Sergio González Levet
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Bueno, tienen que justificar su defección como sea, así que se inventaron cargos de conciencia inexistentes y se desgarraron las vestiduras ideológicas para gritar que después de competir por otro partido y ganar la elección en su municipio, vieron que estaban en el lado incorrecto de la historia (y del presupuesto) y por eso decidieron mejor volver al redil, “por su propia voluntad y sin que nadie los presionara, ¿eh?”
Así, presidentes municipales que llegaron por MC, por el PRI, por el PAN, por el PT ahora se han convertido a la religión oficial y desde hace algunas semanas o días enarbolan su orgullo de ser morenistas por primera vez o de nuevo, y se encaminan -sueñan, pobres- a disfrutar las mieles del regreso con gloria.
Pero lo cierto es que los presidentes municipales de oposición que han hecho pública y verdadera su voluntad de volverse morenistas han llegado a eso por la vía de la amenaza o de la compra: conversión o cárcel; conversión, y presupuesto para obras.
Pero han olvidado un pequeño detalle, y es que los morenos son soberbios y no cumplen su palabra; son mentirosos y defraudadores. La historia lo ha demostrado con creces y los dirigentes del PT y del Verde lo pueden atestiguar fehacientemente.
Así que quienes se han dejado embelesar por el canto de las sirenas cuatroteras, más temprano que tarde van a chocar con la decepción, cuando vean que las carreteras, los puentes, las aulas que les prometieron a cambio de su traición nunca se harán realidad, y que los expedientes en su contra que serían desaparecidos siguen tan vigentes y tan amenazantes como siempre.
El Gobierno de la cuarta tiene como especialidad el engaño, la mentira, como aparece en su divisa que es al mismo tiempo confesión de parte: “Engañar, robar, traicionar al pueblo”.
Lo que sería bueno que fueran pensando ésos que hoy fueron convencidos por las promesas ladinas de Zepeta, es cómo y hacia dónde se van a ir cuando se den cuenta de que vendieron su dignidad ni siquiera por 30 monedas de plata, sino de a gratis, porque cuando menos el diablo romano tenía alguna palabra y le pagó a aquel Judas lo convenido.
Ya pintada la silla municipal con el conveniente color guinda, sería bueno que la aderezaran con un cojín mullido, pues van a tener que estar sentados mucho tiempo esperando a que lleguen las vanas promesas por las que vendieron al peor postor la voluntad de sus votantes.
La ambición y/o el miedo les llevaron a la traición… y en el pecado están llevando la penitencia.
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