Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Todos los medios de comunicaciones unionistas españoles han celebrado con un gran éxito, la llegada a la presidencia de la Generalitat, por parte del PSC/PSOE, con lo que se demuestra su verdadero objetivo, que no es otro que el de anestesiar a la ciudadanía catalana, como intento explicar a continuación.
Albano Dante Fachin Pozzi, exdiputado y editor, junto a su esposa Marta Sibina i Camps, del medio ‘Octuvre’, hace un par de días hicieron una reseña de las diferentes portadas y de comentarios de algunos personajes, que copio a continuación:
Dante Fachin, concluyó diciendo: ‘No es simple coincidencia de opiniones. Lo que vemos es que el Estado es plenamente consciente de la importancia de imponer su relato para Catalunya (…), a la que colaboraron otros sujetos, criticando al president Carles Puigdemont, como:
‘Joan Coscubiela: ‘A Puigdemont se le está poniendo cara de Trump’.
‘Marc Andreu (CCOO): ‘Así se degrada la democracia’.
Nada nuevo, como dice el refrán ‘ladran, luego cabalgamos’, atribuida erróneamente a el Quijote, si bien parece que se popularizó con el poema titulado ‘Ladrador’ (1808) de Johann Wolfgang von Goethe (1749 – 1832), que incluye el siguiente aforismo latino: ‘latrant et scitis estatin praetesquitantes estis’ (ladran y sabéis al momento que cabalgáis por delante de los demás)
Pero de todos los comentarios anteriores, me parece interesante destacar:
A mi modo de ver, estas características despectivas son las que el estado español quiere imponernos, para acabar de amansarnos, de ‘pacificarnos’, es decir, de conseguir lo que Pedro Sánchez, falsamente, considera ‘conseguir la convivencia’.
Pero los independentistas catalanes recordamos, también, los siguientes refranes:
‘Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libraré yo’ o su variante ‘Fíate tú de las aguas mansas, que de las bravas me cuido yo’,
pues, un río aparentemente tranquilo puede esconder remolinos y hoyos, por lo que puede ser más peligroso que un río con fuerte corriente, que parece menos traicionero.
Así, Pedro Sánchez, y todo el estado español, quieren imponernos la ‘calma chicha’, que:
‘Es una condición meteorológica y marítima en la que el viento brilla por su ausencia. En esta situación, el mar se torna sorprendentemente tranquilo, sin una brizna de viento para mover las velas de una embarcación.
(…)
En el mar, los navegantes a veces encuentran una condición llamada ‘calma chicha’ que hace la travesía más intrigante. Esta situación, caracterizada por un calor sofocante y la falta de viento, puede convertirse en un verdadero enigma en alta mar (…) Esa situación, a menudo ocurre durante los anticiclones (alta presión atmosférica y tiempo estable).
(…)
La palabra ‘chicha’ viene del francés ‘chiche’, que significa ‘cosa pequeña o insignificante’ (…) e, históricamente, se aplicaba cuando los barcos no tenían viento para avanzar, cuando un barco quedaba atrapado sin viento, y la tripulación tenía problemas para llegar a su destino (…).
(https://search.app/sWdlkevXjXfrXy9qy6)
Es decir, la calma chicha era una situación indeseable, por el elevado calor y la falta de viento para navegar. Y esa clama chicha es la que nos quieren imponer a los independentistas catalanes y, claro, para ello, el mejor agente para el estado español, es haber colocado a su ‘hombre tranquilo’.
Un personaje, Salvador Illa, que, en su discurso de investidura, sintiéndose el Papa de Roma, dijo que el lema de su gobierno sería ‘unir y servir’, y ‘que trabajaría para todos’.
Pero todo eso son palabras vacías, huecas, ya que, en toda democracia, el partido ganador intenta aplicar su programa, o el pactado con los que le han dado el voto; y eso representa a 68 diputados, frente a los 66 que se opusieron (el president Carles Puigdemont, no pudo votar, si no, hubieran sido 67 noes)
Obviamente, si Salvador Illa consigue una mejor financiación, será trabajar para todos los catalanes, pero sabemos que Pedro Sánchez, con su manera de gobernar, tiene una fórmula que le viene dando muy buen resultado: se compromete y promete ‘A’, pero no lo cumple, alarga las conversaciones y ‘mesas de diálogo’ hasta dejarlas inútiles, y así, en la siguientes elecciones, reflota el tema y lo vuelve a prometer, y así, hasta el infinito’ Y eso puede hacerlo ya que la alternativa sería un gobierno del PP/Vox. Pero, claro, muestra la nula categoría de estadista del personaje Pedro Sánchez y la de su ‘delegado’ Salvador Illa.
Pero dudo que avancemos en la defensa y potenciación de nuestra lengua, y de su aplicación en las escuelas, institutos, juzgados, policías, etc. Igual que no avanzaremos en autogobierno. Y, desgraciadamente, el tiempo nos despejará esas dudas. Por lo que, no trabajará para todos.
Tampoco trabajará para todos, pues no puede defender, a la vez, el problema de la vivienda que no solo tiene la juventud, sino también una gran parte de la población, y, a la vez, defender a los grandes poseedores, a los fondos buitre y los bancos. No se puede, tampoco, defender y mejorar la sanidad pública, y, en paralelo, beneficiar a las grandes empresas que buscan su privatización, etc.
