Alfredo Bielma Villanueva
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A quienes por alguna circunstancia favorable acceden al manejo del poder, alcalde, gobernador@ o presidente@ se habrán convencido de la dificultad para mantener en la conciencia ciudadana una opinión favorable hacia sus acciones de gobierno, porque en la diversidad de condiciones inherentes a una sociedad no es posible dar satisfacción a todos “ni ser monedita de oro para caerle bien a todos”. Percepción diferente la tienen aquellos cuya trayectoria en los asuntos de la política deviene de mucho tiempo en esa actividad, son profesionales de la política, no improvisados, pues, y cuando acceden al poder se esmeran por a través de sus acciones satisfacer las necesidades de amplios sectores sociales. Incluso, algunos con mefistofélica visión buscan para ese propósito la colaboración de quienes se dedican a informar y a crear opinión. Ese es el arte de convencimiento colectivo para que las acciones políticas obtengan el reconocimiento público. En ese contexto, es posible advertir que gobernar es una ciencia porque combina sensibilidad social con el previo adiestramiento para diseñar las políticas públicas con el arte de convencer acerca de las bondades de dichas acciones.
No es fácil esa tarea. En la entidad veracruzana hemos tenido gobernadores bien calificados, otros no tanto y algunos peores, enumerarlos con su respectiva calificación no es propósito de este comentario. Pero podemos ejemplificar con dos casos la forma en cómo percibe o moverlo a percibir al gobernado respecto a sus gobernantes, independientemente de su legado material. Fernando Gutiérrez Barrios fue electo para el periodo 1986-1992, sin embargo, solo estuvo dos años en ese ejercicio porque atendió la invitación de Salinas de Gortari para integrarse a su gabinete como secretario de Gobernación, lo sustituyó Dante Delgado quien concluyó el periodo de 1988-1992 con elevado rango de aceptación. La calificación de los medios a Gutiérrez Barrios lo definía como “el mejor gobernador de Veracruz”, una opinión que chocaba con la de ciertos analistas que no encontraban en la realidad objetiva una muestra fehaciente que confirmara aquella opinión. Hubo quienes se preguntaban si esa opinión favorable hacia Gutiérrez Barrios hubiera sido la misma si en vez de irse a la secretaría de gobernación hubiera caminado hacia su casa. Pero para esos efectos, encontramos el caso de Fidel Herrera Beltrán (2004-2010) quien cumplió todo su periodo y fue extremadamente generoso con los medios de comunicación, sin embargo, en contraste con la opinión hacia Gutiérrez Barrios, quien también fue generoso con los medios, a Fidel le regatearon una opinión favorable incluso quienes pasaron de la inopia económica a las delicias de la condición económica resuelta. ¿Qué hizo bien Gutiérrez Barrios? ¿Qué hizo mal Fidel? Pudiera profundizarse el tema, pero no se olvide la participación de otro elemento de central importancia: la condición humana. Arte y ciencia es la política, sin duda.
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