En ese contexto están las cosas en el campo mexicano, donde se le dio la bienvenida al gusano barrenador, una plaga de la que ya nos habíamos librado pero que por un criminal descuido del gobierno del primer piso ha regresado a nuestro país. En materia de salud, el sarampión, ya erradicado hace décadas, ha vuelto a ser amenaza de salud. El “mediocre” (según AMLO) crecimiento económico del país del 2 por ciento del PIB anual durante el periodo neoliberal ya debiera considerarse un paradigma a alcanzar, porque desde hace siete años México no ha crecido siquiera al 1 por ciento. En educación estamos reprobados entre los países de la OCDE. Y frente a tal escenario pleno de índices pesimistas la presidenta asegura que no hay problema para MORENA, y quizás le asiste la razón. Porque, si bien en una democracia madura un partido político en las actuales circunstancias de MORENA visualizaría un futuro electoral complicado, no parece ser el caso de México. Habrá oportunidad para comprobarlo en la elección intermedia de 2027. ¿Existe conciencia ciudadana de cuanto está ocurriendo en el país? ¿habrá una correlación entre el voto ciudadano respecto a lo que se está descubriendo de militantes de MORENA? En una democracia avanzada la ciudadanía adquiere pronta conciencia de su entorno sociopolítico y vota en consecuencia, incluso al margen de lo que hagan los partidos políticos, pero en México lamentablemente aún no alcanzamos el grado de politización que se requiere para evitar que los políticos sigan haciendo de las suyas. Las redes hacen lo suyo: vigilan, critican, exhiben, increpan al político y este se siente en caja de cristal, es un inicio, por lo menos.
