Francisco Cabral Bravo
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Nací y crecí en un México que confiaba en que todo delincuente sería castigado. Las instrucciones eran tan escasas que se convertirían en una leyenda inolvidable a la que se referían como que "nunca supo". Hoy, la impunidad alcanza un vergonzante 98% según los propios datos oficiales. El crimen creció de manera incontenible, la carga reventó las instituciones, los presupuestos son insuficientes, las leyes se han deteriorado, no hay el necesario personal técnico de alto rango, el cual es muy escaso y es muy caro. En fin, no hay un remedio fácil.
Esto no es una crítica a las fiscalías, sino un llamado a los gobernantes, a los legisladores, a los tesoreros para que no las abandonen. El caso es que, con culpas de alguien o sin culpa alguna, hemos llegado a ese pavoroso 98% de impunidad, tan vergonzoso ante el mundo, pero, sobre todo, ante nosotros mismos que somos nuestros jueces supremos.
Quizá no se pueda culpar a un Estado por no remitir la pobreza que él no instaló o por no ganar la guerra que él no provocó. Pero es innegable que, de pérdida, está obligado a aplicar la ley que el propio Estado expidió. Es muy duro decirlo, pero el gobierno que no puede ni siquiera que se cumplan sus propias leyes ya está perdido. Para Seymour Lipset, ese es el síndrome infalible de la impotencia política, pero también social.
Porque lo peor es que ahora hay muchos que dicen y que creen que el crimen ya no se castigue, si no que se premia con riqueza, con poder, con fama y hasta con aplauso. El crimen duele, pero la impunidad enoja. La mezcolanza de dolor y enojo se llama furia y es el ingrediente más peligroso de la política. El dolor es el combustible, el enojo es el comburente y la furia es el carburante. Es lo que tira gobiernos, lo que destruyen naciones y lo que marca destinos. Es lo que nos dice el tamaño de la bomba, pero no nos dice el largo de la mecha.
En otro contexto El eterno femenino, farsa, obra magistral de la entrañable Rosario Castellanos, farsa, retrato de época, años 70, México. Los estereotipos femeninos, surgidos de diversos mitos, desfilan en un salón de belleza. A más de 50 años, de muchas reformas legales, muchas políticas públicas, muchas marchas y tristemente muchos feminicidios y un gran número de madres buscadoras, ¿qué ha pasado con las mujeres? Su situación se modificó. En 1970, solo una senadora entre 58 senadores. Al salón de belleza siglo XXI solo acuden senadoras. Reformas legales, cuotas y ahora, paridad en todo lo hicieron posible. En la actual Cámara de Senadores, las mujeres representan 50.8% del total.
¿Cómo interpretaría Rosario lo que sucede ahí? ¿Es lo malo de sacar a las personas de la cocina y darles un curul? "Sus maridos no pudieron ser diputados y las pusieron a ustedes, las pusieron a ustedes para cubrir esa cuota de poder y hoy vienen a destrozar y a hacer pedazos, lo digo de frente al pueblo". Sor Juana: "Hombres necios".
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