08 de Marzo de 2026
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DESDE CATALUÑA - Amadeo Palliser Cifuentes
La venganza es un plato que se sirve frío
2025-11-22 - 13:25

 


 


Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona 


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El título que he tomado para este escrito ‘La venganza es un plato que se sirve frío’, proviene de la novela titulada ‘Las amistades peligrosas’ (Les liaisons dangereuses) escrita en 1782 por el general francés, Pierre Ambroise Choderlos de Laclos (1741 – 1803); y me parece que define, a la perfección, la práctica de la política española, como intentaré explicar.


 


Es sabido que, en el reino español, como pasa en todos los estados, abundan los personajes enfrentados, enemigos acérrimos, es decir, los que asumen el papel de la némesis, en referencia a la diosa personificación de la venganza y de los celos. Pero no la némesis en sus aspectos positivos, pues ésta, etimológicamente, describe la indignación justa, la venganza divina que da lo que corresponde. La deidad de Némesis castiga, sobre todo, a la desmesura (hybris), así, Némesis es la verdugo de los fanfarrones, a los que persigue con justicia, y es interpretada como un castigo fatal para restablecer el orden.


 


Asimismo, en contraposición, pero en menor medida, encontramos personajes que podrían simbolizar la filosofía representada por la figura del hombre de Vitrubio (*), expresada por Leonardo di ser Piero Da Vinci (1452 – 1519), en un dibujo realizado en 1490, en el que se puede observar una figura masculina, en dos imágenes superpuestas, inscrita en un círculo y un cuadrado. En ese dibujo, la relación entre el lado del cuadrado y el radio del círculo es la conocida ‘razón aurea o divina proporción’, que, numéricamente, tiene el valor del número irracional 1,618034. Valor que se puede observar en diferentes construcciones clásicas, como las pirámides de Guiza, el Partenon, etc., e, incluso, en la espiral de oro (el ojo de Dios); en el Pentalfa o pantaclo, la estrella de cinco puntas; y en la naturaleza (en los paneles, la relación entre el número de machos y de hembras; la disposición de las hojas de muchas plantas, etc.)


 


(*) en referencia a la obra ‘De Architectura libri X’ (Los diez libros de arquitectura) de Marcus Vitruvius Pollio (80 a.C. – 15 a.C.)


 


Y me parece interesante destacar que, en el contexto español, que, como he dicho predominan los personajes vengativos (némesis negativa), ayer, el máximo representante de esos personajes, el rey Felipe V, concedió el toisón de oro a personajes de su propia cuerda y, por lo tanto, profundizando en la división y la confrontación.


 


Si bien la orden del toisón de oro fue creada en 1429 por Felipe III el Bueno (1396 – 1467), duque de Borgoña y conde de Flandes, y vinculada a sus descendientes, y, posteriormente, a los reyes castellanos de la Casa de Austria (Carlos I, Felipe II, etc.), y claro, el infame Felipe V (1724 – 1746), el rey que arrasó las leyes y costumbres catalanas desde 1714, se la autoimpuso, igual que sus descendientes, hasta el actual Felipe VI.


 


La insignia consiste en una piel de un carnero de oro (recordando la leyenda del Vellocinio de oro), suspendida en un collar que alterna encendedores (instrumento de acero en forma de B, emblema de Felipe el Bueno) y piedras pedernales, del que desprenden llamas, simbolizando la divisa de la orden: ‘Anta Ferit Quam Flamma Micet’ (Hiere antes que la llama brille), si bien también tiene el lema ‘Pretium laborum non vile’ (No es mala recompensa por el trabajo), y lleva aparejado el tratamiento de ‘su excelencia o excelentísimo señor o señora’. 


 


Originalmente, además del rey, podían distinguirse 24 miembros (caballeros de la orden), si bien, posteriormente, Carlos I, en 1516, amplió ese número de miembros a 50, que se mantiene en la actualidad. La condecoración debe ser devuelta, al fallecimiento del titular.


 


La rama española de esa orden tiene los siguientes: Juan Carlos I, Felipe VI (gran maestre), y:


 


Carlos XVI Gustavo de Suecia; Alberto II de Bélgica; Harald V de Noruega; Simeón, II de Bulgaria de Sajonia-Coburgo-Gotha; Enrique de Luxemburgo; Javier Solana de Madariaga; Víctor García de la Concha; Nicolás Sarkozy y Enrique Iglesias García) y 3 damas (Beatriz de los Países Bajos, Margarita II de Dinamarca, Eleonor de Borbón). Y ayer, Felipe VI la entregó a su madre, Sofía de Grecia, a Felipe González Márquez, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y a Miquel Roca i Junyent. 


 


A mi modo de ver, con la entrega efectuada ayer de esa divisa, Felipe VI avaló la división y la confrontación, haciendo buena la mencionada divisa de la orden: ‘Anta Ferit Quam Flamma Micet’ (Hiere antes que la llama brille; hiere antes de que se vea la llama), y  también su lema ‘Pretium laborum non vile’ (No es mala recompensa por el trabajo; una recompensa nada desdeñable por el trabajo).


 


Pues es evidente que potencia la imagen de la premura en herir y, así, merecer la recompensa; ya que, reconocer a Felipe González y a los dos padrastros vivientes de la constitución, y digo padrastros (pensando en todas las acepciones del diccionario de la RAE), pues en realidad la constitución tuvo otros padres, más o menos ocultos: militares y jueces, principalmente, más otros personajes con preeminencia en el duro franquismo.


 


Por todo ello, no deja de ser una muestra más, de que Felipe VI, como todos los reyes, tienen, como principal objetivo, mantener su negocio familiar; prescindiendo de los sentimientos de la ciudadanía, que siempre está muy alejada.


 


Así, Felipe VI, hizo bueno el refrán de que ‘la venganza es un plato que se sirve frío’, pues, con ese acto, pretendió dar una nueva estocada al independentismo catalán.


 


Pero quiero confiar que esa estocada, más pronto que tarde, acabe en un descabello de esa rancia corona. Y, a tal fin, no debemos dejarnos deslumbrar por esas llamas borbónicas ni, tampoco, por la autocomplacencia, tan propia nuestra, del movimiento independentista, que nos conformarnos con autoconsiderarnos  verdaderos ejemplares del hombre de Vitrubio y su razón áurea,


 


amadeopalliser@gmail.com


 


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