Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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El último parte de la guerra incivil española, firmado por el asesino y dictador Francisco Franco, decía:
‘En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado’.
El Generalísimo Franco
Burgos, 1 de abril de 1939
Y este parte de guerra me lo ha recordado el comunicado efectuado por Pedro Sánchez, anteayer, desde Bruselas, y que ya transcribí en mi escrito:
‘la Catalunya de ahora, no es la que había hace 10 años, cuando había habido una pérdida de tiempo (…) Se trata de superar una etapa negra y de no volver a sufrir lo que se vivió en 2017 (…) Este gobierno ha apostado por la única vía que ha demostrado funcionar: dialogar y convivir. Catalunya está mejor. El ‘procés’ acabó y en Catalunya se cumple la constitución (…) Hay varios elementos del ‘procés’ que se han acabado: la unidad del independentismo está rota, la vía unilateral no se plantea, el incumplimiento de la constitución y la quiebra de la legalidad democrática, hoy la ley y la constitución se cumple en todos los territorios (…) a su juicio, lo que queda total ente descartado es un referéndum de independencia como el del 1 de octubre. En Catalunya no va ha haber ninguna consulta de autodeterminación, no porque no cabe en la constitución, sino porque hoy tenemos que contribuir con soluciones que reparen la fractura. Esto que estamos haciendo ahora no lo hacemos por los partidos independentistas, lo hacemos por la convivencia’
En el año 1964, el dictador Franco distribuyó su ‘Medalla de la paz de Franco’, para conmemorar los 25 años de paz; medalla que fue concedida a militares en activo y combatientes veteranos del bando nacional.
Es de esperar que ahora, Pedro Sánchez también imite ese gesto, para felicitar a sus colaboradores más fieles y destacados; es decir, a sus títeres que repiten su mantra como clónicos descerebrados: Bolaños, Iceta, etc.
Es vergonzoso y humillante que, en un proceso de diálogo, una de las partes, declare, unilateralmente, su victoria y la derrota del independentismo. Claro, eso está en sintonía con su estilo: fijar los ritmos de las reuniones, escasísimas, su participación estelar meteórica, la fijación de líneas rojas para descartar los temas prohibidos tratar (amnistía y referéndum).
Y a eso le han llamado diálogo, vaya caradura; y vaya desvergüenza, también, por parte de ERC, por haberse prestado a esa farsa, que, en definitiva, únicamente ha intentado blanquear a Pedro Sánchez. No en vano su parte lo emitió desde Bruselas, para buscar más eco internacional, su único objetivo.
En realidad, la represión continúa y continuará, pues Pedro Sánchez no sólo busca su victoria, busca la derrota, la aniquilación total de los independentistas. Esa es la concepción de los constitucionalistas, la de los unionistas españoles. Quieren la paz de los cementerios.
Sobre el particular, me parece muy interesante transcribir parcialmente un artículo del catedrático de historia contemporánea (UAB), Josep María Solé i Sabaté, titulado ‘Violencia no es convivencia’:
‘La pax romana, o lo que decían sus víctimas: ‘hacen un desierto y le llaman paz’, es lo que pretende el gobierno español del PSOE aliado con los comunes: arrasar o debilitar el independentismo para afirmar que ellos han vuelto a Catalunya a la convivencia perdida.
¿Convivencia perdida? Veámoslo. No fue convivencia, ni concordia, el período de la dictadura franquista con miles y miles de muertos, dolor por todos lados, y miles de vidas, maltratadas para siempre a causa de una guerra civil iniciada por la mayoría del ejército español, faccioso e innoble, al romper la lealtad al régimen legalmente instituido democráticamente por la soberanía popular durante la II República y evitar su consolidación. El objetivo era romper la continuidad democrática imponiendo una dictadura sanguinaria de 40 años.
