Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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En su macabra escalada en competencia con Vox, Alberto Núñez Feijóo ayer, en Barcelona, endureció, de nuevo, los requisitos a los inmigrantes, y entre sus ‘argumentos’ dijo que: ‘la nacionalidad española no se regala, se merece’ (…) ‘no puede ser un mero trámite administrativo, sino, un reconocimiento a quienes han demostrado, con hechos, su voluntad de integrarse (…) ser español no es solo vivir en España, es participar de un proyecto común, compartir una historia, unos valores y un destino, es sentirse parte de algo más grande que uno mismo’ (…) ‘ha de ser un premio al esfuerzo y a la integración real y no una simple gestión burocrática’.
Arquímedes de Siracusa (287 a. C. – 212 a. C.), gritó ‘eureka’ (eurískein: encontrar; lo he encontrado), al tomar un baño y comprobar que el volumen de cualquier cuerpo se puede calcular midiendo el volumen del agua que desplaza, al ser sumergido. Así, formuló su principio, que lleva su nombre.
Con esa ‘lógica’, Feijóo, indirecta e inconscientemente, nos ha hecho exclamar esa interjección, de Eureka, pues los catalanes, que hemos demostrado con hechos nuestra voluntad de NO integrarnos, de NO participar de un proyecto común, que NO compartimos una historia, ni unos valores y mucho menos un destino, que NO nos sentimos parte de nada más grande, que NO queremos una integración real, y que ese ‘premio’ lo consideramos un castigo, evidentemente, deberíamos ser excluidos de ser españoles. ¿O es que hay dos varemos, uno para los inmigrantes y otro para los españoles forzosos?
Está claro que todo es un despropósito ético, moral y racional; fruto de la antipolítica del ultraconservador Steve Bannon, aplicada por el trumpismo y sus seguidores, así como por sus ridículos aduladores.
A título de ejemplo, ayer, la periodista Leyla Hamed, en su cuenta de X, escribió:
‘El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, asistiendo en Egipto a la llamada ‘cumbre de la paz para Gaza’ de Donald Trump. Y ahora que nos vuelvan a decir que ‘el fútbol y la política no se han de mezclar’. Absolutamente de locos’.
Y ese despropósito lo vemos constantemente, pues ya no tienen escrúpulos, ni miramientos, consideran que tienen ‘patente de corso’ (del latín ‘cursus’ carrera), es decir, los ‘corsarios’ tenían y tienen licencia absoluta para atacar con autoridad, ya que su propio beneficio era y es prioritario y, así, podían y pueden apropiarse de las naves y sus cargas, o, ahora, de las tierras de Gaza; de los bienes ajenos, mediante aranceles draconianos (*), excesivamente severos, desproporcionados; o mediante desorbitadas tasas de gasto en armamento (como exige Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, haciendo de monosabio de Trump, y olvidando el acuerdo adoptado con Pedro Sánchez hace unos meses)
(*) etimológicamente tiene su origen en el legislador de Atenas, Dracon, que castigaba con la muerte a las personas imputadas, aunque sus delitos fueran menores. Las leyes de Dracon se escribieron en el año 621 a. C., y son conocidas como ‘el código Draconiano, y caracterizadas por su máxima crueldad y severidad)
Y claro, es más peligroso todavía, cuando ese código draconiano es aplicado por veletas, como Trump, que, anteayer, en Egipto, dijo a Sánchez ‘que lo estaban haciendo muy bien’, y, ayer, que ‘lo hacía fatal y que España merecía un castigo, por su falta de compromiso con el 5% del PIB de gasto en armamento’.
Y en esta situación caótica, provocada por la aplicación de la política ultraconservadora, vemos que los beneficiarios son los poderosos de siempre y de los polichinelas que ocupan puestos de relevancia, confirmándonos los refranes populares ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’, o, ‘en los negocios donde hay confusión, medran los codiciosos y los bulliciosos’.
Un ejemplo de aprovecharse de ese río revuelto, lo hemos visto esta mañana, al oír a Salvador Illa, en su ofrenda en el panteón de Lluís Companys (tema de mi escrito de ayer), diciendo que ‘es normal no coincidir siempre y tener discrepancias políticas, pero ahora es el momento de ir juntos, y no desgastarse con luchas infructuosas’.
