De allí que nada extraña que haya pasado al olvido de la mente colectiva el tema del yate incendiado en Boca del Río cuya propiedad se atribuyó al señor Zenyazen, diputado por MORENA y nutridamente enriquecido durante su inaudita estancia en la secretaría de educación en tiempos de Cuitláhuac García. De dicho incendio ¿Qué fue lo sobresaliente? ¿lo lujoso del yate o la propiedad de este? Como fuere, allí quedó todo, no existe condena social hacia quien es señalado de enriquecimiento súbito y perfectamente explicable. Por el contrario, su partido, MORENA, lo postuló a la diputación federal y se muestra como un activo de esa organización política. No es caso único de entre los más recientes porque el desgobierno de Cuitláhuac fue prodigo en nuevos ricos, ni duda cabe que compite en ese ramo con el de Duarte de Ochoa, la diferencia radica en que mientras el cordobés paga sus culpas con cárcel Cuitláhuac goza de libertad impune y es claro mentís del discurso presidencial que presume no encubrir rapacidad. Mientras algunos colaboradores de Duarte aún penan por librarse del presidio, los de Cuitláhuac o son diputados o lideran a MORENA. Todo eso y más ha sido posible porque en México no existe repudio social contra el corrupto, si en cambio cabal impunidad.
