Sergio González Levet
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Digo, es muy conocido que la palabra Navidad viene de “natividad”, que quiere decir nacimiento. No hay que ser necesariamente católico o cristiano para saber que entre el diluvio de compras suntuosas y borracheras innecesarias se conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret ocurrido en un portalito de cal y de arena en Belén, que es ahora una ciudad ubicada en el centro de Cisjordania, en Palestina, que está a unos nueve kilómetros al sur de Jerusalén, en los meros montes de Judea.
Termino rápidamente la historia y digo que allá fueron María y José, no se sabe a ciencia cierta por qué motivo, pero quedó muy bien para la historia religiosa porque ahí es donde nació el rey David, y las escrituras decían que el Mesías sería un descendiente suyo, y qué mejor que además de pariente fuera paisano.
Mateo, el segundo evangelista, dice que Jesús nació en Belén, pero en una casa y es el que relata cómo llegaron tres reyes magos a visitarlo y llevarle sendos presentes: incienso, mirra y oro.
Lucas, que es el otro que menciona a Belén, dice que María embarazada y José, que vivían en Nazaret, en Galilea, tuvieron que ir a Belén debido a un censo que habían ordenado los romanos y ahí les cayeron los dolores del parto. Él no habla para nada de los reyes magos ni de la matanza de los santos inocentes ordenada por Herodes, y no incluye el viaje de huida a Egipto.
Pero Juan y Marcos no mencionan para nada a Belén como el lugar de nacimiento de Jesús y tampoco el Libro de las Revelaciones.
Sin embargo, el nacimiento de Jesús en Belén entró a la historia oficial del cristianismo y de ahí pasó a la celebración mundial.
Lo que tiene de bueno la Navidad es que resulta una conmemoración sumamente importante de la paz. Jesús trajo un mensaje de amor al mundo y las religiones que surgieron de su modelo insisten en que lo más importante para la humanidad es que haya cordialidad entre todos los hombres. Muchas de esas religiones, no obstante, han propiciado innumerables guerras y matanzas, pero ése es otro cantar.
Hoy, entonces, celebramos al mensajero de la paz en Jesucristo y muchos hombres de buena voluntad predican y practican el amor a los semejantes.
Hoy es día de desear lo mejor para todos, de esperanzarnos por un mundo en el que ya no haya violencia y de orar para que nuestros gobernantes se pongan las pilas y hagan bien su trabajo.
Salud y paz para todos, bondad y bienestar para nuestros prójimos.
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