Alfredo Bielma Villanueva
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La amelcochada retorica del panegírico común y corriente, más corriente que común, acostumbra a adoptar poses apologéticas cuando se refiere a quien está a cargo de la presidencia de la república, de una gubernatura estatal o hasta de una alcaldía, sus propósitos son evidentes porque con el fácil halago pretende obtener canonjías de beneficio personal. Ese fenómeno lo hemos podido advertir en Veracruz cuando se vertía baba amelcochada sobre cuanto decían o hacían Fidel Herrera, Duarte, Miguel Ángel Yunes Linares, por referir a los más recientes ejecutivos estatales. Curiosamente poco de eso observamos respecto de Cuitláhuac, quizás porque en verdad la materia gris brillaba por su ausencia. En el caso actual, es muy temprano para lanzar loas a la gobernadora Rocío Nahle porque tiene apenas ocho meses en el ejercicio gubernamental, luego entonces también sería necio exigirle resultados inmediatos en materia de seguridad, salud, educación, infraestructura física, mejoramiento urbano etc., que son asuntos prioritarios en la entidad veracruzana. Aunque, en honor a la verdad debemos reconocer las diferencias sustantivas entre ella y su antecesor en la gubernatura. Será hasta que llegue el tiempo de la evaluación a su trabajo cuando haya oportunidad de saber en qué medida cumplió con el mandato popular.
Pero si nos referimos al gobernador Dante Delgado (1988-1992) estamos exentos del riesgo de pronunciar halagos interesados si afirmamos que ha sido uno de los mejores gobernadores de Veracruz. Esta afirmación no es de índole subjetiva porque se sostiene en base a parámetros fácilmente medibles y el testimonio de la obra pública ejecutada durante los cuatro años en que se desempeñó como gobernador en interinidad de Gutiérrez Barrios, quien fue elegido para el sexenio 1986-1992. Dante Delgado coexistió políticamente con el presidente Salinas de Gortari (1988-1994), cuyo exitoso programa de Solidaridad tuvo especial énfasis en Veracruz gracias a su buena implementación por el gobierno presidido por Delgado Rannauro. Lugares como la conurbación Veracruz-Boca del Rio recibieron subrayado impulso en su desarrollo urbanístico, a su vez impulsado en su tiempo por el gobernador Acosta Lagunes, quien sentó las bases para la continuación con Dante. El World Trade Center y el Acuario son solo dos de los testimonios históricos de ese sustantivo avance. El municipio de Tepetlán, geográficamente marginado, situado en zona serrana, a un lado de Naolinco, Landero y Coss y Acatlán, fue lugar de la visita presidencial de Salinas de Gortari, puesto como ejemplo nacional del programa Solidaridad. Fueron muchos los alcaldes veracruzanos que aprovecharon el fuerte impulso que Dante dio a ese programa para pavimentar calles y banquetas y modernizar su alumbrado público. Como suele suceder, todo gobernante tiene luces y sombras, del imperio de uno de esos dos elementos depende su calificación, en el caso de Dante destacaron las luces. Salvo mejor opinión.
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