Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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En la actualidad es frecuente centrar íntegramente la atención en el presente material, y considerar que el recuerdo, la historia, la lectura de los clásicos, mejor dicho, la lectura en general, todo ello es una pérdida de tiempo, dado que el ‘momentismo’ ofrece alcanzar resultados inmediatos, con el mínimo coste y esfuerzo, basándose en la idea de que las situaciones pretéritas no son extrapolables, como intento tratar a continuación.
Y es grave que esa visión se haya generalizado, hasta convertirse en moda, y no solo en la juventud, sino en todas las franjas y estratos sociales; sin percibir que el resultado final buscado por esa visión es una sociedad irresponsable, unos sujetos que no llegan a ser ciudadanos de pleno derecho.
Asimismo, entre los que priman el conocimiento, existen los peligros que comportan los prejuicios, la desorientación y, en definitiva, los apriorismos. Por eso siempre predomina el subjetivismo.
Para explicar esta situación, me parece interesante señalar dos ejemplos:
1 – La Caputxinada
Hoy, 9 de marzo, se cumplen 60 años de los hechos conocidos como ‘la Caputxinada’ (capuchinada), es decir una concentración realizada entre los días 9 y 11 de marzo de 1966, en el convento de los padres capuchinos de Sarrià (Barcelona), con motivo de la asamblea constituyente del Sindicat Democràtic d’Estudiants de la Universitat de Barcelona, para aprobar la declaración de los principios y los estatutos del sindicato.
Entre los asistentes, unos 450 en total, figuraban profesores, estudiantes e intelectuales, como: Salvador Espriu, Pere Quart (Joan Oliver), Jordi Rubió, Lluís Maria Xirinacs, Oriol Bohigas, Maria Aurèlia Capmany, Antoni Tàpies, Xavier Folch, Jordi Solé Tura, Josep Maria Benet i Jornet, Raimon Obiols, Montserrat Roig, Ricard Salvat, José Agustín Goytisolo, Albert Ràfols-Casamada, Manuel Sacristán, Francisco Fernández Buey, Josep Maria Trias de Bes, etc.
Y la ‘resolución’ fue la habitual del estado español, no solo en el más puro franquismo, como en el caso que nos ocupa, sino después, como vimos el 1 de octubre del 2017, ya que la policía nacional, el día 11 de marzo de 1966, forzó la puerta y cargó contra los asistentes, inclusive contra algunos frailes, identificándolos a todos y llevándose a muchos a la fábrica del terror, la represiva comisaría de Via Laietana, para hacerles ‘cantar la traviata’, y hacerles pagar importantes multas, como condición a su salida de ese centro de tortura (que, en la actualidad, Pedro Sánchez no ha querido o no se ha atrevido a desmantelar y resignificar, como centro de la memoria democrática)
Este ejemplo me parece ilustrativo, ya que, en la actualidad, la inmensa mayoría de los catalanes no sabe ni recuerda nada al respecto e, incluso, los mencionados personajes que participaron, en la actualidad son perfectos desconocidos, salvo contadas excepciones, que alcanzaron notoriedad y excelencia mediática, en sus respectivos ámbitos de trabajo.
Y esa ignorancia me parece grave, pues, no es que debamos vivir de recuerdos, ni santificar a esos personajes; pero, olvidar la historia, o banalizarla, así como perder la capacidad crítica, nos lleva a la infantilización que supone la simplificación de los hechos, pues esa es la base de la docilidad y del control.
2 – La nueva novela ‘Després del naufragi’, de Albert Sánchez Piñol
Es preciso señalar que este escritor (antropólogo y africanista), autor de un gran recorrido de publicaciones, desde la primera, en el año 2000, alcanzó una gran relevancia con sus exitosas novelas: ‘La pell freda’ (2002), ‘Pandora al Congo’ (2005), y, especialmente, ‘Victus’ (2012) y ‘Vae Victus’ (2015), etc.
Ahora bien, con relación a los prejuicios y apriorismos mencionados, me parece de interés señalar que considero interesantes y estimulantes la mayor parte de las obras de ese escritor, mientras que otras, especialmente las más fantásticas, las aparqué, sin más.
Pero, respecto a la señalada ‘Després del naufragi’ (2026), que es una secuela de Moby Dick (1851), de Hermann Neville (1819 – 1891), el tema, de entrada, no me pareció interesante y menos, tras leer una entrevista al novelista, realizada por el periodista Pere Antoni Pons, titulada ‘Una secuela de ‘Moby Dick’ para pasar cuentas con el Procés’, ya que, después de comentar diferentes aspectos sobre la novela en cuestión, se decía:
‘(…) Da la impresión de que Sánchez Piñol trabaja los materiales con desgana, como si fueran un mero pretexto, y que, sobretodo, le interesa la alegoría política.
