Sergio González Levet
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Perdonarán algunos lectores sensibles –las mujeres son mucho más abiertas a la temática- pero hoy me ocuparé de un asunto que pudiera ser privado e íntimo y sin embargo tiene consecuencias importantes para la prevención de ciertas enfermedades, es decir, se convierte en un asunto de salud pública y por eso puede entrar en el campo de la política.
Me refiero a la forma en que los hombres vamos al baño a hacer de las aguas (o del uno, o pipí o algún verbo sinónimo de “orinar” que es considerado vulgar). La alternativa es hacerlo de pie -como los machos- o sentados –como lo hacen las mujeres-. En nuestro país y en muchos otros se considera un sinónimo de hombría usar el mingitorio y no la taza. Tal vez tiene que ver con lo práctico que resulta ese modo, que finalmente se puede ejercer en muchas circunstancias que no son compatibles para las damas.
Incluso, en la picaresca mexicana hay un dicho, misógino evidentemente, que se dice para minimizar a un hombre: “Tú para m*ar te sientas”.
[Este asunto de las aguas alegres me recordó el caso de un señor que ve desde la ventana de su recámara en el primer piso cómo se aleja el novio de la hija, después de que estuvieron un buen rato en la sala.
[—Oye Sinforosa —le comenta airado a su mujer—, este canijo de Robertón se hizo en el pavimento frente a la casa, y no contento con eso, escribió su nombre en el piso con la orina.
[—Pues qué descarado —se indignó también la señora—. Hay que comentar eso con Forosita.
[—Pero eso no es todo —replicó iracundo el indignado progenitor—, el nombre está escrito con la letra de tu hija.]
Bien, pues serán muy orgullosos con su sistema genital los mexicanos y los hombres de otras nacionalidades, pero resulta que hacerlo sentado tiene grandes beneficios para la salud.
Lo primero que dicen los urólogos es que la posición en la taza permite que se relajen los músculos del esfínter de la vejiga y los del suelo pélvico, con lo que se garantiza una micción que desaloje el riñón por completo.
Además, el esfuerzo de hacerlo de pie pone en predicamento la próstata. Aunque no se han hecho estudios clínicos que demuestren la relación directa de esta forma de orinar con la propensión al cáncer, hay indicios geométricos de que hacerlo sentado es mucho menos agresivo para el sistema urinario masculino.
Cosas de la vida y del adelanto de la medicina, pero en estos tiempos ya resulta que ser muy machito al ir al baño tiene consecuencias perniciosas para la salud. Quién se lo iba a imaginar.
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