10 de Marzo de 2026
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CAMALEÓN - Alfredo Bielma Villanueva
¿De la evolución electoral a la involución?
2025-08-04 - 21:49

 


 


Alfredo Bielma Villanueva


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En 1963 el Congreso General aprobó la creación de la figura político-electoral denominada “diputados de partido” en un intento de desfogar la presión de grupos y partidos opositores para, en lugar de manifestarse a través de huelgas obreras y magisteriales exigiendo mejores condiciones de vida y laborables tuvieran voz en la Cámara de diputados del Congreso de la Unión. En la elección federal de 1964 se eligió presidente a Díaz Ordaz y a senadores y diputados al Congreso de la Unión, entre ellos los primeros diputados de partido. Fue celebre aquella primera experiencia de oposición legislativa porque Adolfo Christlieb Ibarrola, diputado de minoría por el PAN, y Vicente Lombardo Toledano, diputado de minoría por el Partido Popular Socialista, ambos dirigentes partidistas, protagonizaron inéditos debates camerales de elevado nivel, demostrando la eficacia de una reforma electoral que, pese a la hegemonía priista, propiciaba el acceso a los pasillos del poder a una oposición beligerante pero constructiva. El presidente Echeverría realizó un tímido avance, aunque valioso para su tiempo pues disminuyó el requisito de edad para ser diputado, por lo cual en su segunda legislatura un buen número de jóvenes mexicanos tuvieron acceso al Congreso de la Unión en calidad de diputados. Pero fue con el presidente López Portillo, un estudioso de la Teoría del Estado, cuando se promovió la reforma electoral más sustantiva de sus tiempos diseñada por Jesús Reyes Heroles, pub licada en 1977 y puesta en práctica en la elección de 1979, con ella surgieron la elección por el principio de mayoría relativa y el de representación   proporcional, por este último fue posible el acceso al Poder Legislativo Federal y de las entidades federativas de militantes de diferentes partidos de izquierda y de derecha que finalmente se sentían escuchados en sus exigencias de apertura política.


Esa reforma electoral fue el ábrete sésamo para una apertura política e ideológica incluso al interior del Partido Revolucionario Institucional y dio margen normativo a la inconformidad manifiesta de parte de su ala izquierda encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo, entre otros, cuya protesta enojó a la cúpula gobernante, que decidió su expulsión del PRI. Así nació la posibilidad de una oposición con inusitada capacidad de convocatoria que dio tremendo susto en la elección de 1988 al gobierno priista. Para desactivar las protestas de supuestos fraude electoral, con una bancada perredista bastante numerosa, el PRI, junto con el PAN conciliaron posiciones y a propuesta gubernamental, se creó el Instituto Federal Electoral en 1990 en sustitución de la Comisión Federal Electoral que organizaba elecciones a nombre del gobierno. En 1994 otra reforma electoral. La reforma de 1993 dio a la oposición acceso al senado, ya integrado el PRD a las negociaciones de las reformas, se introdujeron la credencial de elector, el padrón electoral, consejeros ciudadanos, se eliminó el principio de auto calificación electoral que se transfirió al Tribunal Electoral,  tipificación de delitos electorales, se eliminó el voto de calidad del secretario de gobernación, etc. Después vino la reforma electoral de 1996 y todo ese conjunto de reformismo electoral, combinado con la creación de organismos autónomos que consolidaron un avance en el equilibrio de poderes y el sistema de contrapesos sirvieron de base para un genuino avance democrático que auspició la alternancia en la presidencia en 2000 y finalmente la oportunidad sine qua non para que López Obrador tuviera oportunidad democrática de llegar a la presidencia. Fue una sucesión de reformas para el avance democrático. Ya se verá en qué cpnsiste la propuesta de reforma electoral anunciada por la presidenta. Ojalá sea para bien de la democracia en México y no para retroceder hacia un régimen de partido hegemónico, como un vino añejo en odre nuevo.


 


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