Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Ayer, 27 de febrero, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avaló que en el Parlament de Catalunya no se pueda discutir sobre la autodeterminación, y consideró que el tribunal constitucional español tiene derecho ‘en circunstancias extremas’ a vetar resoluciones que vayan en sentido contrario a su carta magna. Y esto es un sinsentido, como intento explicar a continuación.
Esta resolución representa un duro revés para nuestros deseos independentistas, y refleja, asimismo, una tesis que protege a los estados, acorazados, que encorsetan la voluntad popular, con argumentos totalmente discutibles.
‘A petición del gobierno español de Pedro Sánchez, el tribunal constitucional (TC) instó parar la tramitación de propuestas de resolución sobre la autodeterminación y la monarquía. El ejecutivo español consideraba que se incumplía la sentencia del 2015 que declaraba inconstitucional la resolución del Parlamente sobre el inicio del Procés y la sentencia del 2019 que anulaba la reprobación del Parlamente a Felipe VI y su petición de abolición de la monarquía. Para el TC, ‘la insistencia del Parlament de Catalunya en la afirmación de la soberanía del pueblo de Catalunya y la defensa del derecho de autodeterminación’ constituía un intento ‘de facto’ de revisar la carta magna con procedimientos ‘diferentes de los previstos’ y, por lo tanto, las propuestas de resolución sobre la autodeterminación eran ‘incompatibles con el estado de derecho’ El TC apuntó, en su momento, y así lo recogió Estrasburgo, que los debates sobre la autodeterminación y la monarquía siempre se podían hacer en las Cortes españolas.
Asimismo, el TEDH reconoció que, con la determinación del TC, a instancia de Pedro Sánchez, se limitaron los derechos de los parlamentarios, pero que no se vulneraron esos derechos de los parlamentarios independentistas, como alegaban los demandantes, ya que, según el TEDH, ‘la prohibición no impidió a los parlamentarios ejercieran sus derechos (…) pues el veto se impuso después de numerosos debates que habían tenido lugar libremente en la cámara catalana.
(…)
La resolución llega a raíz de la denuncia que presentaron diputados de Junts y los miembros del partido en la mesa del Parlament Josep Costa y Eusebi Campdepadrós.
(…)
En declaraciones a TV3, Costa mostró su decepción para la resolución ‘es un mal augurio, un mal precedente porque, de alguna manera, legitima un derecho de excepción y vienen a decir que los debates no estarían permitidos. Y, posteriormente, en la red X, puntualizó que ‘El TEDH ha decidido avalar la censura en el Parlament, pero no la persecución penal de la mesa. Ha comprado el relato de España sobre unas ‘circunstancias extremas’ para justificar la restricción de nuestros derechos (…)’
(Xavier Tedó, Ara, 28 de febrero del 2025)
Por su parte, Vicent Partal, en su editorial titulada ‘Volver ‘kafkiano’ el derecho de autodeterminación’, apunta que:
‘La autodeterminación solo existe cuando ya se ha ejercido. Es un derecho, por lo tanto, retrospectivo, si se me permite la expresión.
La autodeterminación, he aquí otro de los muchos conceptos que los podere4s europeos han convertido impúdicamente en un ejercicio de equilibrismo jurídico. Es un derecho que todos reconocen con buenas palabras, con la condición tácita que nunca nadie intente ejercerlo: todos aceptan la autodeterminación como un principio abstracto, pero cuando alguien se atreve a reclamarla para sí, la cosa se complica de manera prodigiosa y todo son trampas, barreras y complicaciones.
Pero no nos engañemos: los derechos no son nunca concesiones graciosas del poder (…) los derechos, todos los derechos que tenemos y de los que disfrutamos, han sido conquistas, a menudo arrancadas con los dientes – y quien dice con los dientes, dice con las huelgas, las barricadas, con los Molotov y, cuando ha sido preciso, con las ametralladoras.
Y la autodeterminación no será, claro, ninguna excepción, porque ya se ve claramente que la autodeterminación solo existe cuando ya se ha cumplido. Estamos ante un derecho retrospectivo (…) es un derecho que opera a posteriori, no a priori como todos los derechos deberían actuar.
Y si no es así, no se explica que el TEDH avale ahora formalmente la maniobra sucia del TC español para impedir que incluso se pueda debatir de autodeterminación en el Parlament. No me digáis que no es gordo: un tribunal –¡de derechos humanos!– prohibiendo que se debata en un parlamento democrático sobre un principio básico de los derechos humanos que, teóricamente, todos aceptan y que todos remarcan, además, que es uno de los grandes pilares del orden mundial. Más kafkiano, imposible.
