Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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En diferentes escritos anteriores he tratado el concepto de la ‘realidad’, y no voy a insistir, si no que, ahora, hago unas matizaciones, siguiendo las tesis de los sociólogos Peter Ludwig Berger (1929 – 2017) y Thomas Luckmann (1927 – 2016) que, en su obra ‘La construcción social de la realidad’ (1966) sostuvieron que la realidad no es objetiva, ni dada, sino creada colectivamente, pues consideraron que ‘la realidad es un proceso dinámico: la sociedad crea la realidad y, simultáneamente, la realidad construida moldea el comportamiento de los individuos’.
Y tenemos muchos ejemplos que nos confirman esa tesis, desde el montaje de Donald Trump, intentando forzar a la UE para que se involucre en su guerra contra Irán, argumentando que la defensa del estrecho de Ormuz debe ser obligatoria, por el beneficio mutuo, y, por corresponsabilidad, dado que los EUA se involucraron en la guerra de Ucrania. Pero, claro, olvida que la OTAN estipula que esta organización militar debe movilizarse para defender a cualquier estado miembro que sea atacado por terceros; y, en el caso que nos ocupa, los EUA no fueron atacados, si no, los atacantes. Asimismo, si se siguiesen las mentiras de Trump, la tercera guerra mundial sería una posibilidad próxima.
Otro ejemplo lo tenemos con la torticera intervención de Pedro Sánchez, en la reciente campaña electoral de Castilla y León, ya que, tergiversó el contexto, y basó sus intervenciones en su actual posición del ‘no a la guerra’ de los EUA contra Irán; obviando las necesidades intrínsecas de los habitantes de la mencionada comunidad autonómica. Y esa manipulación, introduciendo un estado emocional, ajeno al momento y lugar, la practicó, asimismo, en la anterior campaña electoral catalana, con su teatral y falso retiro de 5 días en la Moncloa, para deliberar sobre su futuro (amenazado por diferentes denuncias a familiares por abuso de poder, entre otras causas) y, de ese modo, la campaña catalana del dúo Sánchez / Illa, versó en la defensa del primero, del jefe.
Estos días, también hemos visto la campaña electoral para la presidencia del F. C. Barcelona, en la que las diferentes instituciones y partidos, hicieron todo tipo de maniobras, para beneficiar al candidato Víctor Font, más dócil y formal, contra Joan Laporta, el independentista impenitente, irredento y desacomplejado contra los poderes estatales. Y, después de su aplastante victoria, las críticas se centran en los excesos emocionales de Laporta, sin contemplar sus virtudes y sus éxitos (y también sus fracasos).
En línea con lo expuesto, hoy hemos visto la película ‘El mago del Kremlin’, dirigida este año por Olivier Assayas, y en la que Jude Law interpreta magistralmente a Vladimir Putin. En esa película se refleja la situación política rusa de los años 90, en la que el populista artista y productor de televisión Vadim Baranov (*), acaba convirtiéndose en un asesor del director del KGB, Putin, en su ascenso al poder absoluto.
(*) el nombre real de este personaje es el de Vladislav Yúrievich Surkov, n. en 1962, y sigue vivo.
Pues bien, en esta película se refleja, precisamente, la creación de la ‘realidad social’ que más beneficia a Putin, para su ascenso y mantenimiento en el poder, hasta el extremo de eliminar a sus oponentes y críticos.
Así, vemos que esa ‘construcción’ no deja de ser un denominador común que, aplicado desde el poder, tiene unas connotaciones perversas, como podemos observar en mil detalles cotidianos, como, por ejemplo, que Salvador Illa (155) dé validez a su falso ‘pacto de país’ sobre la educación, y se niegue a negociar con la USTEC, el sindicato mayoritario catalán, en ese sector, justificando que no ‘negocia con huelguistas’. Y eso es una demostración de su prepotencia y seguidismo españolista, pues, por lo visto, ‘sólo negocia con sus afines’, cuando es sabido que, en todo conflicto, se ha de negociar con los enemigos y los opositores. Y otro ejemplo de ese nefasto personaje, lo tenemos en su constante propaganda institucional del ‘govern de tothom’ (el gobierno de todos), de todos los que son españolistas, claro; y, así, en el cine, hemos visto su propaganda manipuladora con las ventajas sociales que conseguirán con los 4760 millones de euros adicionales de ese año, dando por asumido que ERC apoyará sus presupuestos, y, en caso contrario, echándole toda la culpa, cuando la culpa siempre es del que gobierna, no de los otros; pero así construye la ‘realidad social’ que le conviene.
Y en esa misma línea manipuladora, vemos a Pedro Sánchez que, expresando oficialmente su oposición a la guerra, resulta que su gobierno es el décimo vendedor de armas del mundo (y la mayor empresa constructora de armamento es Navantia, 100% pública) y eso, además de inmoral y falto de toda ética, confirma la tesis de que la construcción social, es la que interesa imponer desde el poder.