Y, en cuanto a su deseo de ‘unir’, la verdad es que el agua y el aceite nunca se unen, y los independentistas y unionistas, tampoco, pues son pensamientos e ideologías contrapuestas, que únicamente un referéndum libre y transparente, podría dilucidar, y que los independentistas aceptaríamos, su resultado, fuera el que fuere, ya que, ante todo, somos demócratas.
Por todo ello, me parece interesante recordar la película ‘The Quiet Man’ (el hombre tranquilo), dirigida en 1952 por John Ford (John Martin Feeney, 1894 – 1973), protagonizada por John Wayne, Maureen O’Hara, etc.
El argumento de esa película es:
‘Sean Thornton (John Wayne) es un ‘hombre tranquilo y pacífico’ que ya con sus treinta y tantos años regresa a la localidad de Inisfree, en su Irlanda natal, de donde saliera con 12 años hacia Estados Unidos.
Pronto se dará cuenta de que la vida entre los habitantes de Inisfree no va a ser tan idílica como esperaba, ya que el temperamento irlandés y las reglas que rigen en esa sociedad son desconocidas para él.
Al llegar, decide comprar su casa natal y los terrenos que la rodean, pero choca con los intereses de un propietario rural llamado Will Danaher, un matón corpulento y temido en el pueblo que anota en una libreta a todo aquel que le va en contra.
Sean Thornton se fija en una hermosa mujer campesina llamada Mary Kate, quien resulta ser hermana de Will Danaher. Pero su relación con Mary Kate Danaher (encarnada por Maureen O’Hara), el hermano de ésta, Will Danaher y el pintoresco Michaleen Flynn, será bastante especial.
Thornton intenta cortejarla y se encuentra con la oposición de Will, que llega a amenazarlo. Thornton intenta ser caballeroso y no caer en rencillas, pero su actitud conciliadora se interpreta como cobardía.
Thornton finalmente conquista a Mary Kate pero su hermano no solo le niega la dote a la novia, contraviniendo la costumbre, sino que propina a Thornton un feroz puñetazo que lo tira al suelo en la ceremonia de casamiento.
Thornton no responde a la agresión y su flamante esposa le pierde el respeto y lo abandona.
Thornton no responde al ataque ya que sobre su conciencia pesa la muerte de un boxeador llamado Johnny Galleano, fallecido en un combate de boxeo, y se ha prometido no volver a pelear.
Finalmente, ante los desaires de la mujer a quien ama, Thornton decide coger el toro por los cuernos y busca a su esposa en un tren que está a punto de partir a Dublín, la saca a empellones y la arrastra hasta la casa de Willy Donaher. Éste acepta el reto de Thornton y se enzarzan en una pelea. Finalmente, después de haberse dado con todo lo que tenían a mano, terminan siendo amigos y Thornton se gana no solo el respeto de su esposa, sino de todo el pueblo’
(https://search.app/Haq36u5dee7ES8f69)
Sería interesante hacer una sesión de ‘cine fórum’, e intentar buscar las similitudes con la situación actual de Catalunya.
A este respecto, me parece que la imagen de Sean Thornton, podría asimilarse a los dos máximos líderes actuales:
Al president Carles Puigdemont, que solo es respetado y temido por los unionistas españoles, cuando hace algún gesto: amenazar de no investir a Pedro Sánchez, si no aprueba la ley de la amnistía; cuando le dan la razón los jueces e instituciones internacionales, o cuando hizo su aparición en Barcelona, el jueves pasado. Es decir, cuando actúa.
Y al actual president Salvador Illa, pero en sentido inverso, pues, hasta ahora ha mostrado su ‘tranquilidad’, al sentirse poderoso, por estar apoyado por todo el estado español; pero que, tan pronto como pueda, nos dará un mazazo a los independentistas, pues su objetivo es conseguir ‘la paz de los cementerios’, que es la ‘convivencia’ según su jefe Pedro Sánchez.
También podríamos asimilar a ERC y a muchos independentistas desencantados, con Mary Kate, la esposa desengañada por la aparente ‘cobardía’ de Thornton, y que huye. Y ese es el triste papel de ERC, sin paliativos, uniéndose y apoyando a su hermano Will, el aparente ‘primo de zumo sol’ y a su colectividad.
Y sé que hay infinitas diferencias entre Catalunya y la localidad de la película, Inisfree, cerrada, estática y conservadora. Pero, como pasa en todas las sociedades, las masas acríticas o menos concienciadas y documentadas, de forma puntual o por desmotivación, generalmente, en momentos significativos, tienden a apuntarse al ‘caballo vencedor’, que, en este momento, por la gran abstención independentista, es lo que representa Salvador Illa. Y ERC, para intentar mantener ciertas prebendas y, también, para no concurrir a nuevas elecciones, ha jugado como esa masa, pero, en este caso, de forma totalmente amoral e interesada.
Por todo eso, el movimiento independentista tenemos mucho trabajo, para recuperar y motivar de nuevo a los independentistas de base, que siguen siéndolo, sin duda, pero que esperan que la situación se clarifique de nuevo.
En cuanto a los que ya están rendidos, como los líderes de ERC que han apostado por votar a Illa, estoy convencido que serán irrecuperables, ya que difícilmente podrán argumentar el triste papel que han realizado, por lo que espero que tengan una larga decadencia hasta su desaparición, salvo que sus militantes hagan una regeneración total de su partido, para librarse de los exultantes egos de sus actuales líderes, como quedó muy bien plasmado en la película ‘Sunset Boulevard’ (El crepúsculo de los dioses) dirigida en 1950 por Billy Wilder (Samuel Wilder, 1906 – 2002).
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