-Urbanos destartalados premiados con alza
-Daniela, un verdadero caso ¡de honestidad!
Gustavo Cadena Mathey
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(Premio Nacional de Periodismo otorgado por periodistas de la Ciudad de México)
Buenos y retefríos días, apreciado lector:
En estos tiempos realmente apocalípticos que vivimos, donde lo dramático parece ya “normal”, como lo narraba ayer el diputado Héctor Yunes Landa al encontrarse en Huatusco con un cadáver amarrado a un palo al estilo del Cid Campeador, uno se pregunta: ¿qué más falta por ver?
Pero no todo son escenas de espanto. También hay relatos que devuelven fe en la vida diaria.
Se trata de un asunto que le pasó “al primo de un amigo”. Manejaba temprano hacia su trabajo cuando su coche se desconchinfló. Lo dejó en el taller y al día siguiente tomó el urbano rumbo a la Plaza Cristal.
El camión brincaba. Se sacudía. Los pasajeros, involuntarios bailarines de zumba. En una parada, el primo logró asiento en la cola. El destartalado ex–camión escolar de güeritos gringos, recién premiado con aumento al pasaje, se posó con estridencia en el paradero.
Al bajar, entre puertas movedizas que parecen trampas, el primo caminó por el rumbo al Congreso, edificio orgullo de Dante Delgado. Buscó en sus bolsillos… y nada. El celular, ese confidente moderno, había desaparecido. “No puede ser, ya solo falta que me orine un perro”, pensó.
En la oficina, su amigo Benito le aconsejó: “Márcaleee”. Así lo hicieron.
Casi de inmediato una voz femenina respondió:
—Sí, lo vi en el asiento y lo recogí.
—¿La puedo encontrar en algún lugar?
—Trabajo en la Fiscalía, por Arco Sur. Si puede venir…
Media hora después, ya estaba frente a la joven colaboradora de la institución que hoy reordena la magistrada doña Lisbet Aurelia Jiménez Aguirre. Se llama Daniela. Delante de testigos, en el nuevo edificio le entregó el celular. No aceptó recompensa. Y dijo con serenidad:
“Hola señor, buen día. No tiene nada que agradecer. Le devolví su teléfono porque es lo que haría cualquier persona que sabe el esfuerzo y las horas de trabajo que cuestan nuestras cosas. Me alegra saber que le genere buena impresión. Excelente día.”
En tiempos de cinismo, la voz de Daniela sonó como un bálsamo. Shakespeare tenía razón: no todo está podrido. Todavía hay jóvenes que conocen y aplican los grandes valores humanos.
Felicidades a Daniela y a sus padres, que sembraron esa conducta de honestidad ya poco apreciada.
Y como siempre: a pesar del frío, no olvidemos cuidar las plantas y el agua. Pronto se irán los calores y vendrá la tortura de la carestía. Ojalá los gobiernos estén preparados. Tenga paz y armonía en su hogar. Ahh, y también cuidar nuestra democracia, que —a diferencia del internet— no tiene repetidor. ¡Aguas!
gustavocadenamathey@hotmail.com
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