Por todo eso, los independentistas catalanes deberíamos esforzarnos por unirnos ante toda esa farsa españolista, ya que éstos son, verdaderamente, nuestros ‘enemigos’.
Y si no lo hacemos, seremos culpables del mantenimiento del gobierno opresor, y traicionaremos a personajes insignes que, desde la victoria del dictador y asesino Franco, siguieron manteniendo sus reivindicaciones, con los riesgos y repercusiones que ello comportaba. Entre ellos, tuvimos al cantante y escritor Guillem Fullana i Hada d’Efak (Guillem d’Efak, mallorquín nacido en Guinea, el 30 de marzo de 1930, de un guardia colonial mallorquín y una princesa pamue, y fallecido el 15 de febrero de 1995 (*)), defensor de la lengua catalana, y que expresó (repitiendo unos versos de Vicent Andrés i Estellés, 1924 - 1993) ‘pido a Dios que el pueblo no tenga nunca más tiranos, y que nunca más hayan guerras ni luchas entre humanos y que si vuelve a haber una guerra, la ganemos los catalanes’, y, en otro poema, titulado ‘Siau qui sou’ (sed lo que sois), pedía la defensa de la mallorquinidad, de la catalanidad.
(*) falleció justo 5 días después que lo hiciera su amigo, el poeta y cantante alcoyano Ovidi Montllor i Mengual (1942 – 1995)
Pero no hace falta remontarse a tantas décadas atrás, pues el pasado sábado, en el 75 aniversario de la ‘Nit de santa Llúcia’ pudimos ver que el poeta mallorquín Carles Rabassa i Giménez, el ganador del premio Sant Jordi de novela, tuvo la valentía de expresar, ante todos los representantes institucionales, la defensa de la lengua catalana, acusando a los miedosos, súbditos y traidores que nos dejaron con el culo al aire, cuando los catalanes nos determinamos por defender la lengua y la cultura catalanas, diciendo, asimismos que:
‘(…) estamos aquí porque tenemos esta lengua, si no fuera por ella, seríamos otros cosas, pero ni así, ni aquí (…) sin lengua no hay país, ni libros, ni proyectos, ni canciones, ni estrategias ni nada. Sin el catalán nosotros no somos, el resto son mentiras y nuestros enemigos lo saben desde hace mucho tiempo (…) nuestra lengua está siendo víctima de continuados ataques desde la justicia, el parlament, el senado, en las calles, en la escuela y en los cafés (…) por eso censuró los discursos apocalípticos, las mentiras sobre el bilingüismo, y los pactos autonómicos por la lengua que no son la solución (…) siendo precisa una legislación que haga que el catalán sea imprescindible para vivir en los Països Catalans, y que esto los virreyes y los títeres que nos gobiernan, no harán nunca, esto solo podemos hacerlo posible nosotros si nos volvemos a determinar como hace nueve años, antes que los miedosos, súbditos y traidores que nos dejaron con el culo al aire’, y finalizó recordando el verso anteriormente citado: ‘si vuelve la guerra, que la ganemos los catalanes’.
(Adrià Asbert, elnacional.cat, 15 de marzo 2026)
En definitiva, los independentistas catalanes tenemos el objetivo, sabemos la estrategia, tenemos los maestros y guías, pero no nos ponemos de acuerdo con las tácticas, ya que preferimos ‘nadar y guardar la ropa’, y no queremos poner en peligro nuestro estatus quo y la ‘comodidad’ que nos aporta el ‘pan y circo’ que nos dan y, así, traicionamos a nuestros referentes, entre ellos, al mencionado Ovidi Montllor, que en su canción ‘Tot explota bé pel cap o per la pota’ (todo explota, bien por la cabeza o por la pata) (2208), nos dijo:
Ya no nos alimentan las migas,
ya queremos el pan entero.
Vuestra razón se va deshaciendo.
La nuestra es creciente.
Las migas vuelan al viento.
Dicen: si no te dan, toma.
No es de ladrones decir: Amén.
Cuando el sudor de lo que hacemos,
no lo seca lo que recibimos.
Mojando de oro al que nos la quita.
Es cuestión de saber claro
hasta cuando hemos de trabajar.
Por el sueldo que nos hacen ganar.
Entonces ya podremos juzgar
lo que quiere decir explotar.
Conscientes de la explotación,
No habrá más solución
Que aprovechar la ocasión.
Y aquello que se dice, con pasión.
Hacer valer nuestra razón,
Porque …
Ya no nos alimentan las migas,
ya queremos el pan entero.
Vuestra razón se va deshaciendo.
La nuestra es creciente.
Las migas vuelan al viento.
Si, a pesar de todo lo expuesto, seguimos siendo dóciles vasallos crédulos y obedientes de la realidad que crea el poder represor, y que, simultáneamente, esa realidad construida moldea nuestro comportamiento, no tendremos el perdón de nuestros nietos, a los que condenaremos a seguir con las migas.
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