02 de Abril de 2025
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DESDE CATALUÑA - Amadeo Palliser Cifuentes
El triunfo del ‘harum-scarum’
2025-04-01 - 20:56

 


 


Amadeo Palliser Cifuentes / Barcelona 


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La complejidad y la caoticidad actual nos dan la apariencia de que el momento presente es desquiciado, desordenado y, simplificadamente, culpabilizamos a personajes que consideramos tarambanas, atolondrados, que actúan a ‘tontas y locas’, es decir, según sus ‘harum-scarum’ (cicatrices específicas); pero no es así, es el retorno a la ley de la selva, cerrándose, de ese modo el ciclo civilizatorio, como intento explicar a continuación.


 


En primer lugar, me parece de interés recordar que hoy, 1 de abril, se cumplen 86 años del final de la guerra incivil, del sublevamiento militar del asesino y dictador Franco; ya que, en ese día del 1939, el sublevado firmó el último parte de guerra: ‘En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han conseguido las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha acabado’. Mostrando, así, la apropiación de la nación.


 


Y vemos que han pasado los 86 años mencionados, y seguimos teniendo personajes que defienden ese alzamiento contra la democracia, como hemos visto hoy, que el diputado balear, Sergio Rodríguez (del partido de extrema derecha Vox) ha rememorado en el parlamento el triunfo del bando franquista en la guerra civil del 1 de abril de 1939, diciendo: ‘hoy, primero de abril, les deseo un feliz día de la victoria’. Y ante las protestas de varios diputados, que han considerado que era un enaltecimiento del franquismo, el presidente del parlamento balear, Gabriel Le Senne (también de Vox) ha rechazado pedir a su compañero de grupo que retirase sus palabras, porque ‘sólo le han parecido una broma’ (según informa ElConfidencial, un diario digital conservador).


 


Efectivamente, en el ideario cabe todo, pues, atendiendo a diferentes escuelas de pensamiento: como el relativismo, el subjetivismo, la realidad líquida, la postmodernidad, la teoría del caos, la ley Campoamor, etc., todo es ‘defendible’. Pero no es así, ya que, en realidad, impera ‘la ley de la selva’.


 


La complejidad actual, en todos los ámbitos, nos debería exigir un mayor conocimiento e información objetiva y contrastada, casi especializada, para poder opinar; pero, en su caso, actuamos de forma primaria, dada la dificultad e imposibilidad de conocer los entresijos de todas las materias conflictivas (diversas y variables con una velocidad vertiginosa).


 


Y así, descalificamos o elogiamos, las decisiones diarias de Donald Trump; la sentencia dictada por el tribunal superior de justicia de Catalunya, absolviendo a Dani Alves; la sentencia del tribunal correccional de París, condenando a Marine Le Pen, líder de Reagrupament Nacional (RN), partido de extrema derecha francés; etc.


 


Y siempre decidimos y actuamos en función de nuestra propia ideología, aceptando o rechazando las decisiones que confirman o desmienten nuestras tesis y convicciones apriorísticas.


 


Si bien, generalmente, no nos tomamos el tiempo preciso para conocer los fundamentos y causas de esas acciones, pues:


 


Las medidas de Trump, se basan en su extremo interés proteccionista del comercio e industria de los EUA, y si eso le lleva a perjudicar a otros países, considerados, puntualmente, ‘como no afines’, tanto mejor. Es la ley de selva, la ley del más fuerte.


 


Respecto a la sentencia absolviendo a Dani Alves de la acusación de violación, el TSJC no ha encontrado evidencias objetivas para su condena, y, en ese caso, el tribunal ha aplicado el principio ‘in dubio pro reo’, es decir, que ante la duda de culpabilidad, el veredicto ha de ser favorable al reo; por lo tanto, no dijo que fuera inocente, si no, que no tenía pruebas suficientemente objetivas para condenarlo, como si lo hizo la audiencia de Barcelona, que consideró probada la agresión sexual.


 


Efectivamente, que la primera sentencia fuera condenatoria y la segunda absolutoria, confirma la mala imagen del poder judicial español. Asimismo, favorece el mensaje negativo contra las personas agraviadas, generalmente mujeres, dejándolas, aparentemente, desprotegidas ante el mensaje de que no vale la pena denunciar.


 


Lógicamente, esa sentencia ha causado un gran malestar social, pues confirma la sensación de que los poderosos siempre quedan impunes, ya sea por poder disponer de mejores abogados, o por malas artes. Y es comprensible que las organizaciones feministas expresen su disconformidad con esa sentencia, que podrá ser recurrida al tribunal supremo, pero ....


 


A mi me parece incomprensible que unos ‘profesionales’ del derecho, puedan tener criterios e interpretaciones tan contrapuestas; pero, claro, todo lo que se aparta de la ciencia y, especialmente, de las matemáticas, es interpretable e influenciable por las ideologías de los respectivos miembros de los tribunales.


 


En su momento, los ‘opinadores’ de turno (los todólogos o ‘tontólogos’ presumidos), estuvieron a favor de la primera sentencia; y ahora, se decantan a favor de la segunda y menosprecian la primera, con diferentes argumentos.


 


Es evidente que la presunción de inocencia es uno de los pilares de la justicia, y debe ser defendida a toda costa, nos guste o no.


 


Por todo eso, a mi modo de ver, el problema está en la escasa profesionalidad de determinados jueces de instrucción y de otros jueces, muchos de ellos con una ‘cultura’ machista, patriarcal, que ya de entrada criticaron la ley de ‘sólo sí es sí’; pero ese ya es otro tema.


