Luis Bustos
Estos tiempos nuevos del 2020 se distinguen por el estado de incertidumbre en que vive la sociedad veracruzana, debido al incremento de la violencia que generan los grupos identificados como “malosos”.
Esto, lo vive la inmensa mayoría de los veracruzanos, de norte a sur y de este a oeste, aunque hay que decirlo, no es limitativo de nuestro estado, sin embargo, a lo que hoy me quiero referir es a la ausencia de confianza del pueblo hacia los distintos cuerpos de seguridad que patrullan nuestras calles y vigilan oficinas, empresas y domicilios particulares.
Quizás, quienes están al frente de las corporaciones desconocen esa inquietud de las familias veracruzanas o, pudiera ser, saben mucho más de los que informan respecto a la presencia y movilidad que tienen los grupos delictivos y por eso permiten que sus elementos cometan algunas acciones lejos de que legalmente es permisible.…. Que anden encapuchados y armados hasta los dientes al patrullar las ciudades, se entiende y se reconoce como necesario para proteger la identidad e integridad de las familias de los policías… eso, es correcto.
Sin embargo, cuando se comenten actos imprudentes de parte de los elementos, hay que señalarlos para evitar caer en violación de derechos humanos, partiendo de la intimidación.
Pondré un solo ejemplo: Cuando los elementos de cualquier corporación policiaca encargada de la vigilancia y custodia de oficinas públicas, de empresas privadas o domicilios particulares, acceden al interior de las mismas por simples trámites administrativos, deben de hacer de lado sus capuchas y desprenderse de sus armas de alto calibre… Eso, señores policías INTIMIDA a la clase trabajadora y más aún a las familias.
Esto lo vienen haciendo elementos del IPAX en oficinas públicas y han causado el temor y la incertidumbre de los trabajadores, situación que fue puesta del conocimiento del mando superior, quien hizo caso omiso de la queja que se presentó de manera personal en sus propias oficinas.
Por donde se le quiera ver, el hecho de que exista un contrato para la prestación del servicio de seguridad, no les otorga derecho alguno para ingresar en oficinas públicas con capuchas portando armas de alto calibre, lo que simple y sencillamente, es un acto de prepotencia que causa intimidación.
Por cierto, lo primero que están violentando es el estilo de gobernar del Jefe del ejecutivo, Ingeniero Cuitláhuac García Jiménez, quien acostumbra conducirse con sencillez en todo momento, haciendo de lado los aparatosos operativos de seguridad para resguardar su integridad.
Próximamente seguiremos hablando de este tema, pretendiendo dar a conocer testimonios sobre este tipo de actos que son, a toda luz, actos de intimidación y prepotencia.
@EnEstaHora
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