Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Ayer, 14 de febrero, se cumplieron 10 años del fallecimiento de Muriel Casals i Couturier (1945 – 2016) y mañana, 16 de febrero, se cumplirán 5 años de privación de libertad al rapero Pau Rivadulla i Duró (n. 1988), conocido, artísticamente, como Pablo Hasél. Por eso, me parece necesario mantener siempre vivos sus pensamientos y su activismo, y ponernos las pilas para movilizarnos y exigir la excarcelación de Pau.
En primer, una breve síntesis biográfica de ambos:
Muriel Casals (nacida en Avinyó, Catalunya Nord; y fallecida culpa el atropellamiento por un ciclista), fue economista, profesora universitaria y política catalana, como presidenta de Òmnium Cultural y diputada al Parlament, por ‘Junts per Sí’, fue una de las caras visibles del independentismo.
Una de sus frases que se hicieron populares, fue: ‘No som aquí per buscar un somni. Nosaltres som el somni’ (No estamos aquí para buscar un sueño. Nosotros somos el sueño), si bien también destacaron otras como:
Evidentemente, su pérdida prematura y de forma súbita, comportó un gran shock entre los independentistas, y entre los unionistas de buena fe (cabe suponer); pero, pasados 10 años, la nostalgia se va difuminando, cosas de la vida, de la vida marcada por la inmediatez y por el relativo confort.
Obviamente, no hemos de sacralizar a nadie, ni pedir su canonización, ‘santo súbito’; pues ella, con su lucidez y pragmatismo, lo rechazaría. Pero deberíamos profundizar en su legado, en sus pensamientos, para seguir aprovechando sus enseñanzas Y una buena base es releer su libro titulado: ‘La fam i l’orgull’, en el que la propia autora, en el 2013, compiló sus frases más significativas.
Y, en cuanto hace referencia a Pau Rivadulla, un joven independentista, rapero, escritor, activista, y crítico social, a lo largo de su carrera, fue censurado repetidamente y, en el año 2018 fue condenado por la audiencia nacional a nueve meses y un día de prisión, además de multas, por los delitos del terrorismo e injurias a la corona y a las fuerzas de seguridad, en sus canciones y 64 tuits (en la sentencia nº 3/2018, se relacionan todos lo comentarios).
Posteriormente, la audiencia nacional le condenó a la pena de dos años y multas de 24.000 euros, por delitos de enaltecimiento del terrorismo, con el agravante de reincidencia, e injurias y calumnias contra la corona y las instituciones del estado, en el año 2018, le condenó a dos años de prisión y multa de 15 meses a razón de 30 €/día, con responsabilidades subsidiarias de 6 meses. Y en el 2023, por diferentes causas, recibió una sentencia de 5 años de prisión y 8 años en libertad provisional.
Ingresó en prisión en febrero del 2021, siendo la sentencia avalada por el tribunal europeo de derechos humanos, en el 2023.
La Assemblea Nacional Catalana viene desarrollando una campaña en favor de la puesta en libertad de Pau; y el pasado día 12, más de 200 catedráticos y profesores de diferentes países, firmaron un manifiesto. Y esa campaña postula a Pau como candidato al Premio Internacional Andrei Sàkharov, que otorga el Parlamento Europeo. Pero conociendo la formación de ese parlamento y su percal, no tengo ninguna esperanza de que se le otorgue.
Ya sabemos que en el reino español no hay libertad para criticar a la monarquía y a sus diferentes tentáculos que conforman el poder; ni para según qué manifestaciones. Incluso aunque con posterioridad se ‘confirmasen’ los desmanes del rey emérito, que Pau criticaba. Pero es igual.
Y si no se complica su situación penal, sumándose nuevas sentencias de causas no firmes, saldrá de la cárcel el 14 de abril del 2027, habiendo pasado 6 años.
Y la ciudadanía, en general, tragamos y olvidamos, salvo honrosas excepciones; y aceptamos y asumimos esas sentencias, pues ya las vemos muy lejanas en el tiempo; pero Pau sigue privado de libertad.
Volviendo a las enseñanzas de Muriel, me parece que, si reviviera, y contemplase el actual panorama político catalán, se volvería a ir, pensando que hemos fracasado y que sus ilusiones y esperanzas, eran meros espejismos de una sociedad inmadura y superficial.
En definitiva, que tenemos mucho trabajo si realmente queremos tener un vida socialmente digna.
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