Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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La expresión ‘la ley del embudo’, similar a ‘lo ancho para mí y lo estrecho para ti’, consiste en rechazar la aplicación de una regla, apelando a excepciones infundadas, es decir, a la falta de proporción y equidad. Y esa fue mi impresión, ayer (17/02), al ver la entrevista a Salvador Illa (155), basándose en el argumento ‘ad baculum’ para mostrar una total falta de autocrítica y de responsabilidad, como seguidamente expongo, pues, si bien me parece claro que nadie es imprescindible, es esencial destacar que las responsabilidades no se delegan, en todo caso, se asumen a posteriori.
En primer lugar, es preciso señalar que la entrevista de ayer, apenas tuvo una audiencia de 149.000 espectadores, es decir, un 8,9 % del share; en diciembre del 2023, Illa tuvo todavía menos, 86.000 espectadores y un 4,4% de cuota de pantalla. El record lo sigue teniendo Carles Puigdemont, con 991.000 espectadores y un 30,5 % el año 2018.
Salvador Illa se presentó vehemente y taxativo, diciendo, entre otras cosas que:
Efectivamente, cuando un trabajador está enfermo y, en función de la enfermedad y medicación, no está en condiciones de decidir, no debe trabajar. Y, en estos casos, es pertinente y necesario, delegar y confiar. Y toda organización debe tener el correspondiente plan de contingencias al respecto.
Ahora bien, lo que no es aceptable, en absoluto, es aplicar la mencionada ley del embudo, abusando del argumento ‘ad baculum’, es decir, considerar que lo correcto deviene de la fuerza de su poder; y, así, no mostrar ningún tipo de autocrítica.
Y, en el caso que nos ocupa, y dada la enfermedad concreta, ¿realmente, la semana pasada y la anterior, no estaba capacitado para decidir, ni para efectuar ningún tipo de mensaje?
La hemeroteca nos recuerda que cuando hacía tres días que estaba en el hospital, y todavía en la UCI, la portavoz Silvia Paneque dijo que Illa ‘estaba informado de todo y que les daba consejos y, si era preciso, directrices’. Y este tipo de mensajes paternalistas, o son falsos e improcedentes o directamente, mentiras.
Delegar funciones es transferir autoridad y responsabilidad a colaboradores para realizar tareas específicas, para tomar decisiones. Ahora bien, en toda delegación de funciones, la responsabilidad última y máxima sigue siendo del president, que debe asumir, aunque sea a posteriori, su responsabilidad ‘in eligendo’, es decir, por la selección de su equipo.
Con relación al argumento mostrado ayer de que: ‘para decidir, se ha de estar sobre el terreno, con el matiz que se obtiene en las reuniones’, que, a todas luces, hasta cierto punto parece lógico (aunque las interconexiones y el teletrabajo nos muestran lo contrario); pero es preciso que esa lógica de Illa sea coherente a lo largo del tiempo, y no aplicar la ley del embudo a conveniencia, ya que la mencionada hemeroteca nos recuerda que, en anteriores crisis, por ejemplo:
Evidentemente, estos argumentos y forma de proceder de Illa, están en clara contradicción con la tesis defendida ayer, como he comentado, pues en ambos casos, la distancia, por lo visto, no fue un inconveniente.
Otro aspecto relevante del mensaje de ayer, fue cuando, refiriéndose a la crisis ferroviaria dijo que ‘no quiero poner el foco en el diagnóstico de la situación, sino en la resolución del problema, que considero que viene de una falta de inversiones en el pasado y que ahora se está revertiendo’.
Pues, para solucionar cualquier tipo de problema, se ha de seguir el proceso requerido, que parte del análisis previo para examinar toda la información, ya que, sin ese análisis, el diagnóstico (identificación de las causas y errores) no será correcto, y el pronóstico (evolución probable, basándose en la probabilidad, en función de criterios lógicos o científicos), mucho menos.
Pero, como bien recordó el president Carles Puigdemont, Illa no parte de cero, lleva un año y medio gobernando, y debería conocer con detalle el problema y tener un diagnóstico claro; y limitarse a señalar la falta de inversiones en el pasado, que ahora se están revertiendo, es no querer evidenciar la culpa que tienen sus correligionarios Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González, en la infrafinanciación de las estructuras y servicios catalanes. Y, aún así, Illa sigue defendiendo que no hay otra alternativa que seguir colaborando con Renfe y Adif.
Asimismo, Illa descartó plantear una moción de confianza, al considerar que sigue teniendo el apoyo de las fuerzas políticas que favorecieron su investidura, obviando que ahora, hasta ERC le pide esa moción de confianza. En ese sentido, actúa con el mismo despropósito y falta de rigor de su jefe Pedro Sánchez; y ese proceder no es más que una muestra de debilidad y falta de confianza, por parte de ambos.
Y, en todo momento, y ante todo tipo de situaciones y problemas, es preciso tener la amplitud de miras e inteligencia que se mostraron el legislador Solón de Atenas (630 a.C. – 550 a.C.) y el príncipe escita Anakharsis, (s. VI a.C.), que viajó a Atenas en busca de conocimiento. Pero, en la actualidad, nos faltan personajes de nivel. Nos faltan verdaderos líderes, y los que tenemos, están quemados, superados y, desgraciadamente, descubierto su verdadero ‘valor’. Sólo nos queda el president legítimo Carles Puigdemont, en el que sigo confiando, y quiero creer que, si un día puede regresar, no nos defraudará.
En definitiva, que la falta de autocrítica y la no aceptación explícita de la responsabilidad de las acciones adoptadas por su gobierno, limitándose a decir que fueron correctas y, eso sí, querer dar lecciones de tener toda la razón del mundo mundial, me recuerda el papel del maese Lezna, del cuento ‘El Cascarrabias’ de los hermanos Grimm, que no reproduzco aquí, por su extensión, pero recomiendo su lectura.
Al citado Anakharsis le preguntaron sobre qué barcos eran los más seguros, y contestó: los varados.
Y, con todo, Salvador Illa, se cree seguro, estando varado y respaldado por su minoría parlamentaria, y el apoyo de su ‘primo de zumosol’ (Pedro Sánchez), y así nos va y nos irá, si seguimos impasibles ante todo lo que nos rodea. Pues ambos personajes nos acaban confirmando, siempre, que ‘Quan creus que ja s’acaba, torna a començar’ (cuando crees que ya se acaba, vuelve a empezar), como cantó Raimon, en la canción de ese título, grabada en 1970, y así nos tienen enredados entre promesas y acuerdos incumplidos, para, en realidad, seguir manteniendo el régimen del 78; esta es la gran estafa.
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