 


Y estoy convencido que muchos jueces, en su mediocridad, toman sus decisiones, incluso de buena fe (y, por lo tanto, no prevarican); pero el poder judicial y la fiscalía general, deberían analizar la evolución de las decisiones de los miles de jueces, y actuar en consecuencia, reciclando o apartando a los que no están a la altura de las circunstancias o no quieren estarlo; pero ese también es otro tema, y, por lo que vemos, la cúspide del poder judicial está más centrada en hacer política, que en hacer justicia, y así nos va.


 


Respecto al tercer ejemplo mencionado, es decir, la condena de prisión (probablemente, dos años con brazalete electrónico, por no tener antecedentes) e inhabilitación a Marine Le Pen (entre otros miembros de su partido), por malversación de fondos de la UE, es también complejo, ya que la inhabilitación, ‘curiosamente’ es para ocupar futuros cargos políticos, pero, inconcebiblemente, puede seguir manteniendo su escaño en la Assemblea Nacional, igual que Louis Aliot, alcalde de Perpinyà, pero, en este caso, la sentencia es digna de estudio, ya su condena de 18 meses de prisión y 3 años de inhabilitación, además de una multa de 8000 euros, el juez ha determinado demorar la inhabilitación, para ‘preservar la libertad de los electores’, así, mantendrá la alcaldía, pero no se podrá presentar a la reelección en el 2026.


 


Sabemos que los tiempos de la justicia son muy lentos, tanto por la complejidad de los temas, como por la saturación en los diferentes organismos; pero que ahora, en el 2025, se sentencie la desviación de fondos entre los años 2004 y 2016, no es aceptable.


 


Asimismo, es sabido que la financiación irregular de los partidos políticos, incluso con las mismas prácticas que las utilizadas por Le Pen, ha sido y sigue siendo una práctica bastante oscura en casi todos los estados. Y no parece ‘lógico, ni ético’ que ahora, justo ahora, el foco se ponga en este partido. Pues si la justicia no es de carácter general, no es justicia.


 


Sabemos que, en España, esa misma ‘justicia’ ha mirado hacia otro lado, para no ver la corrupción de Juan Carlos I, entre otros escándalos. Al menos, en Francia, Nicolás Sarkozy y Jacques Chirac, fueron condenados, aunque tarde.


 


Y que ahora, que los sondeos dan buenas perspectivas electorales para Le Pen, cuanto menos parece inapropiada esa sentencia.


 


Es evidente que los jueces deberían ser ecuánimes y ajenos a los avatares políticos del momento.


 


Pero la realidad, como he dicho, es apercibida de acuerdo con la subjetividad de cada persona; y eso es así, tanto en las decisiones de Trump, como en la mencionada sentencia de Alves.


 


Pero incluso la teoría del caos no es aleatoria, es determinista, y los sistemas, aparentemente caóticos, no presentan ningún tipo de aleatoriedad; sólo hace falta recordar el ‘efecto mariposa’, y la complejidad que comporta todo tipo de estudio.


 


En el actual momento, vemos que predomina la ‘ley de la selva’, basada en ‘la ley del más fuerte’, y esto es llevar al extremo las ideas de la posmodernidad: individualismo, rechazo de las normas, rechazo de la verdad única, negación de la sociedad, oposición a la razón y a la lógica, etc.


 


Y ese individualismo salvaje, es el que triunfa, como vemos en diferentes órdenes de la sociedad; y así, finalmente resulta una desestabilización total, ya que, si bien el ‘pez grande se come al chico’, siempre hay otro más grande y fuerte. Y en ese circo, vemos que no hay ética ni moral, pues todos los principios son considerados relativos y subjetivos.


 


Pero Trump, Putin, Netanyahu, etc. consideran que ellos son los más fuertes, y que no hay nadie que les pueda imponer nada. Y también muchos altos jueces españoles, tienen ese mismo síndrome paranoico, pues llegan a pensar que defender el castellano y la unidad de su España, es lo ‘correcto’, mientras que la defensa del catalán y de Catalunya, es, cuanto menos, racismo o supremacistas.


 


Hay un refrán que dice que ‘la vida es como una balanza: cuando estés arriba, no dejes que se te suban los humos de grandeza; y cuando estés abajo, no dejes que te pisoteen ni te des por vencido’.


 


Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia e ideólogo de BRAIN (investigación cerebral a través del fomento de neurotecnologías innovadoras), para ‘desnudar el cerebro’, y defensor de los ‘neuroderechos’, en su libro ‘el cerebro, el teatro del mundo’ (Paidós, 2024), su primer libro de divulgación, apuntó: ‘el cerebro genera un modelo del mundo en nuestra mente, que es la realidad en la que vivimos o, más bien, en la que creemos que vivimos; además, utilizamos este modelo para calcular lo que va a ocurrir en el futuro y, con ello, diseñar y escoger comportamientos adecuados a nuestro entorno’.


 


Por todo lo expuesto, debemos procurar documentarnos bien, contrastar las informaciones que nos invaden, para que el modelo de mundo que generamos sea lo más fiel a la realidad (si existe), así, sobre una base ‘objetiva’, diseñaremos el futuro más adecuado y pertinente. Y esto es válido para todo y, claro, también para nuestro movimiento independentista catalán.


 


 


amadeopalliser@gmail.com


 


 


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