A partir del período institucional de nuestro país las sucesiones presidenciales han sido pacíficas y con perfectibles matices democráticos, por la vía de elecciones se han sucedido los gobiernos del PRI hasta el año 2000, del PAN entre 2000 y 2012, nuevamente el PRI de 2012 a 2018, año este último cuando MORENA llevó a López Obrador a la presidencia de México, repitiendo triunfo en 2024 con Claudia Sheinbaum. La herencia que recibió de su antecesor la actual presidenta consiste en un paquete cuyo contenido va de un fuerte déficit fiscal que le ha impedido un despegue afortunado para emprender la implementación de sus proyectos, hasta un país envuelto en una espiral de violencia difícil de contener porque en una porción importante del territorio nacional el Estado no mantiene completo control. Para nuestra fortuna las fuerzas armadas mexicanas han demostrado lealtad a las instituciones y han sido impermeables a tentaciones golpistas, esa circunstancia otorga amplio margen operacional al gobierno mexicano y ojalá así prosiga. Desde esa perspectiva no parece haber problemas, sí en cambio en el contexto de una voluntad transexenal cuyas complicidades han salido a flote poniendo al gobierno en la difícil tesitura de romper el cordón umbilical para salir a flote o mantenerse obligadamente uncido a un antecesor bajo sospecha. Son tiempos de coyuntura, en los cuales no alcanzan los recorridos territoriales para inspirar confianza, en una población ayuna de medicinas, educación de altura, servicios públicos de calidad e infraestructura física insuficiente y con avanzado deterioro.
_____________________________