No es convivencia la Transición democrática ni la ley de amnistía del año 1977 que dejó fuera los nacionalistas catalanes, pero no ETA. No es convivencia la Loapa impulsada por el PSOE después del intento de golpe de estado de un teniente coronel de la guardia civil, una ley que pretendía limar la escasa autonomía catalana de un Estatut hecho a medida por un PSC todavía, entonces, con sensibilidad nacional. (…) El Gal no son propios de vivir con convivencia y derechos humanos. Los Gal son la actuación de criminales pagados por el estado, ejecutando 28 asesinatos y otras atrocidades. Por cierto, con un castigo penal ridículo gracias a los indultos del PP. Todo propio de la negación de la justicia más elemental, no buscando el responsable último de la organización asesina, la famosa X.
La voluntad democrática expresada por Catalunya de decidir su futuro se ajustaba a la promesa que en paz todo se podía hacer. Una falsedad del PDSOE y el PP, que nada tiene que ver con la civilidad. No es democrático ni sociable la permanente aprobación de leyes que desprecian la lengua catalana para ir hacia un sinuoso y pérfido genocidio cultural.
La voluntad democrática de Catalunya expresada en las urnas había decidido poder votar su futuro, no es honesto hacer leyes contrarias a este supuesto, como pasó en la consulta del 9-N. Fundar un partido de diseño (Ciudadanos), basado en el odio, impulsado desde los medios próximos al gobierno español, es crear discordia social. Es miserable la violenta locura colectiva del nacionalismo español excluyente delante el procés.
No es civilizado fundar policías patrióticas, lanzar calumnias para alterar resultados electorales, usar los fondos reservados para actos ilegales de manera que justifica bien el nombre popular de ‘fondo de reptiles’, es incívico golpear pacíficos votantes el 1 de Octubre o destruir vidas a más de 4000 personas con la amenaza que el 2025 se habrán resuelto todos los casos judiciales.
Y un colofón propio de un ejército de ocupación es el saqueo del Museo de Lleida por parte de la Guardia Civil con total falta de garantías judiciales. PSOE y PP, la convivencia se basa en el libre ejercicio democrático de la gente. El resto son elucubraciones’.
(Josep María Solé i Sabaté, El PuntAvui, 16 de diciembre del 2022)
(Es importante señalar que Felip, hermano del citado historiador, es amigo del colectivo de Meridiana Resisteix (Resiste), y está haciendo un libro sobre nuestro colectivo, y para ello, nos entrevistó a bastantes de nosotros; su exesposa también participa en nuestro colectivo, siendo una ilustre miembro. La hija de ambos, Queralt, también historiadora, se ha especializado en las víctimas del Valle de los Caídos)
En esta línea de balance, el escritor y poeta Miquel de Palol, en una entrevista concedida el pasado día 15 a Ot Bou Costa (Vilaweb), tras la publicación de su ensayo ‘Frase Variata’ (Editorial Barcino), sobre el fracaso del ‘procés’ y la situación actual en Catalunya, señala que ’los españoles han hecho lo que sabían hacer, los catalanes, no’.
‘Ellos (los españoles) no conocen prácticamente nada. Se han creído la historia que se han inventado y piensan que los catalanes nos hemos inventado la nuestra. Catalunya, según ellos, ha sido española siempre y nosotros somos unos españoles extraños que tenemos la manía de hablar en catalán y que nos inventamos el pasado. Y nosotros no sabemos que los castellanos son descendientes de un pueblo de pastores guerreros. Con una idiosincrasia muy defensiva y absolutista. Se ve en la literatura que han hecho.
Los grandes místicos y poetas castellanos tienen otra manera de ser, prácticamente otro sistema nervioso. Pactar no forma parte de su ADN político. Están acostumbrados a resolver sus problemas a tortazos. Cuando son los débiles, se lo han de tragar porque no hay más remedio. Luís XIV de Francia los hizo pasar por el tubo con la frontera, y se acabó la broma. Pero, cuando han sido los fuertes, lo han solucionado, sistemáticamente, con la destrucción del adversario. En este caso, del enemigo.
El adversario te quiere vencer. El enemigo te quiere vencer y destruir. Los españoles han hecho lo que habían de hacer. Excepto algún caso muy flagrante, la historia no se mueve por un mecanismo de buenos y malos. Cada uno tiene sus intereses. España tiene una mentalidad colonial y no quiere dejar ir a Catalunya, por razones económicas y por su constructo ideológico. Han impuesto su discurso. Y, por lo que están acostumbrados a hacer históricamente, han estado muy moderados.
