Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona
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Ayer (30/03) Donald Trump expresó, nuevamente, su deseo de presentarse a un tercer mandato, a pesar de estar prohibido por la constitución de su país, y esto retrata a la perfección a este personaje, que sueña morir con la corona puesta; y sobre esta patología, va este escrito.
Hoy hace 70 días del nombramiento de Donald Trump, y esos días me parecen una eternidad, pues con esas 1679 horas, ha dado excesivas muestras de su desmesura, y todavía le quedan los cuatro años de mandato, como, para, encima, pensar en futuribles.
En una entrevista, Trump dijo que a pesar de que la constitución prohíbe un tercer mandato (enmienda 22 de la constitución), ‘no era ninguna broma (…) hay métodos para conseguirlo (…) mucha gente quiere que lo haga, pero yo les digo que todavía falta mucho, estamos empezando el mandato. Ahora estoy centrado en esto’. Y a la pregunta de si querría otro mandato, respondió: ‘me gusta trabajar, no es ninguna broma, pero es pronto para pensar y hay métodos para ello.
Le plantearon que una de las posibilidades que se baraja, es que su vicepresidente J. D. Vance se presente como candidato y él de número dos y, que una vez elegidos, el primero le ceda el cargo. Trump, respondió ‘ésta es una alternativa, pero hay otras’ (que no explicó)
Nada nuevo, es conocido el endiosamiento de determinados personajes. Vladímir Putin, ejerció el máximo poder dos mandatos presidenciales (de cuatro años, como establecía la constitución rusa en ese momento), es decir, del 2000 al 2008. Pero, acto seguido, dejó la presidencia a Dmitri Anatólievich Medvédev durante un mandato (2008 – 2012), y Putin tomó el cargo de primer ministro; y en este año 2012, Putin recuperó la presidencia, y hasta hoy día, pues, entre otras medidas, modificaron la duración de los mandatos (a seis años) y la posibilidad de repetir sin límites (y Medvédev pasó a ser primer ministro, del 2012 al 2020)
En aquel momento, hubo todo tipo de comentarios, corriendo, especialmente, el temor de que Medvédev durase pocos días como presidente, que un ‘accidente’ lo liquidaría o incapacitaría, pero no fue así, pues Putin tuvo la ‘paciencia’ de esperar los cuatro años, en los que ejerció las principales responsabilidades, ya que se adaptaron los reglamentos al respecto.
Ante esos abusos de poder, me parece interesante recordar que según el testimonio de Quintus Septimius Florens Tertullianus (Tertuliano, 160 -220), cuando un general o un hombre poderoso desfilaba victorioso por las calles de Roma, un siervo, designado por el senado, caminaba tras él, con una mano sostenía la corona de laurel sobre su cabeza, sin apoyarla ni soltarla, y, al mismo tiempo, recordándoles, con esta frase, las limitaciones de la naturaleza humana: ‘memento mori’ (recuerda que morirás)
‘Respice post te, Hominem te ese memento’ (mira tras de ti, recuerda que solo eres un hombre)
El senado romano obligaba a esta tradición para tratar de evitar la desmesura que provocaba el éxito y que posteriormente solía desembocar en abusos de poder.
Quintus Horacius Flaccus (Horacio, 65 a. C. – 8 a. C.) en su Oda 9, incorporó el concepto de ‘memento mori’ con el ‘carpe diem quan mínimum crédula postero’ (aprovecha cada día, no te fíes del mañana) y el ‘tempus fugit’, es decir, que la existencia es muy breve como para vivirla con miedo.
Pero es evidente que los mencionados personajes se consideran por encima del bien y del mal, y, claro, no tienen ni esa cultura.
Muchos coincidiremos que es ‘habitual’ que las personas que alcanzan la cumbre en cualquier ámbito: político, económico, deportivo, artístico, empresarial, etc., tengan un ego exagerado, una soberbia extrema, pues esas características son el combustible que acompaña y materializa su ambición.
El endiosamiento expresa la ‘suspensión o abstracción de los sentidos’, y, según el diccionario de la RAE: altivez extremada; y es un sinónimo de soberbia, envanecimiento, engreimiento, orgullo, altivez, petulancia, arrogancia, ensoberbecimiento.
Pero el problema no se centra en estos soberbios personajes, si no que, en muchos casos, se ha de dar, asimismo, la confluencia necesaria de los endiosadores, generalmente los mediocres interesados en ascender y progresar a la sombra del que adoptan como líder.
Endiosar: ensalzar a alguien como a un dios; ensoberbecerse alguien como si fuera un dios.
No conocía el verbo ‘ensoberbecer’, que, según el citado RAE, es ‘causar o excitar soberbia en alguien’; pero me parece que se ajusta a la perfección a los aduladores en los casos mencionados.
Y, obviamente, no hace falta irnos tan lejos, aquí también tenemos endiosados y endiosadores, todos de ‘kilómetro cero’, y los encontramos en todos los ámbitos de mayor o menor poder.
Incluso en el colectivo independentista tenemos a personas endiosadas y endiosadoras, estadísticamente es así. Y deberíamos señalarlos y apartarlos.
También es ‘curiosa’ la existencia de otro tipo de personalidades, como Anna Navarro Descals, conocida como Anna N. Schlegel (apellido de su marido), una empresaria catalana que alcanzó un gran éxito empresarial en California (en el año 2020, la revista Analytics Insight la consideró la mujer más influyente del mundo en tecnología; y el 2021, la más admirada por la revista CIO Look); y desde el 10 de junio del 2024 es diputada en el Parlament de Catalunya, tras haber sido incorporada a Junts, por Carles Puigdemont. Una incorporación que, inicialmente, tuvo un gran eco mediático, pero que rápidamente perdió fuerza, hasta pasar a ser una parlamentaria más (al menos desde mi desconocimiento); pero, con toda seguridad, esa señora debió ponderar los pros y contras de su decisión, y la nueva experiencia le debió compensar.
En definitiva, deberíamos ser conscientes que es preciso volver a los valores esenciales, y no dejarnos deslumbrar por milagrosos personajes; y, evidentemente, desconfiar de los abusadores que, como Putin y Trump, entre otros muchos, se aprovechan de todos los resortes de poder e incluso cambiando normativas, para perpetuarse, ya que lo único que les interesa es ‘satisfacer su narcisismo’.
Y lo grave es ver que ese fenómeno es propio de los seres humanos, y no aprenderemos, la historia nos muestra que personajes con esas patologías llegan al poder en los estados, partidos políticos, empresas, etc., tenemos muchísimos (demasiados) ejemplo.
Y me parece que son tanto o más peligrosos los endiosadores, los mediocres ensoberbecedores, que los endiosados.
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