Gustavo Cadena Mathey
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Buen día, apreciado lector:
En este Día de la Mujer, me confieso conmovido, agradecido y profundamente consciente de la huella que ellas han dejado en la vida de este reportero.
No hablo solo de mujeres que la historia oficial suele recordar, sino de aquellas que, desde la intimidad de mi tierra veracruzana, desde Acayucan, han tejido con paciencia y fortaleza la trama de mis casi setenta y cuatro años.
Pienso primero en mi madre, que ya habita el cielo, pero cuyos cuidados, cuya voz y ternura siguen siendo brújula en mis días. Pienso en mis tres hermanas, que me han enseñado que la complicidad fraterna también se escribe con risas, con desvelos y con silencios compartidos.
Pienso en mi esposa, compañera de ruta, que en 49 años ha sabido sostenerme en las tormentas y celebrar conmigo las victorias pequeñas y grandes. Pienso en mis hijas, que me han mostrado que la vida se renueva en cada generación, y que la fuerza femenina no es solo herencia, sino también promesa.
No puedo dejar de reconocer a las compañeras de trabajo, a las jefas que han marcado con su liderazgo un nuevo aire en la vida institucional, y a las amigas que, con su presencia, han dado sentido a las jornadas más largas. Todas ellas, desde distintos rincones, me han enseñado que la mujer no es solo símbolo de ternura, sino también de justicia, de dignidad, de renovación y ante todo, de respeto..
Hoy, al escribir estas líneas, siento que mi gratitud se multiplica. Porque las mujeres de Veracruz, las de Acayucan, las de mi familia y las de mi entorno laboral, han sido y son faro y raíz. Han sido memoria y futuro. Han sido, en definitiva, la razón por la que este cronista puede seguir creyendo en la vida, en la palabra y en la esperanza.
A todas ellas, las de mi sangre y las de mi tierra, las que me han acompañado en la vida y las que me han enseñado a ser mejor hombre y mejor ciudadano, les ofrezco hoy mi palabra agradecida y mi respeto eterno. Porque sin ellas, nada de lo que soy tendría sentido.
Por otra parte, insistiré siempre: tengamos paz y armonía en el hogar. Cuidemos el agua, las plantas… y ojo, también la democracia. Porque igual que el WiFi, si no se protege, un día se cae y nos deja incomunicados. Y la democracia, a diferencia del internet, no tiene repetidor. ¡Aguas!
gustavocadenamathey@hotmail.com
(Premio Nacional de Periodismo)
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