Que inmoralidad y falta de ética, por parte de Salvador Illa, que, incluso, ante los restos del president ejecutado, Lluís Companys, es capaz de despreciar y minusvalorar su discurso vital, por el que sacrificó su vida.
Y claro, Illa es incapaz, mejor dicho, no le interesa reconocer que si nuestras luchas son infructuosas, la culpa es de su estado, que aplica todas sus fuerzas (legales, ilegales, alegales y paralegales) para reprimirnos; y, para más colmo, Pedro Sánchez tiene paralizada la comisión de investigación del congreso de diputados, para no avanzar en la detección de sus propias responsabilidades con las escuchas y demás represiones.
Y sabiendo eso, seguir apostando y defendiendo a los represores, es de malvados, de antidemócratas, de colonizadores, y, en el caso de Salvador Illa, de cipayo, de súbdito de los colonizadores.
Y para hacer frente a ese uso y abuso del poder colonial, los catalanes, independentistas y ‘dependentistas’ (unionistas españoles), deberíamos desvelar todo tipo de políticas insultantes, denigrantes y peyorativas hacia nuestro País.
Y el primer paso sería concienciarnos de la importancia de considerarnos un País, no un ‘territorio’ o una ‘Comunidad’, como repetidamente aluden los políticos del PSC/PSOE, Comunes, y … tristemente, TV3 (ahora 3Cat), la televisión que tenía que ser la nuestra, como el cuerpo de los mossos d’esquadra, y que, tras el 2017, han cambiado de bando, para arrimarse al poder central español.
Con relación a TV3, es muy interesante el artículo de ayer (14/10) de Víctor Alexandre, titulado ‘TV3, de nacional de Catalunya a nacional de España’ (elmon.cat), pues nos recuerda que:
‘TV3 es hoy una emisora profundamente españolizada. Todo su marco mental, todos sus referentes, todas las informaciones referidas a Catalunya, toda la concepción de sus telenoticias responde a una visión del mundo y de la vida netamente hispanocéntrica. Y lo más terrible, lo más dramático del caso, es que el hispanocentrismo de TV3 no es pasivo, inconsciente, como el de muchos catalanes, sino, activo y militante, lo que la convierte no solo en la televisión españolizada que ya es, sino en una televisión españolizadora.
Significa, esto, que ¿toda la gente que trabaja se encuentra en esa línea? No, claro que no, pero el miedo a las represalias atenaza muchas bocas.
(…)
Catalunya ha sufrido una secular españolización, como nación sometida que es, y son muchos los catalanes, también independentistas, que no detectan el mensaje subliminar que contiene el prisma informativo de los telenoticias, no las frases con las que se redactan las in formaciones, ni el marco referencial desde el cual son transmitidas.
Quiero decir, en un estado de españolización social, es psicológicamente comprensible que a mucha gente, redactores también, les pase desapercibida esta españolización o que piensen que poner el dedo en la llaga de esta realidad, es pasarse.
(…)
Es preciso diferenciar entre el periodista españolizador pasivo y mayoritario, que actúa por inercia y no reflexiona sobre lo que dice ni cómo lo dice, y el periodista españolizador consciente, que utiliza el medio y el lugar estratégico que ocupa para fijar en el cerebro del espectador que Catalunya es España.
¿Y cómo hacen esta manipulación?, pues sirviendo al espectador una noticia catalana dentro del marco referencial español. Por ejemplo, si se nos dice el número de coches vendidos este año en Catalunya, seguidamente se nos alecciona con los vendidos en España; si se nos habla de los hábitos alimentarios de los catalanes, seguidamente se nos habla de los hábitos alimentarios españoles; si se nos dice cuantos feminicidios se han cometido en Catalunya, seguidamente se nos alecciona diciéndonos los cometidos en España. Es decir, se trata de que fijemos en nuestro cerebro que Catalunya, por sí misma, no es nada, nada de nada; es solo un rincón español que no tiene nunca cifras propias y nacionales, solo tiene cifras desglosadas de un todo que se llama España.
En otras palabras: para TV3, Catalunya no es un todo en sí misma. Y a fuerza de repetirnos, quitando las cosas folklóricas, que el nombre de Catalunya ha de ir siempre tutelado por el nombre de España, el espectador indolente se traga la lección y la encuentra normal.
