17 de Marzo de 2026
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DESDE CATALUÑA - Amadeo Palliser Cifuentes
Del amor al odio
2023-02-02 - 20:30

Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona


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La ambivalencia, psicoanalíticamente, se refiere a un estado emocional en el que coexisten impulsos contradictorios, generalmente, amor y odio; y, salvo en los estados neuróticos, uno u otro están reprimidos. Todos sufrimos / pasamos por etapas de disonancia cognitiva, con tensiones y desarmonía interna que pueden afectar al comportamiento; y eso, sin llegar a valores extremos que impliquen ya un trastorno bipolar.


Me parece interesante recurrir al clásico refrán que dice que ‘del amor al odio sólo hay un paso’; pero se ha de tener en cuenta que lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia.


El mecanismo que ‘fuerza’ el paso del amor al odio, es la frustración de las expectativas, o por que el otro nos hace ver nuestras propias debilidades y flaquezas. En ambos casos, se refleja una cierta inseguridad.


Los narcisistas viven esa frustración como un ataque directo, agresivo.


Lo peor es que el amor y el odio se retroalimentan, como el ouróboros (uróboros), la serpiente que se muerde la cola; pues ese circulo es nocivo, ya que nunca se gana, siempre se pierde. Se pierde libertad y objetividad.


Y eso es lo que me ha pasado respecto a ERC, pues años atrás les voté, y me gustaba Oriol Junqueras, pues incluso su verborrea me parecía ilustrativa y didáctica. Pero ahora ya no puedo ser objetivo, he leído y oído demasiadas declaraciones que me incomodan y me han hecho sentir agredido.


Sabemos que los griegos clásicos atribuían al logos un cierto poder curativo; pero, claro, el uso abusivo de la palabra, como todos los extremos, acaba siendo pernicioso.


Es cierto que el refrán dice que ‘los extremos se tocan’ (el chiste dice que los extremeños también), pero, el abuso de los extremos acaba siendo pernicioso, como refleja la siguiente historia:


‘En un singular discurso, ‘El encomio de Helena’, el retórico Gorgias de Leontino (483 a.C.- 375 a.C.) dijo lo siguiente: ‘La palabra es un soberano muy poderoso, que dotado de un cuerpo diminuto y casi imperceptible es capaz de llevar a cabo hazañas realmente divinas, ya que pueden detener el miedo, mitigar el dolor, suscitar la alegría y provocar la compasión’.


‘Como buen abogado, Gorgias asumió la defensa de Helena, la adúltera y hermosa esposa del rey de Esparta, cuya traición causa la mítica guerra de Troya. Y no quedó mal parado. Al escoger semejante causa, el orador buscó demostrar que no hace falta que el discurso sea verdadero para ser convincente y por ende, eficaz. Que no importa cuán difícil sea la causa, siempre que la defensa esté bien sustentada.


(…) Los socráticos comprendieron rápidamente los peligros del relativismo retórico y entendieron que el uso de la palabrea debía estar estrechamente ligado al cultivo de la ética.


(…) En uno de sus diálogos más célebres, que lleva precisamente el nombre de Gorgias, Platón se esfuerza por resaltar las diferencias que oponen la retórica y la filosofía, diciendo que esta última es una ciencia verdadera, una episteme, mientras que la retórica no es más que una técnica, una tékhne, una ocupación falsa y cosmética, pues se basa en dar a la mentira un aspecto convincente.


(…) Sin embargo, fue también con la democracia que el uso de la palabra con fines políticos se profesionalizó, por decirlo así, y surgió, a la zaga de Gorgias, toda una clase de ‘maestros’ que enseñaban las técnicas necesarias para persuadir a las muchedumbres y alcanzar el poder: los sofistas. No será exagerado decir que la sofística, más que una escuela de pensamiento fue una clase de maestros que recibían remuneración por sus enseñanzas (la retórica y la oratoria como estrategia destinada para ‘hacer fuerte el argumento débil’, como lo definió Aristóteles), cosa que repugnaba a Sócrates y sus discípulos, para quienes no era lícito comerciar con la verdad’


(https://prodavinci.com)


Sabemos que el vocabulario ha ido evolucionando, y ahora se entiende como sofisma un engaño, una falacia; mientras que, etimológicamente, deriva de ‘sophia’ (sabiduría) y ‘sophos’ (sabio). Y sabemos, también, que la sabiduría popular dice que ‘hechos son amores y no las buenas razones’.