Asimismo, en vista de esto, la conclusión es inevitable, tenga las consecuencias que tenga: si la autodeterminación no es un derecho universal que se pueda ejercer nítidamente -sino según las condiciones y los condicionantes-; si tan solo es un hecho que se impone, entonces, será preciso imponerla. Y ya nos darán, si quieren, lecciones de democracia y coherencia después…’
(Vilaweb, 28 de febrero del 2025)
Me parece que todo es una encerrona jurídica, ya que, partiendo de la base de que las resoluciones 1514 y 1541, que son la biblia de la descolonización, la ONU limitó la autodeterminación, al ‘derecho a la independencia de los pueblos sujetos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras’, por lo que, indirectamente reconoce que dentro de cada estado no existe la posibilidad de la autodeterminación, si no se es una colonia. El derecho internacional no se ocupa del nacimiento de un nuevo estado hasta que se produce, como vimos con el reconocimiento (todavía limitado) de Kosovo.
La citada resolución 1514 acaba diciendo:
‘La autodeterminación debe cumplirse sobre la base de la igualdad, de la no intervención en los asuntos internos de los demás estados y del respeto de los derechos soberanos de todos los pueblos y de su integridad territorial’
Pero claro, todo refleja la ‘necesidad’ de defender a los poderosos, olvidando que, por más que lo niegue el reino español, los catalanes estamos colonizados, desde 1714.
Según el diccionario panhispánico del español jurídico, una colonia ‘es un conjunto de población que se asienta en un territorio distinto del que tenía con anterioridad’.
Y según el diccionario de la RAE, una colonia es ‘un territorio dominado y administrado por una potencia extranjera’ (…) ‘un territorio administrado por un estado, situado fuera de las fronteras de este y dependiente totalmente de él’.
Y todo esto me lleva a pensar que en la actualidad ya no valen nada las palabras, los conceptos, las ideas, la historia, el derecho, etc., y mucho menos, la ética y la moral.
Lo que prevale es la verborrea, jurídica, política, popular, etc., pues, volviendo a la resolución del TEDH, los diputados catalanes pueden discutir en el Parlament lo que les plazca, pero, por lo visto, no pueden someter a votación y mucho menos aprobar resoluciones sobre la autodeterminación y la corona, pues, según el TEDH se puede ejercer la libertad ilimitada de expresión, y limitarla es grave, pero no es una vulneración censurar esas resoluciones, ya que la constitución tiene sus propios mecanismos de regulación.
El magistral Cantinflas, con su verborrea, no lo hubiera explicado mejor.
Y ahí radica otro de los problemas, ya que, me parece que el TEDH está resolviendo en abstracto, pensando en los problemas de otras galaxias, y olvida, expresamente, y ahí su mala voluntad, que los pueblos minoritarios, nunca tendremos la capacidad de influir en temas básicos en el congreso de los diputados. Y obviar esa imposibilidad, expresa que el TEDH está supeditado a la arquitectura estatal.
Y así, el TEDH, como la ONU, nos cierran, a los independentistas, todas las vías democráticas, y parlamentarias, por lo que, como apunta Partal, sólo nos queda el camino de buscar los hechos consumados, por vía de huelgas y todo tipo de presiones pacíficas, pero contundentes, que pongan en peligro la economía, el poder, hasta forzar una entente. Y eso es penoso, en pleno siglo XXI.
Por todo eso, la actual resolución del TEDH no supera los 3 filtros de Sócrates: la verdad, la bondad y la necesidad; por lo que, de ahora en adelante, debemos olvidar toda resolución negociada. Así que, desde este momento, los partidos independentistas, a mi modo de ver, deberían romper todo diálogo, todo acuerdo con el poder español, caiga quien caiga, y, si después vienen el PP/Vox, seguir con la misma regla. Y esa ruptura también deberíamos ejercerla con los sindicatos y con todas las organizaciones dependientes del estado español.
Me parece que hemos llegado a un punto sin retorno, y desgastarnos en luchas parciales, aunque sean vitales, como la lengua, la economía, etc., comporta una diversificación, una pérdida de energías, cuando lo que ahora es necesario es concentrar toda nuestra potencia en parar el país, en las calles y plazas, pero siempre de forma pacífica, pero contundente y efectiva, basta ya de simbolismos y de performances estéticas. No hay otro camino. Después, con la República Catalana, ya solucionaremos todos nuestros problemas de base.
