
Luis Ramírez Baqueiro
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“La duda es principio de toda sabiduría.” – Aristóteles.
La reciente elección en Veracruz ha sido más que una disputa electoral. Fue la confirmación de que el crimen organizado ya no solo financia campañas, sino que postula candidatos, gana cargos y pretende gobernar.
En medio de este escenario crítico, la gobernadora Rocío Nahle García ha optado por lo que pocos se atreven en la política nacional: llamar a las cosas por su nombre y desnudar el vínculo directo entre Movimiento Ciudadano (MC) y grupos criminales.
Nahle García ha denunciado sin titubeos que MC, encabezado a nivel nacional por Jorge Álvarez Máynez, se convirtió en una franquicia del crimen, postulando a personajes con carpetas de investigación abiertas, sentencias previas e incluso sujetos a procesos en prisión domiciliaria.
Y la evidencia más escandalosa no es solo la lista de candidatos impresentables, sino el propio agradecimiento público de Máynez a estos operadores, registrado en video, donde el excandidato presidencial reconoce abiertamente el apoyo logístico y político de esos actores cuestionados. https://www.facebook.com/Ventanaver/videos/723947066686184 (ver minuto 3:18)
Uno de los operadores clave en esta estrategia fue Juan Manuel del Río Virgen, principal brazo político de MC en la entidad. Del Río Virgen purgó 10 meses de prisión por su presunta implicación en delitos de alto impacto, y hoy, paradójicamente, regresó al ruedo como coordinador electoral. Su presencia y la de muchos otros con antecedentes similares, lejos de ser un escándalo, fue normalizada por un partido que dice representar la “nueva política”.
El escenario se agrava con la omisión cómplice de la Fiscalía General del Estado (FGE), dirigida por Verónica Hernández Giadáns, cuya pasividad institucional permitió que estos personajes llegarán a las boletas sin ser siquiera investigados formalmente. La fiscal no solo ha sido omisa, sino funcional a esta estrategia delictiva, y hoy debe responder políticamente, pero también judicialmente.
Los triunfos de MC en algunas regiones de Veracruz no pueden entenderse como expresión de una ciudadanía libre, sino como resultado de una maquinaria infiltrada, violenta e intimidatoria.
Esto no lo afirma solo el gobierno estatal; lo documentan analistas, reporteros e incluso las propias cifras de denuncias presentadas ante las autoridades electorales.
La contundencia de Rocío Nahle al pronunciar el “fuera máscaras” marca un parteaguas. Veracruz no puede ni debe tolerar que el poder político sea rehén del crimen. Lo que se disputa hoy no es una gubernatura, una alcaldía o un escaño: es la soberanía del estado frente a la amenaza de un narco gobierno disfrazado de partido político.
¿O usted qué opina?
Al tiempo.
astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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