Seguramente por la presión internacional, pero el mismo Primer de Octubre, en otra época, se habría podido resolver, tranquilamente, con veinte muertos, treinta, cuarenta. No han matado a nadie. (…) Los que no han hecho lo que habían de hacer son los catalanes. Se embarcaron en una historia que tiene el pecado original de desconocer al enemigo.
Se ha perdido una guerra, y, salvo los fusilamientos, estamos peor que en 1939. Hay una diferencia decisiva: cuando se perdió la guerra civil había una consciencia de qué era la catalanidad, había una idea, un plan. Un plan derrotado y destrozado, pero lo había. Ahora no lo veo (…) ahora no hay ningún proyecto de identidad colectiva, ningún plan de acción. El único plan es tener el dinero. El dinero es muy importante, pero no construyen una sociedad ni una nación. Sólo es preciso mirar la historia, cómo se han construido las naciones y los estados, que son la encarnación administrativa de una nación. Antes de querer tener un estado has de tener una nación, y Catalunya no es una nación, no por culpa de Madrid ni de Bruselas: porqué no se ha forjado una entidad colectiva capaz de construir una nación.
(…) Los españoles son muy listos y nos dicen: ‘si reivindicas la cuestión identitaria eres de derechas, eres fascista’ Y les contestamos: ‘no, no, nosotros no queremos ser fascistas, no queremos ser de derechas, no queremos oprimir a nadie, nada de cuestión identitaria, somos un pueblo abierto, que venga todo el mundo’. La consecuencia de este discurso es la disolución de la cohesión social que te lleva a ser una nación.
(…) En la expectativa de remontar esta situación, podemos descartar el papel de las instituciones políticas, en la Generalitat sólo hay meros gestores de la administración española. Oyendo hablar a los individuos de la Generalitat, recorriendo a un tópico, esto es el equivalente de un gobierno de Vichy. Tengo la impresión que todo lo que pasa en estos momentos ha estado pactado entre el POSE y ERC, que son los que conducen este barco catalán que va completamente a la deriva.
(…) Y la responsabilidad absoluta es de los votantes, por eso, siempre que hay elecciones soy un convencido apologeta de la abstención.
(…) Tal como se ha planteado la cuestión, la independencia exige hacer la revolución. Si tienes un estado matriz mucho más fuerte que tu y ya te ha dicho que hará todo lo posible para que no tengas la independencia, el único camino es la revolución. Y la gente que vive en estas condiciones no han hecho revoluciones. Si tu quieres que te toque la lotería, has de comprar unos cuantos números. Aquí queremos que nos toque la lotería sin gastar ni cinco. La gente, todos, políticos y ciudadanos, han de saber que esto tiene un coste. No es gratis.
Un coste con muertos. Efectivamente. Con posibles muertos. Que no quiere decir que hayamos de ir a matar a nadie, sino que nos vendrán a matar a nosotros. Habría un problema de infraestructuras, de carencia de alimentos, habría problemas. Sería una guerra.
(…) Pero con el bienestar que tenemos, con tres comidas calientes cada día, por eso no la hacemos. No queremos tener problemas. No queremos ir al súper y que no haya de nada, no queremos tener un corte en el suministro del agua, de la luz, del gas. Y mientras no haya una convicción consistente que vale la pena todo este desbarajuste social y personal para obtener otra cosa … Yo no estoy convencido de que me gustase tener una nación donde gobernase la gente que hay en el gobierno de la Generalitat y con la gente que hay dirigiendo las entidades con cierto poder de decisión. Hay que hablan de una manera que parecen analfabetos secundarios.
Efectivamente, es una paradoja. Para hacer la independencia necesitamos, precisamente, unos líderes menos analfabetos y más preparados. Pero, haciendo un repaso de la historia observas que hay muchas contradicciones. ‘Aquí hay una contradicción: nos hemos de parar’: NO. Hay muchas contradicciones que no las podemos resolver y ¿qué hemos de hacer? No nos podemos parar. Hemos de tirar adelante asumiendo estas contradicciones.
