Alfredo Bielma Villanueva
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Los resultados del proceso electoral del año en curso en la entidad veracruzana en términos generales favorecieron a MORENA, partido que se llevó la mejor tajada de la geografía municipal veracruzana. Al socio político, el Partido del Trabajo, no le fue mal en su participación electoral al margen de su ya tradicional alianza con el partido en el gobierno. Por el lado de los partidos opositores el PRI dio un paso más hacia el precipicio al reflejar en votos su ya muy deprimida convocatoria entre la ciudadanía de esta entidad. El PAN, que análogamente al PRI mantienen una directiva perdedora, perdió en esta ocasión su calidad de segunda fuerza política, condición que por el numero de alcaldías electoralmente obtenidas le corresponde ahora a Movimiento Ciudadano. Pero esa calificación de nada ha servido porque en lo subsiguiente el partido de Dante Delgado, ya sin Dante, fue sometido a subterfugios legaloides que le arrebataron los triunfos conseguidos en Poza Rica, Papantla y Jaltipan, los dos primeros ya asignados a quienes fueron candidatos de MORENA y en el tercero habrá nuevas elecciones.
Cuando en una democracia se tergiversa la voluntad ciudadana es señal de que su estructura cruje, peor aún cuando aquello comienza a formalizarse como un lugar común, si nos atenemos al hecho, ese sí histórico, de cómo la autoridad electoral concedió al partido en el gobierno, MORENA, la mayoría absoluta en el Congreso Federal. Pero, en el caso particular de Movimiento Ciudadano, llama la atención el aparente conformismo con el que aceptó haber sido despojado de un triunfo electoral respaldado por la ciudadanía de Papantla y Poza Rica. Más aún por la irregularidad en cómo se resolvieron esos casos, otorgando el triunfo a quien no ganó la elección. De la euforia del triunfo electoral MC pasó a una derrota indignante, ¿qué explicación viable podrá darles a sus seguidores en los municipios referidos? En todo caso exhibe ausencia de capacidad para organizar la protesta ciudadana. En nuestro sistema político considerarse como segunda fuerza política implica capacidad de respuesta contra acciones que lesionen los intereses partidistas, y si para esto no hay fortaleza, mucho menos habrá para defender el interés ciudadano. Es también la diferencia de MC con Dante Delgado y MC sin Dante.
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