Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Nuestra percepción de la realidad nos comporta una total absurdidad que, con el síntoma clínico de la desorientación, nos deja en una situación precaria e insegura, en la que nuestros pensamientos carecen de sentido o propósito aparentemente lógico, como he podido constatar esta mañana, ‘discutiendo’ con un compañero más joven y pragmático, mientras que yo soy un viejo utópico. Hoy día, visto el sentido inarmónico y disonante que nos domina por doquier, y que nos ha privado de patrones y de guías, nos tientan con la comodidad de abandonar sentimientos que consideran caducados, como puede ser el deseo de la independencia, y nos quieren hacer creer que están fuera de lugar, a pesar de que muchos sigamos firmemente aferrados y anclados a nuestros ideales, como intento elucubrar en este escrito.
Y la principal causa de esa aparente inarmonía, es debida a nuestra precaria capacidad memorística y, así, se confirma que el que no sabe la historia (o quiere olvidarla, por ejemplo, la represión del 1 de octubre del 2017 y posterior), está condenado a repetirla, pues no aprendemos de nuestros errores y obviamos la capacidad de corregirlos.
Hoy, 07 de marzo, se cumplen 61 años del llamado ‘Domingo Sangriento’ de 1965, en el que la policía de Selma (Alabama) junto con los soldados estatales, asaltaron el Puente Edmund Pettus, en el que había 600 manifestantes por los derechos civiles, que intentaban realizar la marcha de Selma a Montgomery, para reclamar al gobernador George Corley Wallace Jr. (1919 – 1998) que protegiera los derechos de los votantes negros. El resultado fue que la policía montada atacó brutalmente a los manifestantes, causando gran cantidad de heridos.
Posteriormente, Martin Luther King (1929 – 1968) organizó una segunda marcha, incumpliendo la orden judicial que el juez había impuesto, y llegaron hasta el mencionado Puente Edmund Pettus; y el 21 de marzo de ese mismo año, organizó una tercera marcha, que llegó a Montgomery el día 24.
Y este ejemplo me parece muy ilustrativo de la inacción activa, de resistencia pacífica y, en definitiva, de la desobediencia civil, aplicadas por Mahatma Gandhi (1869 – 1948), como cité en un escrito de hace un par de días.
Pero, como he dicho, somos incapaces de aprender de la historia, incluso de situaciones como la precedente, que tuvieron un resultado relativamente positivo. Y, lo que es más grave, olvidamos los sacrificios de muchos héroes anónimos, que sufrieron para que tuviéramos un mundo mejor; un mundo que, en la actualidad, impresentables como Trump, Netanyahu, Putin, etc., quieren revertir, pues parece que buscan llevarnos al pasado preindustrial, absolutista, en el que la población era vasalla, sin derechos de ciudadanía, que, como el mejor necio, se limitaba a mirar el dedo del monarca de turno, asumiendo las limitaciones impuestas por sus normas y reglas (como pudimos observar en la fábula de Jodorowsky sobre el ‘buda de madera en el templo en llamas’), y, así, aceptamos acríticamente la ‘bondad’ de las normas impuestas, como, por ejemplo, la constitución española, ‘impuesta’ por el postfranquismo, con la ‘tutela’ del ejército; con unas restricciones imposibles para autocorregirla.
Así, los diferentes poderes (todos) han conseguido desorientarnos, confundirnos, desmotivarnos y desmovilizarnos; pues muchos de nuestros anteriores líderes independentistas, son los primeros en estar desorientados, confundidos y desmotivados, y ya les va bien el statu quo, para mantener sus actuales prebendas, privilegios y su relativo reconocimiento.
Buscando una fábula que se adaptase a esta situación, y tuviera un cierto aire pedagógico, ‘curiosamente’, la consulta en el Google me ha presentado una fábula ‘original’ elaborada por la IA, que es la siguiente:
‘El camaleón que no sabía de qué color ser
Había una vez un camaleón joven que vivía en un jardín monocromático, o al menos, eso creía él. Un día, se posó sobre una valla pintada con franjas de colores vibrantes, amarillo, rojo y azul, que cambiaban con la luz del sol.
El camaleón, acostumbrado a los tonos tierra, entró en pánico; intentó ponerse amarillo, pero pasó a rojo; intentó ponerse rojo, y se volvió azul. Cada movimiento que hacía cambiaba su color a uno diferente, provocando que se confundiera aún más.
¡Estoy perdido!, gritó el camaleón; ¡no sé quién soy!
Un viejo búho, que observaba desde una rama, le dijo: No busques ser igual a tu entorno en todo momento. Tu desconcierto viene de intentar complacer a todos los colores. Eres tú mismo, sin importar el tono que lleves puesto.
Moraleja: el desconcierto surge cuando perdemos nuestra identidad intentando adaptarnos a un entorno caótico o cambiante. Aceptarse a uno mismo, es la clave para la tranquilidad’
Es verdad que dejarse dominar por los algoritmos, es el summum de la esclavitud y de la pérdida de nuestro pensamiento crítico; pero, de todos modos, me ha parecido que esa fábula puede motivarnos para ser lo que queremos ser, y superar el estado de ánimo depresivo de desorientación y perplejidad en el que estamos, como el citado camaleón.
Por todo ello, en definitiva, si por ejemplo, fuéramos capaces de superar esa desorientación y perplejidad en la que nos lleva la ‘última’ argucia del equilibrista Pedro Sánchez, con su ‘no a la guerra’, y su defensa de los derechos fundamentales de la humanidad, en general, pero manteniendo su férrea política represiva de la voluntad de los catalanes, y decidiéramos abandonar la comodidad del sofá de casa, seríamos capaces de aplicar las mencionadas enseñanzas de Gandhi y, también, las del mencionado ‘Domingo Sangriento’, y podríamos avanzar para alcanzar nuestros deseos de independencia, si la sociedad catalana en general, plena y coherentemente informada de forma honesta y objetiva, así lo decidiese.
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