Sergio González Levet
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De acuerdo con lo que manda la política desde el nivel preescolar, la flamante Fiscal General de Veracruz, Lisbeth Aurelia La Breve, quien tomó posesión del cargo el 8 de diciembre pasado -apenas lleva tres semanas de gloria- debería presentar su renuncia inmediata al cargo después de que fue señalada como la culpable de la enorme pifia de acusar a un periodista incómodo -los que son cómodos no son periodistas- con el delito de ¡terrorismo!
La Breve Señora, en su afán de quedar bien con la amiga de su jefa -una licenciada, dicen, poderosa en el sur profundo, el Deep South que le dicen- y con su propia jefa, no se paró en mentes en inventarle a Lafita León, un experimentado reportero de nota roja, los peores señalamientos para refundirlo en la cárcel de Duport-Ostión cuando menos por todos los días navideños, con lo que dejó al colega y a su familia sin nada que festejar y con muchos miedos ante el peso avasallador de la autoridad sin freno.
La Lisbeth Aurelia, que estaba estrenando el puesto anhelado después de esperar más de un año a que Verónica Hernández Giadáns se convenciera de poner su renuncia, quiso hacer gala de sus funciones y le endilgó al inocente tundeteclas ni más ni menos que los delitos de “terrorismo, encubrimiento por favorecimiento y contra las instituciones de seguridad pública”.
Todo eso que no más de verlo da pavor penal fue, imaginamos todos porque la Fiscalía no ha dicho esta boca es mía a la hora de señalar los detalles de la imputación, ni más ni menos porque a Rafael León Segovia se le ocurrió grabar el accidente en el que participó la hija de una potentada abogada del antiguo Puerto México, que se dice “muy amiga” de la ingeniera Rocío Nahle.
La cosa es que como a la brevísima funcionaria se le ocurrió quedar bien con la exageración de las culpas, metió en un brete a la Gobernadora, que fue interrogada apenas este fin de semana por la Secretaria de Gobernación para que explicara cómo se les había ocurrido mentar un delito que en México no existe por decreto presidencial. Es que Claudia Sheinbaum había dicho y redicho en La Mañanera que en el país no había terroristas, cuando a la nueva Fiscala estatal se le ocurrió inventar uno y sacarlo a la palestra estatal, nacional y hasta internacional.
Así que Lisbeth Aurelia debe estar vaciando los cajones que apenas estaba llenando y ya se disponen los periodistas verdaderos a ensayar los nombres de quienes están en la línea de salida para sustituirla.
Está fácil, porque estuvieron en las listas hasta noviembre. Son el insigne doctor en Derecho Tomás Mundo Arriasa, creador del histórico Proyecto Inocencia en Veracruz; el diputado Diego Castañeda Aburto, que ha sido y sigue siendo muy cercano a la mandataria, y ahora se suma el nombre del reciente Visitador General de la Fiscalía, el licenciado Ezequiel Castañeda Nevares, cuyo nombramiento fue muy celebrado por su impecable currículum profesional y político.
Veremos si triunfa la cordura o si gana el empecinamiento.
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