La dicotomía está entre asumir el riesgo de hacer la independencia, tenga el coste que tenga, o la dignidad de la propia existencia. Mi ensayo empieza con una reflexión sobre lo que quiere decir existir, y acaba con una ironía sobre la existencia: si no estamos dispuestos a hacer las cosas, dejamos de existir (…)’
(Vilaweb, 15 de diciembre del 2022)
Y ante todo esto, vemos que ahora, las fuerzas vivas españolistas, están más divididas que nunca, para controlar la cúspide del poder judicial, como ya expliqué en mi escrito de ayer.
Ahora, la posible solución se pospuso al lunes, ya que la cúspide judicial se tomó el fin de semana de fiesta (vaya diferencia cuando el PP de Rajoy, con una mera llamada telefónica de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, era suficiente para reunirse el tribunal constitucional incluso en domingo; pero, claro, contra los catalanes, la unión siempre ha sido inefable).
Si el citado tribunal constitucional, asume la demanda de la extrema derecha, significará, claramente, que la mediación del rey, de forma oculta, como hizo el emérito ante el golpe de estado del 23 de febrero de 1981, habrá sido efectiva; y, en ese caso, habrá sobrepasado nuevamente sus atribuciones. Ahora bien, si el pudor de sus magistrados domina al grupo de su presidente provisional, Pedro José González-Trevijano, y reprueba la demanda de la extrema derecha, el lawfare habrá perdido la actual batalla. Veremos qué pasa.
Por eso me parece interesante reproducir el siguiente texto:
‘Pobres (…) han estado tan entregados a la agenda del reencuentro, han estado tan entregados a recuperar el diálogo, han estado tan entregados a la mesa de negociación y han estado tan entregados a la desjudicialización de Catalunya que, cuando la han tenido mejor que el 2017, les han crecido los hongos en su casa. Cómo está España, cuanto trabajo se les presenta para reencontrarse, para dialogar, para desjudicializar la política española. Aznar lo vaticinó de los catalanes, pero ellos también están fatal, pues ellos se rompen solos (…) Mientras en el congreso de los diputados y en la brigada mediática los unos acusaban a los otros de haber hecho un golpe de estado y viceversa’
(Joan Vall Clara, ElPuntAvui, 17 de diciembre del 2022)
En definitiva, los independentistas catalanes sabemos que nos han vencido, pero no nos han derrotado; y por más tonterías que diga Pedro Sánchez desde su poltrona europea, con un espejo en el que se refleja toda la pléyade de sus clónicos, nos queda la ética, la moral, como muy bien expresó, en su caso, el presidente mexicano:
‘El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador critica la actitud de los dirigentes españoles: ‘no queremos que nos vean como tierra conquistada’. Por eso, ha reclamado nuevamente que España admita su responsabilidad histórica.
Al día siguiente de la visita del ministro de asuntos exteriores español, José Manuel Albares, López Obrador ha comentado que la relación con el estado español continúa en pausa porque considera que no es respetuosa. ‘En marzo del 2009 envié una carta respetuosa al jefe del estado, al rey de España, y ni tan sólo tuvo la atención de contestarme’.
(…) Para abrir una nueva etapa es importante que haya un gesto de humildad que reconozca el exterminio, la represión, los asesinatos de los pueblos originarios. (…) Dicen que debemos agradecerles que viniesen a civilizarnos’.
(Vilaweb, 16 de diciembre del 2022)
En definitiva, los independentistas catalanes podemos y debemos ser críticos, especialmente con los que deberían ser hermanos de envite, es decir, ERC. Y debemos hacer la pedagogía precisa para que todo este tipo de reflexiones se difundan, y despierten a los desmotivados, pues, como dice Palol, ante la actual encrucijada, no debemos parar, no podemos rendirnos, por más difícil que sea.
No queremos pagar costes excesivos, es evidente; pero no queremos dejar de ser lo que queremos ser.
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