Alfredo Bielma Villanueva
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Después del desastroso desempeño protagonizado por la gestión pública de López Obrador en materia de salud en México ya nada ha sido igual porque aumentan la penuria y la desesperanza por alcanzar atención médica en un amplio sector poblacional aún de los mexicanos que gozan de seguridad social, y ya podemos imaginar el vía crucis de la población carente de esa prestación. De aquel axioma propagandista replicado en innumerables ocasiones por la vocería gubernamental del pasado reciente: “el seguro popular ni era seguro ni era popular” queda ahora la cruda realidad de no contar con la protección para gastos catastróficos proporcionada por el Seguro Popular, en contraste ahora el desabasto de insumos médicos y de medicinas en los hospitales del Sector Salud aglutinado en el llamado IMSS-Bienestar son lugar común.
Queda para la narrativa y la anécdota la insistente promesa de López Obrador de alcanzarle a los mexicanos un Sector Salud a la altura de los existentes en los Países Bajos y aludía concretamente a Dinamarca, aunque ya en su último año de gobierno aseguró que sería de “los mejores del mundo”, en esa euforia retórica incluyó la mega farmacia que según su discurso almacenaría medicinas de todo el mundo para satisfacer las necesidades de salud de los mexicanos. Pero la realidad desnuda esa cruel mentira porque gran número de los hospitales de alta especialidad incorporados ya al IMSS-Bienestar funcionan con deficiencias, les faltan médicos especialistas, insumos médicos, medicinas y hay deficiente mantenimiento del equipo. En Veracruz no es difícil comprobarlo, bastará una visita en Xalapa al Hospital Civil Luis F Nachón, en Veracruz, al pomposamente conocido como Hospital Pediátrico y al Regional de esa ciudad; al Valentín Gómez Farías, de Coatzacoalcos, en Tuxpan al Emilio Alcázar etc., se adelanta una deprimente visión en cuya esencia no se encuentran motivos para avalar el optimismo relativo a mejores servicios médicos en la entidad. Mucho menos si se atiende al drástico decremento presupuestal asignado al sector salud veracruzano para este año, pues en 2024 el presupuesto salud fue de 9 mil 275.9 millones de pesos y para este año es de solo 5 mil 620 millones de pesos, una disminución real del 41.9 por ciento. En ese contexto ningún discurso halagüeño o promesa de mejoría pudiera encontrar eco en la realidad. No es criticable pensar en grande, hacerlo e intentarlo es loable, pero lo de Dinamarca es ilusorio y no encuentra bases, como paradigma es positivo siempre que se actúe al margen de la simulación y con genuino interés por mejorar las condiciones de la población mexicana, dinero ha habido, y el Orfis y la Auditoría Superior de la Federación dan constancia de su pésima y sinuosa aplicación.
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