Como alegoría del Procés, ‘Després del naufragi’ es lúcida, todo y no ser original. Quiero decir que la interpretación que hace de los hechos del Procés son los mayoritarios entre los discursos y los altavoces no oficiales. Esto es lo que Sánchez Piñol explica: ‘todo y que los protagonistas consideran que es imposible cazar a Moby Dick, por que el Lónia es un simple barco atunero y ni siquiera tiene los medios de un ballenero, el capitán Karl van der Berg y el señor Jon Quer hacen creer que sí que quieren cazarla y manipulan cada uno a su manera, el entusiasmo pueril y la ambición ingenua de la tripulación del Lónia, pugnando entre ellos, para mantener o para conseguir el poder de la nave.
Desnudo del disfraz de la alegoría, esto es lo que Sánchez Piñol dice: Carles Puigdemont y Oriol Junqueras mintieron usando el ideal de la independencia, en la que nunca creyeron, para alcanzar la hegemonía autonómica, y haciéndolo, pusieron Catalunya y la catalanidad a merced de la bestia. A pesar de que carga las tintas en los dos líderes, Sánchez Piñol no exime de culpa a los ciudadanos independentistas, los tripulantes del Lónia: ‘sus prácticas de arpón eran coreografías preciosas, nada más. Les faltaba el instinto asesino’.
Y el periodista concluyó su escrito diciendo: ‘La lucidez política, pero, no es suficiente para ser una buena novela’.
(Ara del pasado 28 de febrero)
Pues bien, como participante de la mayor parte de manifestaciones y votante del referéndum, esos comentarios me parecieron frívolos, injustos e insultantes; y, por eso, decidí no comprar esa nueva novela, e incluso intenté convencer a unos compañeros, para que también desistieran.
Pero, todo es voluble, y el pasado sábado oí una entrevista radiofónica (RAC1), y Sánchez Piñol, me pareció genial y pedagógico, como siempre, ya que explicó que él participó en la defensa de las urnas, y que, como todos los que estaban con él, vio la degradación máxima ejercida por la policía nacional, que, tras entrar violentamente y gritando, ‘apartaos, perros’, sacaron las urnas en bolsas de basura, mostrando, así, el mayor desprecio. Y Sánchez Piñol dijo que esa actuación define y retrata al estado español, a lo largo de los años; y que no debemos olvidarlo nunca.
Y explicó que la comparación metafórica con Moby Dick, es la eterna lucha contra los gigantes invencibles; y volvió a decir que Puigdemont y Junqueras lo sabían y aún así, buscaron el embate. Yo creo que Sánchez Piñol debería haber dicho que, creía que lo sabían, no afirmarlo, sin más.
Asimismo, comentó que, de forma generalizada, a los catalanes se nos dice que celebramos derrotas, y él comparte ese comentario. Yo no lo comparto, pues, por ejemplo, los 11 de setiembre conmemoramos la resistencia hasta el final, no la derrota.
De todos modos, me pareció muy interesante el comentario del novelista que señaló que más que el 11 de setiembre de 1714, deberíamos celebrar el 6 de julio de 1713, cuando la Junta de Braços, ante el abandono de los aliados y el inminente dominio borbónico, decidió resistir y el 9 de julio, publicó el bando de guerra oficial, para continuar oponiéndose a Felipe V, para defender las constituciones catalanas. Pues bien, Sánchez Piñol comentó que los responsables políticos catalanes no se amedrentaron para enfrentarse, simultáneamente, a dos ‘gigantes’ vecinos: el rey de Castilla y el de Francia, que eran la misma familia; y se enfrentaron heroicamente, sabiendo nuestra inferioridad.
La relectura de ese ‘Bando de Guerra 1713’ (*) que hacía décadas que tenía olvidado, me parece muy ilustrativa, interesante y sugerente, y que, obviamente, nadie revocó, por lo que, dado que la represión sigue, deberíamos mantener en todos los órdenes, dentro de lo posible.
(*) conservado en el Memorial de 1714; (https://share.google/Kw4rJwpbh4XzRSYX0)
Y volviendo a la mencionada novela de Albert Sánchez Piñol, debo reconocer que, tras la mencionada entrevista, cambié de opinión, y la compraré y la leeré, pues me parece interesante el reto metafórico del duelo con el monstruo, ya sea Moby Dick o el Gólem, ya que siempre son generadores del caos y de todos los males. Sé que de lecturas inteligentes (a pesar de las discrepancias mencionadas, y si bien no he superado la prevención mencionada), siempre se aprende algo, y quizás, hasta fortalecerá mi resiliencia.
En definitiva, sabemos que intentar mantenernos informados requiere un notable esfuerzo, especialmente en un momento como el actual, en el que predominan las ‘fake news’, para mantenernos desorientados y dóciles, dentro de su redil.
Y aún así, a pesar de todo lo expuesto y, paradójica y cínicamente, todos asumimos que ‘la información, el conocimiento, es poder’, y que ‘la información y el conocimiento, nos harán libres’.
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