Y debemos olvidarnos de buscar y esperar reconocimientos internacionales, podremos supervivir fuera de la UE, por cierto, muy desprestigiada; y también podremos sobrevivir fuera de la ONU. Al fin y al cabo, esos reconocimientos irán cayendo en su momento, tras los hechos consumados, es decir, a posteriori, nunca será a priori, como ya he comentado.
En definitiva, todo lo expuesto, además de ponerme de muy mal humor, me ha recordado la machista canción: ‘Me gusta todo de ti (pero tú no)’, de Joan Manuel Serrat, grabada en 1998 (álbum, ‘las sombras de la China’,
‘Me gusta todo de ti (pero tú no)
Me gusta todo de ti:
tus ojos de fiera en celo,
el filo de tu nariz,
el resplandor de tu pelo.
Me gusta todo de ti.
Me gusta todo de ti:
la luna de tu sonrisa
de gato de Chesire
colgada de la cornisa.
El colágeno y la miel
de tus labios perfilados,
tus pómulos afilados,
los modales de tu piel.
Me gusta todo de ti,
pero tú no.
Tú no.
Me gusta todo de ti:
tus pezones como lilas
tu alcancía carmesí
tus ingles y tus axilas.
Todo esconde un ‘no sé qué’
de los pies a la cabeza.
me gustas, pero por piezas;
te quiero, pero a pedazos.
Me gusta todo de ti.
Por eso, muchacha guapa,
me diste la lengua y
me la planté en la solapa.
Me gusta todo de ti.
Rescaté tu corazón
del cubo de la basura
para hacerme un medallón
de bisutería pura.
Me gusta todo de ti.
eres tan linda por fuera
que a retales yo quisiera
llevarte puesta de adorno.
Y esta letra me parece que podemos aplicarla a la justicia y a los diferentes organismos internacionales, que me gustan en abstracto, y también en determinados aspectos; pero, en conjunto, sus resoluciones, su pasividad, su sometimiento a los poderes y, en definitiva, su verborrea pastelera indigesta, no me gustan nada.
Así que será mejor que los independentistas catalanes nos busquemos la vida, cueste lo que cueste, ya que la alternativa es perder el tiempo, como le pasó al protagonista de la inacabada novela ‘El castillo’, escrita en 1922 por Franz Kafka (1883 – 1924), el agrimensor K que se ve envuelto en la burocracia para acceder a las autoridades del castillo, que al parecer había reclamado sus servicios, y obtener el permiso para ejercer su trabajo y establecerse en la aldea.
En esta novela, el autor nos muestra la omnipresencia del poder y la alienación que busca en sus vasallos, la inutilidad de la lucha individual contra el castillo, un laberinto, refugio de aquellos que habían perdido sus sueños y deseos. Si bien, Kafka apunta que ‘quien conserva la capacidad de ver la belleza nunca envejece’.
El protagonista K, al presentarse a la puerta del castillo, se encuentra un guardián, y al solicitar que le deje pasar, el guardián, riéndose, le dice que por ahora no puede y le dice, asimismo, que intente entrar si quiere, pero que sepa que él, siendo poderoso, sólo es el último de los guardianes, ya que, puerta tras puerta, hay otros más poderosos. Transcurrido largos años de espera, y antes de morir el protagonista pregunta al guardián: si todos quieren acceder a la ley, ¿cómo es que en todos estos años nadie más que él ha pretendido entrar?, y el guardián le responde: nadie podía pretenderlo, porque esta puerta era solamente para ti, y ahora voy a cerrarla’. Y así, Kafka carga la culpa en el sumiso protagonista.
En la novela ‘El proceso’ (1914), Kafka apuntó que: ‘La justicia puede ser ciega, pero el sistema judicial no lo es. Hay demasiados intereses en juego para poder garantizar una total imparcialidad’ y ‘la ley es solo una herramienta, y como todas las herramientas, depende del uso que le demos’.
Jordi Carbonell i de Ballester (1924 – 2016), el 11 de setiembre de 1976, en Sant Boi, ya nos avisó diciéndonos ‘que la prudencia no nos haga traidores’.
Y creo que ya hemos tenido y demostrado un exceso de prudencia, así que … sólo nos queda actuar en consecuencia y demostrar, al TEDH y al reino español, lo que son ‘circunstancias extremas’ (pacíficas y claras), pues ya nos han demostrado que con ‘su democracia y sus leyes’ nunca conseguiremos nada, pues la arquitectura de su castillo, aparentemente inexpugnable, es vulnerable, como vimos el 1 de octubre del 2017.
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