Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Estamos en un grave momento de desconcierto e incertidumbre y, lo más graves, es que no nos damos cuenta, somos insensibles o nos es igual; por eso, solo nos queda la insurrección, como planteo en este escrito.
El OuLiPo (acrónimo de ‘Ouvroir de littérature potentielle’ (taller de literatura potencial) fue un grupo francés de experimentación literaria, creado en 1960 por el escritor Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais.
Buscaban crear obras con la utilización de técnicas de escritura constrictiva, que consistía en crear un a dificultad para intentar superarlas. Las constricciones oulipianas podían ser de un elemento lingüístico (letra, palabra o fonema) o bien un constructo matemático como una ecuación o un algoritmo.
Si el surrealismo abandona la razón y acude al inconsciente en la búsqueda de un proceso de creación sin restricciones, el paradigma oulipiano traza la ruta en sentido contrario y aplica conscientemente restricciones que le permitan nuevas formas de creación, mediante reglas autoimpuestas, como escribir sin una letra específica (lipograma), usar estructuras matemáticas, o el método ‘S+7’ (sustituir cada sustantivo por el séptimo posterior en el diccionario).
(fuente: varias páginas de Wikipedia)
Afortunadamente, ese movimiento no tuvo gran éxito, a pesar de que importantes escritores lo practicaron puntualmente, como Italo Giovanni Calvino Mameli (1923 – 1985), Henri Robert Marcel Duchamp (1887 – 1968), o George Perec (1936 – 1982), etc. Este último tuvo un notable éxito con sus obras tituladas ‘La disparation’ (1969) escrita sin la letra ‘e’, la más frecuente en francés; como ejercicio de su lipogramática; ‘Ejercicios de estilo’ (1947), que contaba la misma historia contada de 99 formas distintas, o en ‘La vie, mode d’emploi’ (1978) que explicaba la vida de los habitantes de un edificio, que, para moverse de un piso a otro, utilizaban los movimientos del caballo en el ajedrez.
Personalmente no veo ninguna gracia en la lectura de un texto pensando en la superación de esas restricciones liponianas, pues me parece que, salvo que se tuviera un gran dominio, se perdía el valor estilístico expresivo y el sentido de las historias, y más, si nos las explican de 99 formas distintas. No me parece interesante introducir juegos matemáticos en la expresión literaria, si bien la poesía, tradicionalmente, ha aplicado un claro esquema matemático en sus estructuras: rimas y métrica. Por ejemplo, los sonetos son composiciones de 14 versos endecasílabos (11 sílabas) organizados en dos cuartetos y dos tercetos con rima consonante; o el haiku japonés, compuesto por tres versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente. Por eso me cuesta tanto valorar la poesía, prefiero la poesía con estructura libre (verso libre)
Y, haciendo un gran salto en las comunicaciones (en sus diferentes formas literarias o visuales), ahora nos encontramos perdidos en textos y narraciones falsas (fake news), con apariencia de verosimilitud. Y nos es difícil contrastarlas para separar el grano de la paja, es decir, distinguir lo esencial de lo superficial, lo verdadero de lo falso, pues eso es más difícil que encontrar una aguja en un pajar, por la enorme desproporción entre el objeto y el entorno; así que, sin un potente imán o un detector de metales, es prácticamente imposible.
Pues, en este momento, somos meros peleles (útiles como consumidores) de los poderosos Mark Zuckerberg (Meta: Facebook, Instagram, WhatsApp) con. más de 3000 millones de usuarios; Elon Musk (X); Pável y Nikolái Dúrov (Telegram); Larry Page y Sergey Brin (Google, Alphabet); etc., serviles a sus respectivos gobiernos estatales, al objeto de incrementar sus beneficios, mientras que los respectivos estados se aprovechan de sus potencialidades, como la de Palantir, que he venido comentando en mis últimos escritos. Y, asimismo, esos poderosos alimentan a sus influencers (líderes y creadores de contenidos) como Cristiano Ronaldo (946 M de seguidores), Lionel Messi (627 M), Mr. Beast (583 M), Selena Gómez (533 M), etc., como correas de transmisión subliminal (por debajo de nuestro umbral de conciencia) o supraliminal (conciente)
Pero, claro, por encima de todos ellos, en este momento, en el truth social (plataformas de medios de comunicación social) destaca Donald Trump (@realdonaldtrump) que en Instagram tiene 44 M de seguidores y, entre ellos, obviamente, todos los ‘pseudolíderes’ mundiales, y todos los medios de comunicación y, así, cada mañana nos despertamos con su última ocurrencia del momento, que marca la agenda del día en todo el planeta.
Por todo ello, me parece que sólo nos queda una alternativa, la insurrección, pacífica y democrática, pero consistente, perseverante, persistente, no solo para desmentir tantos bulos, si no, para destituir a todos esos personajes nefastos.
Y por eso me he acordado de la canción ‘Insurrección’ (1986) de El último de la Fila, que transcribo a continuación:
Insurrección
¿Dónde estabas entonces
cuando tanto te necesité?
nadie es mejor que nadie
pero tú creíste vencer.
Si lloré ante tu puerta de nada sirvió.
Barras de bar
vertederos de amor
os enseñé
mi trocito peor.
Retales de mi vida
fotos a contraluz.
Me siento hoy como un halcón
herido por las flechas
de la incertidumbre.
Me corto el pelo una y otra vez
me quiero defender
dame mi alma y déjame en paz
quiero intentar no volver a caer.
Pequeñas tretas
para continuar en la brecha.
Me siento hoy como un halcón
llamado a las filas de la insurrección
Uh – uh
El actual ‘secretario provisionalmente definitivo’ de OuLiPo, Marcel Benabou, escribió:
‘¿Y qué es un autor oulipiano? Es una rata que construye ella misma el laberinto del cual se propone salir. ¿Un laberinto de qué? de palabras, sonidos, frases, párrafos, capítulos, bibliotecas, prosa, poesía y todo eso’.
Pues bien, muchos de nosotros somos esas ratas, pero en laberintos construidos por esos poderosos sin escrúpulos, y sus laberintos son criminales, en su más amplio sentido. Y si no hacemos nada, si nos sentimos cómodos en ese confort fatuo, ridículo y sin fundamento, acabaremos siendo meros apéndices, simples eslabones de las cadenas con las que nos tienen sujetos.
Es sabido que ‘toda cadena es tan fuerte como su eslabón más débil’ (Thomas Reid (1710 – 1796), en sus ‘Ensayos sobre las facultades intelectuales del hombre’, de 1786), y esa debilidad es nuestra fuerza, pues si rompemos nuestro eslabón, y colaboramos para que otros la hagan, no habrá cadena que nos sujete.
Y eso deberíamos tenerlo presente, también, los independentistas catalanes respecto al guardián del reino español, que, en sus formas y fondo no se diferencia en exceso del estilo de Warden de Minecraft (por sus diseños de terror) o Ronan el acusador (de los Guardianes de la Galaxia), por más que, formalmente, se sientan lejanos del estilo y fines de otros modelos, como el de Irma Ida Ilse Grese (1923 – 1945) la sádica guardia de la SS en Auschwitz; un buen ejemplo de ese sadismo, lo tuvimos ayer, con el traslado obligado del expresident Jordi Pujol, de casi 96 años, para humillarle (estresándolo y agotándolo) y humillarnos, si bien cuidaron las formas, evitando todo tipo de fotografía, para aparentar su ‘humanidad’, pero ‘dime de que presumes y te diré de qué careces’.
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