Por lo tanto, es preciso estar atentos a cómo se nos dicen las noticias, en qué contexto y en qué formato, que no la noticia en sí misma, ya que la manipulación está justamente allá. Allá, y en la intención de hacernos creer que las víctimas de los feminicidios que se comenten en el resto de la UE no tienen valor. Las únicas víctimas verdaderas son las ‘españolas’. Por eso, viendo TV3, se puede pensar que en Francia, Italia, Alemania, Bélgica, etc., no hay feminicidios.
(…)
¿Cómo lo debería hacer una televisión catalanocéntrica? Una televisión catalanocéntrica nos diría los feminicidios en Catalunya, o de los Països Catalans (que es la audiencia de TV3), y, si es preciso, el total de la UE.
(…)
Otro elemento que TV3 utiliza como herramienta españolizadora son las noticias españolas que en Catalunya no tienen ningún fundamento informativo. Son noticias que, con una duración de 25 o 30 segundos, incide en el conjunto de informaciones del TN. (…) A título ilustrativo manteniendo el titular oficial de TV3: ‘Un hombre agredido en Torre Pacheco, Murcia’, ‘alerta de lluvias en Toledo’, ‘tres muertos por un fuerte viento en Coria del Río, Sevilla’, ‘mujer asesinada en La Coruña’, ‘mujer asesinada por su marido en Málaga’, ‘crimen machista en Cartaya, Huelva’, ‘expropiación de los terrenos de un hotel en Carboneras, Almería’, …, noticias impropias de TV3, ya que no guardan ninguna relación con Catalunya ni con ningún catalán; son noticias que sólo tienen sentido en un medio local, nunca en otra televisión, sea la catalana, la francesa, la italiana, etc. A menudo, ni TVE las resalta, pero TV3 sí. Y es que TV3 las necesita para manipularnos el cerebro y regir así en su tarea españolizadora.
Otro tema es el nombre de TV3. En realidad, el nombre oficial es Televisió de Catalunya (…) y éste es el nombre natural que debería figurar en el logo: TVC1, en lugar del estúpido TV3. Y a partir de aquí: TVC2 (en lugar del Canal 33), etc. Ni más ni menos que lo que hizo el País Vasco con Euskal Telebista; ETB1 y ETB2.
(…)
¿No es grotesco que Televisió de Catalunya tenga el 3 españolista, en lugar del 1 catalán, como nombre de marca?
(…)
Por si fuera poco, el gobierno catalán, ha querido profundizar en el hispanocentrismo haciendo que los nombres de TV3 y Catalunya Ràdio le parecen demasiado arraigados en Catalunya, y se ha sacado de la manga la tontería de ‘3cat’ y ‘3catinfo’, que no quieren decir absolutamente nada, y es que se trata justamente de esto: de borrar raíces emocionales, de desnudar este país de todo lo que pueda establecer la más mínima diferencia con España. El gobierno nacionalista español de Salvador Illa sabe que los nombres son importantes, porque crean vínculos y afectos, y para evitarlo, no hay nada mejor que sustituirlos por logos impersonales, sin alma, creados por individuos alienados.
(…)
Por si fuera poco, el estado español ha creado 2Cat, la oferta televisiva de TVE, que emitirá en catalán vía La”, y que tiene exactamente el mismo objetivo: españolizar Catalunya en catalán (…)’
(Víctor Alexandre, Elmon.cat, 14 octubre 2025)
En definitiva, no es que vivamos en un momento especialmente complejo, todo es fruto de la derrota ante el ejército borbónico en 1714; y, desde entonces, todo ha sido complejo, pues siempre hemos tenido figuras como Felipe V y su mariscal, James Fitz-James Stuart, duque de Berwick; y policías españoles como Pedro Urraca Rendueles (el que llevó prisionero a Lluís Companys del exilio a Madrid), y catalanes españolistas sin ética ni moral, como Benjamín Benet Blanch Cantavieja, que dio el tiro de gracia (*) al president Lluís Companys.
(*) vaya eufemismo, antítesis, paradoja u oxímoron.
Por eso repito la cita del president Lluís Companys, fusilado hoy hace 85 años, con la que acabé mi escrito de ayer:
‘Volveremos a sufrir, volveremos a luchar y volveremos a ganar’.
Ahora estamos sufriendo, pero deberemos luchar, si queremos ganar; y, para ello, debemos empezar criticando y rechazando todas las afrentas que nos hacen: ni olvido ni perdón, sólo así, llegará un día en el que, efectivamente, podremos gritar: ¡EUREKA!.
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