto tráfico de influencias, por la firma de unas cartas de recomendación para licitaciones a favor del empresario Juan Carlos Barrabés), como un claro ataque del lawfare contra él.
Por su parte, Feijóo ha mostrado su ínfimo nivel y su nulo conocimiento de la problemática europea, ya que se ha limitado a hacer seguidismo de la campaña del PSOE, aumentando la crítica, tomando como ciertos, los elementos que sustentan dicha imputación.
Efectivamente, el origen de esa imputación por malversación, es debido al falso ‘sindicato’ ‘Manos Libres’, de extrema derecha, basándose en comunicaciones periodísticas; y, desde hace un par de días, otra nueva acusación, ahora de ‘Hazte oír’, una asociación ultracatólica, por supuesta apropiación indebida del software de un master de la Universidad Complutense de Madrid, que codirigía la citada Begoña Gómez, por lo que, esa asociación, le ha acusado de presuntos delitos de administración desleal, malversación e intrusismo.
Está claro que se requiere un análisis objetivo y transparente, pero sin obviar que:
Efectivamente, centrar la campaña en esos temas, es un mal ejemplo didáctico por parte de los pseudo ‘líderes’ que tenemos, pues hubiera sido preferible, y necesario, que nos hubiesen explicado sus diferentes proyectos europeos respecto al cambio climático, la seguridad, la defensa, la política exterior, la agricultura, la industria, etc. Pero, claro, eso hubiese requerido candidatos conocedores de esos temas.
Es preciso recordar que, según un informe de la Oficina del Parlamento Europeo, el 53,6% de las 246 leyes que se han tirado adelante en el congreso español, en la actual legislatura europea (2019-2014), son fruto de las directrices europeas; en concreto, 132 del total de las leyes aprobadas en el congreso español han respetado la hoja de ruta de la eurocámara. Si bien, asimismo, España tiene 55 directrices europeas pendientes de aplicar, la mayoría de las cuales tienen como fecha límite de aplicación los años 2025 y 2026; dos de estas normativas, relativas a las emisiones de gases contaminantes, pero, habrían de haberse aprobado antes de diciembre del 2023, y hay otras tres que este año han superado el límite de aplicación. Es decir, que hay leyes sobre la conciliación familiar, laboral, etc., que el gobierno de Pedro Sánchez aplica, poniéndose todas las medallas, pero que, en realidad, se ve obligado a transponer, como debería hacerlo con todas las que siguen pendientes; y está claro que el PP también se vería obligado a transponer.
Pero, por lo visto, nada de todo esto es interesante para explicarlo a los ciudadanos, por todo ello, me parece que nos encontramos en un infinito día de la marmota (Groundhog Day), la celebración que se efectúa el 2 de febrero (la mitad del período entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera) en los EUA y Canadá, costumbre que se remonta al siglo XIX, para ‘confirmar’ si el invierno está a punto de terminar o no, en función de su propia sombra.
En España tenemos muy presente la película ‘Atrapado en el tiempo’ (Hechizo del tiempo’), dirigida en 1993 Harold Ramis y protagonizada por Bill Murray y Andie MacDowell; y la tenemos tan presente que la expresión ‘el día de la marmota’ ha pasado a ser una frase hecha, muy popular.
Y en esas estamos, en un infinito día de la marmota, pues ese mamífero roedor simboliza una persona que duerme mucho, y así nos quieren a la ciudadanía, dormidos, anestesiados, desinformados, desmotivados.
No se trata de un ‘eterno retorno’, ya que, según la filosofía oriental, con ese ciclo se llega a la perfección, pues en cada reinicio se pule cada hecho, hasta ser perfecto, el superhombre, según Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844 – 1900)
Y está claro que en el ámbito político español y catalán, no aprendemos nada, no mejoramos ni nos pulimos como personas ni como ciudadanos, si no que, como la marmota, seguimos durmientes, esperando como la Bella (bello) Durmiente (popularizada por los hermanos Grimm (Jacob, 1785 - 1863 y Wilhelm, 1786 - 1859)), que nos llegue el príncipe o princesa y, graciosamente, nos despierte y reviva, sin haber tenido que efectuar el más mínimo esfuerzo por nuestra parte.
Por eso, nosotros seguimos en la famosa cinta (o banda) de Möbius (August Ferninand Möbius, Moebius, 1790 – 1868), que ya recordé unos días atrás, pues nos encontramos en una superficie con una sola cara y un único contorno, no orientable.
Y seguimos en esa cinta, en ese bucle infinito, en el que no hay condiciones controlables de salida (‘while’, mientras o ‘for‘, para que), pues, aparentemente, quemamos nuestras naves en el 2017, ya que la mayor parte de nuestros líderes emularon el tópico realizado por Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano (1485 – 1547) a la llegada a México, en 1519, para dar a entender a sus hombres que la retirada era imposible; y nuestros políticos hicieron esa quema metafórica, pero quemando nuestras ilusiones independentistas.
Realmente, la situación actual es muy decepcionante, como lo expresan los siguientes chistes de Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón, 1932 – 2020):
Pero siempre hay la posibilidad de ver algún rayo de luz, cuando menos te lo esperas, que nos permite seguir teniendo confianza en la humanidad. Un ejemplo lo he oído esta mañana por RAC1, y después he buscado en La Vanguardia; se trata de una carta de una lectora a ese periódico, que transcribo a continuación:
‘Tengo 91 años y estoy en la calle. He ido a comprar, llevo dos bolsas y mi bolso. Atravieso la calzada. Una motorista me avisa de que llevo suelto el cordón del zapato. Yo le doy las gracias y hago un gesto de impotencia. Estoy fatigada. La motorista da la vuelta, baja de la moto y sin decir palabra se agacha y me ata el zapato. Sigo mi camino. Pienso qué distinto sería el mundo si todos fuéramos capaces de atar el cordón del zapato al que lo necesita.
¡Quisiera abrazarte!’
Núria Cavestany Sagnier, suscriptora, Barcelona, 6 de junio del 2024.
Sería muy positivo que ese ejemplo fuera general, pero muchos estamos tan quemados, que lo primero que haríamos, al ver el gesto de la motorista, es pensar que le iba a robar el bolso. Así estamos, desgraciadamente.
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