Y estos días, oyendo a los ‘líderes’ de ERC (Oriol Junqueras, Pere Aragonès, Marta Rovira, etc.) me da vergüenza y me sacan de quicio, pues ratifica y autojustifica que haya pasado de amarlos a odiarlos (por decirlo crudamente, ya que tampoco llego a ese extremo). Pero estoy muy cansado de sus sofismas, y suerte tenemos que por las redes sociales no paran de correr imágenes de esos pseudo líderes, diciendo todo lo contrario de lo que dicen ahora: que nunca, nunca, pactarían con los representantes del 155, que, además de encarcelarlos, representan una idea de país, totalmente ajena a la suya. Ahora se hacen los ‘locos’, pero la hemeroteca no engaña.


Nos quieren vender que su cambio de postura es por el bien de nuestro país. Ayer, Junqueras, en una entrevista en el canal del 324, no contestaba las preguntas de Xavier Graset, si no que lanzaba su discurso avasallador. Por lo visto, ‘ellos’ se creen que representan como nadie a la población catalana y, por lo tanto, lo que hacen es por nuestro bien. Así, han hecho suyo el discurso que tanto criticaban de Jordi Pujol.


Lástima que aquí no tengamos un sucedáneo de la ‘boca de la verdad’ como la que tienen los romanos en el pórtico de la basílica de Santa María in Cosmedín, que, según la tradición medieval, mordía la mano de los mentirosos. Aquí, todos nuestros políticos, y yo mismo, acabaríamos mancos.


Me parece evidente que la actitud de los actuales políticos tiene una derivada directa, que no es otra que la desmotivación de la población, pues acabamos frustrados, al ver que, en el fondo, todos, o casi todos, son iguales y buscan lo mismo, mantener o mejorar su estatus quo personal, y punto. No hay diferencia entre la vieja y la nueva política.


Nicolas de Maquiavelo (1469 – 1527), en su obra ‘El príncipe’ (1513), recomienda la mentira, el fingimiento y las falsas promesas como un instrumento político: ‘Si todos los hombres fueran buenos, este precepto sería malísimo, pero ellos como son malos y no observarán su fe con respecto a ti si se presentase la ocasión, no estás obligado a guardarles fidelidad’; siguiendo esta lógica, Maquiavelo afirma que el gobernante debe tener la astucia del zorro para hacer frente a las distintas adversidades que pueden surgir en la vida pública.


Francesco Giucciardini (1483 – 1540), coetáneo de Maquiavelo, defendió que cualquier acción política que vaya dirigida al mantenimiento del gobierno de un país, debe quedar libre de una valoración moral, dando lugar a la llamada ‘razón de estado’.


Y en estas estamos, entre unos políticos que no nos engañan en absoluto, pues siempre nos han mostrado su hoja de ruta anticalana, represiva, centralista, españolista, borbónica, etc.; y otros que hace tiempo que se han quitado la careta, como ERC, y nos han dejado tirados en la cuneta, a los que seguimos manteniendo el espíritu del 1 de Octubre del 2017.


ERC nos quiere vender su ‘astucia de zorro’ para hacernos creer que, a pesar de pactar y apoyar al PSOE, siguen siendo independentistas, por eso nos ‘venden’ su actuación como estrategia debida a las razones de estado que sólo ellos entienden.


Por todo ello, los independentistas de base nos sentimos muy solos, pero, eso sí, seguimos manteniendo nuestra confianza en Carles Puigdemont y sus compañeros de viaje en Bruselas, ya que ellos, desde un principio, han mantenido su coherencia centrándose en la confrontación legal en los tribunales europeos.


Y más vale estar solos, con compañeros de viaje que piensen como nosotros, que estar acompañados por personas con las que ya no podemos confiar.


amadeopalliser@gmail.com


 


 

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